Electric Callboy desatan la locura en Barcelona

Electric Callboy + Bury Tomorrow + Wargasm

Sant Jordi Club, Barcelona

22 de Enero de 2026

Fotografías: Irene Kilmister.

Redacción: Marc Fernandez

 

Con una propuesta descarada e innovadora a partes iguales, Electric Callboy han terminado por ganarse a pulso un puesto en el olimpo de las bandas que mejor propuesta tienen en vivo a día de hoy, ganándose a pulso un puesto en lo más alto de los carteles de los festivales. Su primera cita en un recinto grande en la ciudad condal se me antojaba algo así como una prueba de fuego, y como era de esperar, los germanos cumplieron con creces.

 

Wargasm como aperitivo (por Irene Kilmister)

 

Warsgarm demostraron en Barcelona que ser teloneros no es sinónimo de pasar desapercibidos, sino de prender la mecha antes de la explosión principal. Con un directo compacto, agresivo y bien engrasado, la banda se ganó al público a base de riffs afilados, actitud y cero tiempo para el relleno. Abrieron para Electric Callboy, pero por momentos pareció que estaban audicionando para robarles parte del show… y casi lo consiguen. Un arranque feroz para una noche diseñada para el sudor y el descontrol.

 

El foco se lo llevó especialmente la cantante y bajista Milkie Way, puro descaro escénico y dominio absoluto del escenario, moviéndose con naturalidad entre groove y agresividad. Al bajo marcó territorio con firmeza, y a la voz impuso carácter, presencia y una actitud que no admite dudas. Mirada desafiante, gestos seguros y conexión directa con el público: sabe que el escenario es suyo y lo ejerce. Un liderazgo magnético que terminó de convertir el set de Warsgarm en algo más que una simple apertura.

 

 

Bury Tomorrow, descarga de metalcore

 

Cuando se es un poco Paco como yo, suele decirse que el metalcore suena todo igual, y aunque es una acusación que realmente puede transportarse a cualquier subgénero, si una receta funciona, ¿para qué cambiarlo? Sobre las tablas Bury Tomorrow funcionaron con la celeridad de una apisonadora, resonando a la perfección con un público joven y con ganas de desmadrarse.

 

Para cuándo comenzó la recta final de la mano de “Black Flame”, Bury Tomorrow ya se había metido al público de las dilatas y los tatuajes en el bolsillo con su energía y el carisma de su cantante. Quiero pensar que un concierto de este tamaño les servirá de trampolín y les abrirá el circuito de grandes salas en nuestro país,  pues sin duda tienen la madera de esos grupos destinados a lo más alto.

 

Los últimos coletazos de “Abandon Us” terminaron de poner el Sant Jordi patas arriba con pogos y saltos enérgicos, sin duda auspiciados por sustancias traídas por el inexistente Cartel de los Soles, culminando un show que sin duda dará mucho que hablar.

 

 

Electric Callboy

 

Con la sala casi a reventar y un curioso mix de Hardstyle y Metalcore sonando por las PAs, un público compuesto por una cantidad sorprendente de profesores de aerobic de los ‘80 se apiñaba impaciente hacia las primeras filas. Al griterío que le siguió al apagón de las luces le acompañó una táctica inserción de batones de luz por parte del crew a las primeras filas. La fiesta estaba lista.

 

Nico y Kevin, ensotanados con su mejor cosplay de Darth Sidious, no tardaron ni un segundo en ponerlo todo patas arriba con la impía combinación de pirotecnia y pura adrenalina que fue “TANZNEID”, a la que le siguió  su particular versión de “Still Waiting” a la que acompañó una avalancha de confetti rojo.

 

 

Un inmenso tren invadió la pantalla trasera para encarar “Tekkno Train”, pese al altísimo riesgo de descarrilamiento de esta última semana. Por suerte este apabullante tren llamado Ellectric Callboy no solo se mantuvo en sus raíles, sino que siguió avanzando a toda máquina al ritmo de “Hypa Hypa”, en la que un robot bailongo se encargó de animar al personal.

 

La banda pidió al respetable que dejara sus teléfonos para darlo en todo en “MC Thunder”, que aunque sea el peor enemigo del Rayo McQueen, es el mejor amigo del que tiene ganas de marcha un jueves por la noche.

 

El grupo sabe cómo meterse al público en el bolsillo, ya sea por su atrapante producción o por el carisma que desprenden sobre las tablas, ayudado por supuesto de sus míticos disfraces ochenteros y unas pelucas que serían la envidia de todo el reparto de Pulseres Vermelles.

 

 

Un breve strip tease precedió a la enérgica “Pump It”, el himno de tu amigo el gymbro que no ha superado a su ex, con un clímax con más fuego que tus cuádriceps el día que toca búlgaras. La banda dejó de lado el set up de metal un momento para convertir el Sant Jordi en una noche en Ibiza, tocando un medley que incluyó “Hurrikan”, “Overkill” y hasta unas curiosas versiones de “Basket Case” y “Bodies”.

 

Tras un cambio de vestuario a un atuendo más fúnebre, el show siguió con su ritmo implacable de la mano de “Revery”. El Sant Jordi se inundó de palmadas al ritmo de “Hate/Love”, regresando a la caña más metalera de la mano de “Mindreader”.

 

Hubo tiempo para un segundo medley un solo de batería con sabor a dubstep para que el resto de la banda pudiera coger aire en el ecuador de un concierto tan enérgico en el que bascular las energías es un gesto de lo más inteligente.

 

 

Un set acústico se materializó en medio de la pista, y tras una segunda petición de que el público se meta los móviles por dónde termina la espalda, tocaron la íntima “Fuckboi” y la primera mitad de su versión de “Every Time We Touch”, pese a que terminó por todo lo alto con toda la banda sobre las tablas.

 

Hubo un retorno al inicio del concierto de la mano de “MC Thunder II (Dancing Like a Ninja)”, que incluyó un cañón disparando confetti al extasiado público de las primeras filas, antes de que “Elevator Operator” precediera a una falsa escapada del escenario anunciara que sólo podía ocurrir una cosa: llegaba el momento de los bises.

 

La banda regresó por todo lo alto con la apoteósica “RATATATA”, que contó con la presencia simbólica de Babymetal en las pantallas para encarar sus secciones,  y aunque fue uno de los grandes momentos de la noche,  si que eché algo de menos la pirotecnia que si se había usado a lo largo del show.

 

 

La marchosa “Spaceman” puso una vez más a todo el mundo a bailar, aunque no se pudo comparar al final climático que vino con “We Got the Moves”, en el que se derrocharon las últimas gotas de energía en una noche de jueves que se convirtió en un viernes por derecho propio.

 

Pese a estar en enero, no tengo ninguna duda de que experimentamos uno de los conciertos del año, así como la consolidación de una experiencia en vivo que se beneficia de los escenarios grandes y de una producción de película. Su público es joven y su energía es aparentemente ilimitada, por lo que en una época en la que las grandes leyendas se están retirando, contar con un grupo del calibre de Electric Callboy es un privilegio y para que mentirnos, también todo un privilegio.

 


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