God is an Astronaut viajan por el espacio del post-rock en Barcelona

GOD IS AN ASTRONAUT + JO QUAIL

11 de Octubre de 2025 – Sala Razzmatazz 2

Bring the noise

Redacción por Oriol Torras.
Fotografías por Irene Kilmister.

 

Jo Quail – Explorando los límites del cello

 

El evento comenzó con un ligero retraso, pero con la sala casi llena. En el escenario estaba todo preparado para God is an Astronaut, aunque un pequeño soporte ubicado en el centro indicaba el lugar donde se colocaría el cello de Jo Quail, la artista inglesa que en los últimos años ha colaborado activamente con la banda, tanto en álbumes como en sus giras.

 

Jo Quail apareció por primera vez en un escenario de Barcelona con su cello eléctrico, un instrumento de forma muy peculiar, casi como una escultura de arte moderno. Abrió su concierto con la pieza “Butterfly Dance”, de su último disco, que, con la ayuda de loops, fue tejiendo capas de sonido y melodía, añadiendo distorsión hasta llegar a parecer que tocaba una guitarra eléctrica.

 

A continuación, nos deleitó con “Embrace”, inspirada —según explicó— en la idea de que todos estamos conectados por una tela de araña invisible. En esta ocasión, los loops fueron ganando cuerpo hasta llenar por completo la sala, creando una atmósfera envolvente que transportaba a mundos distantes. La intensidad de la pieza hizo vibrar al público, que respondió con un largo aplauso. Sorprendida, la artista nos pidió entre risas que la acompañáramos durante el resto del tour.

 

El concierto terminó con “Forge”, en la que empleó varios loops a distintos intervalos, utilizando el cello como batería, guitarra y buscando todos los sonidos que el instrumento le podía ofrecer. Destacó el final espectacular del tema, con un juego de luces y movimientos casi de guitar hero. Fueron apenas quince o veinte minutos de actuación, pero de una gran intensidad, que sirvieron como preludio perfecto de lo que la noche aún tenía preparado.

 

 

God is an Astronaut desata un universo de sonidos, texturas y emociones

 

La concentración en el ambiente era palpable. Instantes antes del inicio, Torsten Kinsella afinaba meticulosamente los niveles de sus tres pedaleras y de sus guitarras. Una vez situados en sus posiciones, los músicos iniciaron un lento y delicado viaje con “Falling Leaves”, tema de su último álbum, Embers. El recientemente incorporado Anxo Silveira tomó un tambor de mar, mientras el bajista Niels Kinsella utilizaba un arco para generar sonidos sintéticos con un equipo electrónico que recordaba a un theremin. La banda fue incrementando la intensidad del tema hasta un final contundente y heavy, acompañado por un juego de luces casi estroboscópico.

 

El concierto continuó con “Epitaph”, en la que un sinuoso solo de guitarra se entrelazaba con la percusión suave de Silveira, que utilizó escobillas para aportar mayor sensibilidad. En este tema, Torsten Kinsella añadió su voz dulce y aguda, dando una atmósfera distinta al sonido del grupo.

 

 

En conmemoración del vigésimo aniversario del álbum All Is Violent, All Is Bright, la banda interpretó el tema homónimo, con un inicio lánguido y melancólico que fue ganando energía hasta estallar en un final apoteósico.

 

Volvieron a Embers con “Apparition”, una pieza de tempo pausado en la que los slides de la guitarra de Torsten Kinsella evocaban la sensación de emerger de un sueño. En uno de los momentos más intensos del concierto, los hermanos Kinsella cedieron el protagonismo a Anxo Silveira, que con golpes potentes y precisos hizo vibrar la sala.

 

Con “Seance Room”, la banda bajó las revoluciones y se adentró en terrenos más ambientales. Torsten utilizó la técnica de loops para envolver el tema en capas y matices, construyendo una composición que, pese a su diversidad estilística, se mantenía unida por una melodía coherente y envolvente. El delicado inicio de “Odyssey” erizó la piel del público antes de liberar toda su energía en una descarga rítmica irresistible.

 

 

La noche continuó con “Suicide by Star” y “Frozen Twilight”, en las que Torsten volvió a usar la voz con notas sostenidas y reverb, otorgando un tono etéreo a las melodías que el trío ejecutó con precisión y concentración.

 

Jo Quail se unió a la banda para un final intenso y bello

 

A medida que se acercaba el final del concierto, la banda invitó a Jo Quail a unirse para interpretar “Fragile”, tema que Torsten explicó que era el favorito de su padre, fallecido hace diez años, dotando al momento de una carga emocional especial. La cellista permaneció en el escenario hasta el cierre del show, colaborando en “Oscillation” y “Embers”, ambas de su último álbum de estudio. En estas piezas, los músicos se alternaron el protagonismo, pero siempre manteniendo un sonido compacto y expansivo que llenó todo el espacio.

 

La banda irlandesa se despidió con “From Dust to the Beyond”, dedicada a Lloyd Hanney, el baterista que los acompañó durante más de veinte años. Un cierre emotivo para una noche que fue una auténtica montaña rusa de emociones, donde God is an Astronaut pintaron con su sonido un delicioso lienzo que quedará grabado en la memoria de todos los presentes.

 


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