Lecturas rockeras: «Cuando me vaya volveré» de Jon Andión

Cuando me vaya volveré

Autor: Jon Andión

Editorial: Huelga y Fierro

Año de publicación: 2025 

 

Jon Andión lleva unos años siendo una de las voces más interesantes de la poesía en castellano. Traducido al italiano y con repercusión en Latinoamérica (con varios libros publicados directamente en Costa Rica), tenía ganas de leer su última obra. Mi sorpresa (me voy a permitir el malérrimo chiste: fue una «sorprosa») vino al descubrir que «Cuando me vaya volveré» no es un poemario. Es un libro de relatos cortos, con mucha poesía, pero prosa al fin y al cabo.

 

En la contraportada de esta preciosa y cuidada edición figuran los halagos a la obra de autores de la talla de Rafael Soler («una formidable colección de relatos, con personajes y tramas imborrables») e Inma Chacón («un soberbio ejercicio de reflexión sobre la condición humana y el camino que discurre entre la vida y la muerte»). Y no es para menos.

 

El libro se articula en torno a trece relatos independientes, que en realidad son catorce. En efecto, fuerza el autor romper la cifra de la mala suerte incluyendo un relato en blanco, con el genial título «La vez que fui a verte pero no estabas». Así que son «casi» catorce historias. El libro es breve en extension, apenas supera las cien páginas. Puede uno leerlo en una tarde, o tardar toda una vida en descifrar lo que se oculta tras sus múltiples capas, relectura tras relectura. Es increíble el dominio de la palabra, el amor por la palabra justa, que hay aquí.

 

No sería buena idea, pensando en quien quiera leer «Cuando me vaya volveré», desvelar el contenido de estas historias, que además permiten muchas interpretaciones personales por esa carga poética que supuran. Voy a destacar sólo dos. Una, por ser el primer relato del libro, y la otra, por su temática musical.

 

Este libro tiene una fuerte carga de realismo mágico, y nos lo deja bien claro desde el principio con «Sepulturero». Como puede intuirse, el protagonista es un enterrador. Al igual que le sucede al de la canción «The Undertaker» de Accept, podríamos aplicar a Ildefonso aquello de «he’s no remorse, just sympathy» o «clients many, friends not one». La particularidad de este enterrador es que las tumbas que cava tienen diseños, muy apreciados por los familiares de los difuntos. Agujeros con forma de constelaciones, barcos o animales fantásticos que, lógicamente, pierden su forma al introducirse en ellos los ataúdes y ser recubiertos por tierra. Y así arranca el libro, con toda una declaración de intenciones. Las peripecias de Ildefonso condensan la belleza de la vida y su futilidad en apenas unas páginas.

 

Hay mucha música en «Cuando me vaya volveré». Hay rock y hay blues en muchos de sus personajes. Jon Andión, además de poeta, es músico e hijo de músico (su padre fue el cantautor Patxi Andión), y lo hace notar. Sin embargo, el relato específicamente dedicado (en apariencia, al menos) a la música tiene que ver con una orquesta sinfónica. «El clásico desconcierto» nos cuenta cómo, debido a la impericia de un músico, que no sabía nada de smemfatine, es destruida la última smemfatina.

 

No nos queda claro qué clase de instrumento (intuimos que de viento) era esta smemfatina pero, con un gran sentido del humor, nos transmite Jon Andión el alcance de esta tragedia. Cuenta este relato que los contrabajos vigilaron en su gravedad el suceso, y es inevitable traer a colación la obra de Süskind: hablar de este surrealista instrumento sólo le sirve a Jon Andión de excusa para reflexionar sobre cuestiones mucho más trascendentes.

 

No creo que deba desvelar más. Aunque destripara el aparente contenido de los relatos, no podría estar transmitiendo todo lo que realmente esconden. Sólo me queda insistir en que vale, y mucho, la pena acercarse a esta pequeña gran obra.

 


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