Saurom
21 de marzo de 2025
Movistar Arena (Madrid)
Organiza: Leyendas del Rock
Texto: Dr. Reifstein Fotos: Nando Parra
El universo de El Principito es vasto, emotivo y lleno de matices filosóficos, y si hay una banda capaz de trasladarlo a un escenario con el cariño y la épica que merece, esos son nuestros gaditanos favoritos, Saurom. La cita en el Wizin… estooo, en el Movistar Arena (broma también realizada por Migue durante el show), apuntaba a noche mágica desde el mismísimo instante en el que se anunció hace ya 9 meses, y la expectación era máxima.
Antes de entrar en materia, tan solo un breve apunte muy personal, y es que este humilde colaborador que os va a dar sus impresiones es un seguidor de la banda desde aquellos inicios como Saurom Lamderth, siendo un orgulloso poseedor de un ejemplar, comprado al poco de salir, de aquel Sombras del Este del 2002, con el que tuve la suerte de descubrirles.
23 años después, no tengo dudas de que, al igual que yo, aquellos que vimos sus comienzos sentimos una felicidad inmensa por el exitazo del viernes. Es un privilegio haberles visto crecer a base de trabajo, tesón, coraje, humildad e infinita simpatía. Son especiales, y a pesar de ser ya de los grandes (en realidad siempre lo fueron, ya sea metiendo 10 u 8.000 asistentes), eso no les ha cambiado un ápice. Así que de entrada, gracias Narci, Antonio, Joselito, Migue, Raúl, Santi… gracias por vuestra música y gracias por vuestro cariño, hasta con medios pequeños como el nuestro (ojo, pequeños, pero matones).
¿Hay alguna pega que poner? Solo una, que diremos de inicio, y es que El Principito nos parece una obra tan apabullante, rotunda, y magnífica (pronto os ofreceremos nuestra reseña), que el solo disfrutar de 5 temas a lo largo de un repertorio de 3 horas nos supo a poco… a fin de cuentas era la gira de presentación del disco. Eso sí, es cierto que Raúl ya nos lo anticipó en la entrevista que nos concedió unos días antes, cuando comentó que no tenían planeado tocar el disco al completo. A mi personalmente me faltó “El Farolero”, pero seguro que si hacemos una encuesta, no habría unanimidad… de hecho mañana pensaré que me faltó otra… ”Un Segundo”, por ejemplo.
Eso sí, en lo que consideramos una maniobra inteligente, todos los temas que cayeron de El Principito fueron lanzados en forma de anticipo con suficiente antelación, lo que hizo que pudiéramos disfrutarlos aún más si cabe del concierto. Con esto dicho, podemos decir que la banda gaditana transformó la noche del viernes en un auténtico cuento musical, donde la fantasía, la nostalgia y la energía trovadora se dieron la mano en un espectáculo inolvidable. Pero ese cuento no fue El Principito, sino la igualmente maravillosa historia de Saurom… y es que menudo setlist, señores/as. Todo un recorrido de ensueño a lo largo de su extensa carrera, con un número de sorpresas en forma de temas que hacía tiempo que no se veían en directo, enriquecidos en muchos casos con los invitados de lujo y los apabullantes medios con los que contó el show.
Entrando en materia, muy puntualmente se apagaron las luces del Movistar Arena, y comenzó a sonar el “Prólogo” de El Principito a modo de introducción, acompañado por bellas imágenes y referencias visuales al universo de Saint-Exupéry, con esa rosa omnipresente y el título de la obra que venían a presentar. Poco a poco, el escenario fue inundándose de magia en forma de elementos escénicos con zancudos, bailarinas, los coros…se venía algo grande, y aunque yo personalmente esperaba que abrieran fuego con la canción homónima, el tema que fue elegido para dar comienzo fue “El Mordisco de la Serpiente”, desatando el clamor de un público entregado desde el minuto -100. Muy adecuada elección en lo musical, por su intensidad y contundencia, ya que permitía exhibir desde el minuto cero todo el poderío escénico que Saurom tenía preparado para la noche…¡bien jugado!

Desde el primer acorde, Saurom dejó claro que este no sería un concierto cualquiera. La puesta en escena con los dos grupos de coristas (El Batallón de Mordor y el Coro Infantil Mushi) como elemento central, y la presencia de la fabulosa Elizabeth Amoedo, que fue una hermosa rosa roja que rivalizaba con la que veíamos en pantalla (ella también es única por que la amamos). Además, estuvo muy bien acompañada por los excelentes gaiteros y gaiteras de Wyrdamur y Ex Ventus. Todos ellos aportaron color y alegría en la parte instrumental, hacia el final del tema. En fin, toda una declaración de intenciones para lo que estaba por llegar.
Enlazan rápidamente con “Irae Dei”, un tema poco explorado en los últimos años, y en el que volvieron a sacar petróleo de los amigos/as de El Batallón de Mordor al calor de una pirotecnia, presente en muchos momentos del concierto, que contribuyó a dar espectacularidad. Espectacular fue también oír los primeros compases de “Nostradamus”. Fue toda una concesión al pasado, al ser un tema que, hasta donde recordamos, no suele aparecer en los setlist de la banda. Aunque rememorando un poco, también pudimos escucharlo hace dos años en La Riviera, y en el entrañable concierto celebrado en el Real Teatro de Las Cortes en San Fernando, en conmemoración de su vigésimo aniversario.
Estaba claro que el disponer de un grandioso coro en el escenario iba a engrandecer el show, pero había más ilustres invitados para dar brillo y esplendor a la noche. De este modo, aparecieron sobre el escenario Isra Ramos y Ramón Lage, dos de los mejores vocalistas que ha dado el suelo patrio (que nos perdone Isra si en algún momento de esta crítica se nota que esta redacción siempre ha tenido un cariño muy especial hacia Ramón). Y como broche de oro, otra vez Elizabeth Amoedo inundando el escenario con su talento.
A continuación, “La hija de las estrellas” se materializó en el Movistar Arena ante el delirio del respetable, que arropó a la banda con máxima entrega. Y llegó el momento de “Baobabs”, uno de los temas “grandes” de El Principito. No hizo falta nada más en el escenario que los seis “Juglares Sauromitas” para que sonara de escándalo. Quedó claro que “Baobabs” ha llegado al setlist de la banda para quedarse, por derecho propio.

En este punto, un comentario general sobre el sonido que emanó de las torres de sonido a lo largo de las 3 horas de show: espectacular, y más teniendo en cuenta la dificultad para sonorizar tantos elementos. Recordemos que no hablamos de una banda de 3 músicos, y ya. Habrá quien diga que quizás estaba un pelín bajo, pero personalmente creo que el volumen elegido fue el adecuado (otros grupos tienen la manía de dejarnos sordos). Quizás la única pega que se le puede sacar es que, en un momento en que me vi obligado a acudir a una barra en uno de los lado del recinto en busca de la necesaria “anti-hidratación”, si que noté que era un punto en el que no se escuchaba demasiado bien.
Vuelve Isra para acompañar a la banda en su clásica “La Leyenda de Gambrinus”. El temazo estuvo acompañado por unas simpáticas proyecciones en blanco y negro, como si de una tele “retro” se tratara… todo un canto a la nostalgia. Estábamos en una sección de clásicos “obligados”, ya que a continuación vino “Músico de Calle”, acompañada por una nota Sol multicolor en la pantalla. Lógicamente, la escenografía era circense y trovadora, con los juglares llevando pañuelos con colores a juego con la nota. Podría parecer un detalle insignificante, pero es la forma de explicaros lo milimétricamente estudiado que estaba todo el espectáculo, lo cual es sin duda de aplaudir.
El escenario se volvió a inundar de folk al amparo de los excelentes músicos de Wyrdamur durante “La Batalla con los Cueros de Vino”, que terminó con una explosión de pirotecnia. Entonces, se hizo el silencio (aunque duró poco). Y es que los primeros acordes en acústico de “No Seré Yo” marcaron uno de los puntos álgidos de la noche. Lógicamente, ahí estaba “Isramón”, para darle luz y fuerza y para dejarse arropar por 8.000 voces al unísono, dando su sangre para darte a ti la vida… ¡magia! (y un Ramón Lage desatado que no paraba de moverse como solo él sabe hacerlo… ¡está en plena forma!).
Necesaria bajada de revoluciones con “El Hada & la Luna”. La escenografía fue sencilla pero muy efectiva, gracias a la aparición en el escenario de dos bailarinas aladas en plan “selenita”. En conjunción con la sencilla proyección de una ventana a través de la cual iba pasando la luna y la magia del tema, se creó un ambiente único y evocador. Aunque aquí el puto amo fue Migue, que la cantó como si fuera su última misión en la tierra.

Y desde la tierra subimos a un asteroide para, por fin, escuchar el tema homónimo de “El principito” (no pienso decir que también es mi favorita, o perderé toda mi credibilidad). Fabulosa en directo, no necesitó de más soporte que los protagonistas de la noche. Con ella “surcamos los cielos por el universo”. Eso sí, aquí los coros que sonaron eran pregrabados, lo que no dejó de llamarme la atención.
“Mejor sin ti” fue iniciada por Migue, siendo muy rápidamente coreada por todo el respetable (sobresaliente alto también para el público, entregadísimo durante todo el show). En cuanto a la canción en sí, yo creo que cada vez que suena, a la mayoría de oyentes se nos pasan uno dos nombres por la cabeza. Aportó el desenfado y el cachondeo habitual (por algo la han mantenido en el repertorio), potenciado por el “juglar calavera” que salió a interaccionar con el respetable.
Y de nuevo, “La Reina de mis Sueños”, es decir, Elizabeth, que salió a cantar junto a Migué. Otro tema sorpresa, y es que si no nos equivocamos, ha sido raramente incluida en los setlist de la banda. Quizás por eso aquí la respuesta del público fue un poco más moderada. A continuación “Soñando Contigo”, más reciente en la memoria de los presentes, puso al público a cantar y disfrutar (que grandioso tema y que atmosfera crea, por cierto). Eso sí, se notaba que estábamos en una parte relajada del set, ya que la siguiente fue la celebrada “Cuando Nadie Nos Ve”, un tema que desde luego no necesita presentación. Con él se puso punto y final a la primera parte del concierto, tras una hora y cuarto de actuación.

El descanso fue breve, acompañado por una intro pregrabada, y proyecciones basadas en su anterior “El Pájaro Fantasma”. Estaba claro lo que se venía, en forma de tema homónimo. Por suerte, Elizabeth regresó para interpretar sus secciones con la misma o más brillantez que en el disco de estudio. Se notaba que veníamos de un descanso, por que aquí volvieron a poner toda la carne en el asador en forma de coros, la gran Jezabel Martínez al violín, y la correspondiente sección de gaitas.
Ramón Lage vuelve al escenario para cantar con Migue “El Laberinto de los Secretos”, otra de las sorpresas de la noche y que sin duda le viene como anillo al dedo. Seguimos con territorios inexplorados con la interpretación de “Burlesque”, otro tema de El Pájaro Fantasma del que pensamos que era la primera vez que lo llevaban al directo. Sin aditivos sobre el escenario, más allá título del tema en la pantalla en plan neón… sencillo pero efectista, y canción bien acogida.
Tocaba volver a presumir de invitados de lujo, siendo esta vez uno de los mejores músicos de nuestro país, el genio creador Joaquín Padilla. Cantó “Vida” entre sonrisas y plena complicidad con Migue, quien por cierto dio un bello discurso para presentar el tema, centrado en el significado de las canciones y en no hacer temas “vacíos”. Sin duda muy oportuno, dada la emotiva temática del tema, compuesto por Narci, y que es sin duda un mensaje de cariño y esperanza… momentazo.

Era el momento de volver a abrir las páginas de El Principito, y después de “Vida” no había mejor lógica que regalarnos la interpretación de “Todo en MI vida”, con un Migue que se dejó la vida (vocal) en el tema. Por volver a dejarlo claro, su actuación fue de 10 a lo largo de las 3 horas de concierto.
Y de la novedad al pasado, con la habitual “El Monte de las Ánimas” en todo su esplendor. Eso sí, antes la banda gozó de un breve parón de unos minutos mientras una intro con ruido ambiental de lluvia (¡como si no hubiéramos tenido suficiente agua en Madrid las semanas previas!) dejaba claro lo que se venía. Estribillo ampliamente coreado, y cierre final con la consabida pirotecnia.
Pero no parecía estar en los planes de la banda darle un respiro a su entregado público. Muy rápidamente, los primeros compases de “La Llorona” pusieron al Movistar Arena patas arriba. El tema contó con el acompañamiento de un mariachi, trompeta en ristre, que aporto la sonoridad necesaria para darle a esta increíble versión el necesario aire folklórico y emotivo, similar al sonido característico de las rancheras. También nos encantó el detalle de Santi poniéndose un sombrero mexicano. Todo un guiño para nuestros hermanos del otro lado del charco.
Continúa el chorreo de clásicos obligados…Isra retorna para engrandecer con su voz única “El Lazarillo de Tormes”. Siguieron con “La Musa y el Espíritu”, y a continuación Migue nos brindó un pequeño discurso de agradecimiento al público, con su habitual simpatía y humildad. Mientras, El Batallón de Mordor (quienes ya se quedarían hasta el final), Wyrdamur y Ex Ventus volvían a colapsar el escenario (fácilmente había más de 35 personas sobre la tarima) para atacar con “Cambia el Mundo”. Migue pidió la colaboración del respetable (el tema lógicamente se presta a ello). A pesar de las más de dos horas de concierto, creo que no pudo tener queja de la entrega de público.

Encarábamos el tramo final del concierto. “El Carnaval del Diablo” arrancó con pirotecnia, Migue portando una ostentosa y demoniaca máscara, y el escenario inundado con un auténtico carnaval circense. La noche aún nos reservaba un par de sorpresas, y es que El Principito volvió a hacer acto de aparición con “El Rey que no Sabía Mandar”, momento en el que el Movistar Arena se inundó de globos de colores, algunos de los cuales llegarían prácticamente hasta el final del show.
A continuación y añadiendo el comentario de “Si veo un agujero negro, me alegro”, Migue pidió al público que formara un círculo, en lo que lo que fue la antesala de la festiva y celebrada “El Círculo Juglar”. Siguiendo en la temática, se sacaron de la chistera del pasado “Historias del Juglar II”, última sorpresa de la noche antes de rematar con el habitual triplete formado por “Fuego”, “Noche de Halloween” y “La Taberna” (no necesitan más presentación).
Como no podía ser de otra manera, el cierre fue superlativo, con TODOS los artistas invitados de vuelta convirtiendo el escenario en una fiesta (aprovecharon la prolongación frontal para acercarse más al público y saludar, todo un detalle) entre el confetti y la pirotecnia omnipresente durante el último tema.
Ya solo quedaba despedirse, y desde luego las caras de los 6 magníficos en el escenario mientras saludaban al público (se pasaron un buen rato) y se despedían daban plena constancia de la magnitud del acontecimiento musical que tuvimos la suerte de presenciar. Sin duda, la noche del viernes fue un hito en su trayectoria. Quedó claro que ese algo que les hace especiales, además de la calidad de su propuesta musical y su simpatía, es la meticulosidad con la que preparan cada espectáculo para que sea una experiencia única. Y por supuesto, el buen rollo que transmiten, responsable final de la extraordinaria conexión que tienen con su público…”Y ninguna persona mayor comprenderá jamás que esto tenga tanta importancia”. ¡¡Gracias Saurom!!

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