Kim Dracula llena Razzmatazz de grotesca teatralidad y un collage sonoro extremo

Kim Dracula + Vowws

Sala Razzmatazz 2, Barcelona

27 de enero de 2026

Por Irene Kilmister

 

La pasada noche de martes, Barcelona no asistió a un concierto: presenció un suceso. Kim Dracula transformó Razzmatazz 2 en un espacio liminal donde el metal, el caos digital y la performance se fundieron en algo tan incómodo como magnético. Desde el primer segundo quedó claro que aquí no se venía a “tocar canciones”, sino a desestabilizar expectativas.

 

La entrada fue toda una declaración de que este no iba a ser un show convencional. Kim Dracula no apareció desde el backstage, sino atravesando la sala entre el público, cubierto por una capa oscura, avanzando lentamente como una entidad escapada de un mal sueño colectivo. Un gesto que recuerda a lo que hacen Parkway Drive, sí, pero aquí con un tono mucho más ritualista y misterioso, casi sectario. Cuando alcanzó el escenario y cayó la capa, el hechizo ya estaba lanzado, las primeras filas comenzaron a gritar y el show estaba servido.

 

 

El set fue un collage esquizofrénico perfectamente calculado. Tras la intro, con los músicos sobre el escenario, piezas como “Land of the Sun», «My Confession”, “Romance is Dead» (cover de Parkway Drive) o «The Bard’s Last Note” (cover de Ricky Desktop) marcaron el tono: cambios de registro constantes, breaks abruptos y una sensación de peligro permanente. Temas como “Superhero”, “1-800-Close-Ur-Eyes” o “Industry Secrets” sonaron como bombas de estímulo, mientras que híbridos imposibles como “Paparazzi» de Lady Gaga, pero con un claro sonido Dracula, «Seventy Thorns” o «Say Please!», que acababa con una clara muestra de que en el metal también puede sonar jazz, demostraron que Kim Dracula no entiende la música como género, sino como territorio en disputa, donde todo cabe y todo vale, ya sea metal, core, funk, electrónica o jazz.

 

 

Momentos como “Even Flow» de Pearl Jam, “Careless Whisper» (de George Michael) o «Rosé” aportaron un extraño respiro melódico antes de volver a sumergir al público en el delirio. El encore con “In Threes” y “Killdozer” fue el golpe final: agresivo, catártico y sin concesiones. Kim Dracula no busca agradar; busca impactar, y anoche lo consiguió con creces.

 

VOWWS: elegancia oscura y tensión cinematográfica

 

Antes de que el caos se apoderara de la sala, VOWWS fueron los encargados de abrir la noche, y lo hicieron con una propuesta radicalmente distinta pero perfectamente complementaria. El dúo desplegó un directo hipnótico, minimalista y cargado de tensión, donde cada rasgueo de guitarra y cada línea vocal parecían medidos al milímetro.

 

Su sonido, a medio camino entre el post-punk, el industrial y el darkwave, envolvió la sala en una atmósfera densa y elegante. No hubo gestos grandilocuentes ni discursos innecesarios: VOWWS convencen desde la contención, desde esa sensación de amenaza latente que nunca termina de estallar. La voz grave y ceremonial, sumada a bases mecánicas y guitarras espectrales, funcionó como una banda sonora para un film nocturno y decadente.

 

VOWWS lograron captar la atención de un público que, poco a poco, fue entrando en su universo sombrío. Su set sirvió como preparación emocional, bajando las pulsaciones para luego lanzarlas al vacío con Kim Dracula.

 

 

 


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