Bad Religion – The Gray Race: 30 años de cuando la banda surfeaba en una multinacional

The Gray Race 

27 de febrero de 1996

Atlantic Records

“¡Gordo! ¡Vendido! ¡Pero mira qué barriga!”. Impagable ese momento en el Doctor Music Festival de 1996 en el que Bad Religion decidieron hacer subir a un fan y dejarle el micro. La cosa no acabó bien… Salió a empujones y de malas maneras, pero se lo mereció. Para calmar los ánimos tocaron “Punk Rock Song” y todo se olvidó, pero tengamos en cuenta que lo que dijo el chico sobre el escenario era un sentimiento común en el que la gente consideraba que Bad Religion se “habían vendido” por estar en una multinacional. Qué tontos éramos en aquellos días y qué poco sabíamos de la realidad del negocio y de la autenticidad de Bad Religion.

 

 

Greg y Brian se enfrascaron a componer a pesar de que el vocalista ya tenía muchos temas preparados. El vocalista sabía que al no estar Brett Gurewitz dentro del barco de Bad Religion, la clave estaría en tener un productor reputado que supiera dar ideas y no un “Yes Man” que asintiera en las tomas de decisiones. Ric Ocasek, líder de The Cars fue el hombre ideal. Había trabajado con Bad Brains, era un inmenso compositor y había llevado a lo más alto a los Weezer. Poco a poco se fueron juntando (casi) todos en el estudio de Manhattan y tomó forma un disco genial de principio a fin.

 

 

El disco

El inicio ya es soberbio con un tema que da coherencia a todo el álbum, como un índice temático de lo que está por venir. Es hardcore melódico 100% y Bad Religion 100%. Los cambios de tempo hacen que la canción sea especial más allá de un fenomenal estribillo. La gracia es condensarlo todo en poco menos de dos minutos. Luego el «Them and Us» sube la apuesta siendo uno de los santo y señas del disco de 1996. Es una de las que más ha probado escenarios de todas y los juegos melódicos en los coros son brillantes a más no poder. Incluso hay ese momento hímnico que te pone en solfa y muestra a Bobby Schayer como un batería excepcional.

 

 

Y siempre he considerado la melódica «A Walk» como uno de los temas más desenfadados y brillantes de la obra. Empiezan con el estribillo magistralmente y Greg Griffin canta como se espera de él. Muchos dejes californianos y hardcore además del solo sencillo pero efectivo de Greg Hetson.»Parallel» ha quedado como una canción menor, pero reconecta con los Bad Religion primigenios y me parece uno de los mejores temas de un disco que cuenta con infinidad de piezas para el recuerdo.

 

 

Y luego está «Punk Rock Song», de letra maravillosa y mejor música. Candidata firme a canción perfecta pues marcó a muchos adolescentes a lo largo del globo. Actitud total y estribillo inmaculado siendo 100% hardcore de la época. Es el ejemplo perfecto de cómo hacer un clásico absoluto, marcando el sonido del bajo y con esa preciosa guitarra de Brian Baker adornando el tema mientras Greg recita poesía en formato punk rock.

 

«Empty Causes» es deliciosamente melódica y el bajo de Jay Bentley se deja escuchar especialmente. Es evocadora y triste, pero con un puno de felicidad. No es uno de los grandes temas de la obra, como tampoco lo es «Nobody Listens», pero, se puede medir muchas veces la calidad de un disco por los temas medios. Aquí no hay relleno para nada, y todos poseen el sello de la banda. Similares casos a los de “Pity the Dead”, otro cumplidor tema que no desatca más que el estilo californiano de la banda. Más divertida y melódica es “Spirit Shine”, pero sí estamos ante el tramo menor de una obra especialmente redonda. Eso sí, hay un festín de coros tremendo.

 

«The Streets of America» es un enorme medio tiempo, melódico y pegadizo, con un punto hímnico. Los juegos de coros y ese momento canon la hacen especialmente brillante, pero, además, descansa sobre un riff base ejemplar. Por su lado «Ten in 2010» es mucho más punk y básica, y también, una de las favoritas de los fans. Hay las marcas reconocibles del grupo, pero también la fiereza, rabia y conexión con el punk más primiogenio. Incluso se opta por coros más básicos y menos elaborados. “Victory” posee aires de canción protesta, acelerada e incisiva, siempre cargada con letras inteligentes, y es una de las tapadas de la obra. La que termina el disco es “Cease”, con las guitarras de Hetson y Baker dando empaque a un tema de aires evocadores e hímnicos. Ciertamente da un aire de cohesión absoluto a lo que es el disco y las guitarras en el solo vuelven a brillar especialmente, así como los parones.

 

Y si seguimos en la serie oro del disco hay que hablar de la maravillosa «Drunk Sincerity». Festiva, con un toque country y con una línea vocal inmensa. Siempre he creído que estamos delante de un clasicazo en toda regla y me apetecería que la recuperaran más, pues en los 90 solía caer. Atención al solo de Greg Hetson, perfectamente integrado sin buscar complejidades y los juegos de coros vuelven a ser impresionantes, pero sutiles. Y «Come Join Us» es otro lujo, con ese inicio desnudo y con toda la banda uniéndose como marca el título del tema. Estribillo excelente y ese «uoooo» mítico que es cantado y celebrado en directo. En su última gira la tocaron.

 

Veredicto

Nunca había habido tantos matices de grises ni de tanta calidad. Sin que podamos llegar a hablar de un disco conceptual sí que la idea de que los humanos son los únicos seres capaces de jugar con los matices y que el resto es blanco y negro es lo que vertebra esta maravilla. No estaba ya Brett Gurewitz y Greg Hetson se empecinó en meter un par de sus canciones a pesar de que no estuvo con el grupo en el estudio trabajando en The Gray Race. Más allá del inmenso cariño que le tengo al disco, creo que es una obra ejemplar, repleta de grandes himnos y que me sorprende que tras tantos años el grupo no recurra a sus canciones en sus directos. La gracia es que últimamente van cayendo canciones del mismo sin tocar siempre esa maravilla titulada “Punk Rock Song”.

 


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