Simple Plan + Neck Deep + Charlotte Sands
23 de octubre de 2026
Sala Sant Jordi Club, Barcelona
Promotora: Cap Cap
Texto: Marc Fernández
Fotos: Marc Tomàs i Gimó
Ir a un concierto un lunes es un poco como cenar la pizza recalentada del día anterior; pierde parte de su sabor. Frente a ese despiadado hándicap, Simple Plan hizo lo único que tenía a su disposición hacer: dar un concierto enérgico, directo y sin margen para recordar qué día de la semana era. ¡Y vaya si lo consiguieron!

Charlotte Sands
Abrir una noche de lunes con un recinto a medio llenar nunca es plato de buen gusto, pero Charlotte Sands salió a comerse el escenario con una actitud arrolladora que hizo olvidar cualquier rastro de pereza semanal. Desde el arranque con «None of My Business» y «Pity», la artista demostró una personalidad brutal y una voz envidiable, moviéndose por las tablas con una soltura magnética que atrapó de inmediato a los más madrugadores. Llamó la atención entre el respetable que estuviera sola en el escenario, con una banda, o bien oculta, o bien totalmente ausente mientras la cantante desgranaba su set.
La energía no decayó ni un segundo mientras desgranaba cortes directos y viscerales como «Use me», «Back to You», «Afterlife» y «Go» (dejando incluso un guiño divertidísimo al mencionar a «Neckdeep» en plena faena). Con una presencia escénica desbordante y una cercanía envidiable, Charlotte Sands remató su paso por Barcelona por todo lo alto con «Hush», dejando a las primeras filas con las revoluciones por las nubes y demostrando que tiene galones de sobra para liderar carteles mucho más grandes.

Neck Deep
Por su parte, Neck Deep demostraron con creces por qué son considerados auténticos titanes del pop-punk contemporáneo, siempre un escalón por debajo de Sum 41 o los mismos Simple Plan.
Los galeses pisaron el acelerador desde el primer segundo sin contemplaciones, convirtiendo la pista en una fiesta de pogos y saltos continuos con un trallazo tras otro. Abrir fuego con «Dumbstruck Dumbfk» y «Motion Sickness» fue un golpe directo al mentón que despertó a los rezagados, aunque la comunión con el público estalló por los aires con favoritos infalibles y coreados a todo pulmón como «Can’t Kick Up the Roots», «Take Me With You», «Heartbreak of the Century» y ese himno gamberro y liberador que es «STFU».
Con tramos donde la melancolía y la rabia iban de la mano con «When You Know», «She’s a God» y «December», la banda mantuvo la tensión en todo lo alto antes de enfilar un cierre apoteósico e inolvidable con la mítica «In Bloom», dejando el listón por las nubes y el recinto completamente ardiendo para recibir el plato fuerte de la noche.

Simple Plan
Desde el pistoletazo de salida, la maquinaria canadiense de Simple Plan dejó claro que venía a arrasar. Arrancar con «I’d Do Anything», «Nothing Changes», «Shut Up!» y «Jump» fue un puñetazo en la cara a la rutina semanal, desatando el pogo y poniendo patas arriba el recinto desde el primer acorde, sin cháchara entre canciones que rebajaran la intensidad. Porque el grupo no escatima en la producción, rociando a las primeras filas con confetti y columnas de humo, pero sobre todo con unas resultonas pantallas que ejercían de backdrop y fueron acompañando a la música de la banda con un pulso demencial.
Como apunte curioso: la banda no emplea animaciones hechas por IA, como sí están haciendo tantas otras hoy en día; aquí hay curro del bueno y alma de verdad. La comunión con el público no hizo más que escalar. Después de la de «Jet Lag» (¡menudo momentazo con la telonera Charlotte Sands dejándose la garganta en el escenario!), dicen que van a tocar algo old school para los fans más veteranos, y la pista se convirtió en una auténtica olla a presión con joyas directas a la patata. La fiesta siguió disparada con temazos infalibles como «Addicted» y «Your Love Is a Lie».

Hay un hermoso discurso sobre pertenecer a la familia Simple Plan antes de la celebradísima «Welcome to My Life», de esos que te encogen el pecho y te recuerdan por qué llevamos veinte años cantando sus canciones.
El show supo jugar bien con el buen rollo que emanaban, tirando varias bolas de playa gigantes en «Summer Paradise», logrando que el Sant Jordi pareciera un festival en pleno agosto. Pero el contraste llegó con los pelos de punta: para «Untitled (How Could This Happen to Me?». Pierre Bouvier aparece por sorpresa en medio de la pista armado solo con un mini piano para interpretar el tema con la intimidad que se merece, rodeado de miles de móviles iluminando la oscuridad. Justo después, para «Astronaut», el cielo se tornó una noche oscura estrellada que dejó al respetable sin respiración.

La recta final fue una auténtica montaña rusa de hits y locura colectiva con «Me Against the World» y «Grow Up / Vacation». Y entonces llegó la genialidad de la noche: un medley muy divertido y resultón de versiones que incluyó «All Star», «Sk8ter Boy» y «Mr. Brightside», provocando el karaoke humano más bestia de la temporada.
Por si fuera poco, para «What’s New Scooby Doo» una horda de fanáticos disfrazados como el perro protagonista se subieron a bailar sobre el escenario entre risas y gritos. Hubo una nueva explosión de energía desbordante antes de enfilar la recta con «Where I Belong», con ese guiño a State Champs que nos dejó afónicos.

Para los bises, la apisonadora pop-punk remató la faena con el himno generacional «I’m Just a Kid», con el preceptivo cambio de roles entre Pierre y Chuck, la emotividad brutal de la íntima «This Song Saved My Life» y un cierre apoteósico con «Perfect».
¿Sabéis como al principio decía que los conciertos los lunes son raros e insípidos? Pues bien, creo que no me iría nada mal que cada lunes un grupo como Simple Plan me diera un subidón de energía y buen rollo para afrontar el resto de la semana. Puede que un viernes me hubiera tomada alguna cerveza extra o que de la sala me hubiera ido a un bar, pero lo más importante que me llevé de su concierto fue una sonrisa de oreja a oreja y una candidez fruto de la nostalgia de unos 2000s que cada vez están más lejos.
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