El último gran asalto de Furi Helium: doce años de caos destilados en la Estraperlo

Furi Helium

9 de octubre de 2026

Sala Estraperlo, Badalona

Redactor: Marc Fernández

Fotos: Amigos de Marc Fernández

Hay noches en las que uno no va a cubrir un concierto, sino a ver cómo se cierra una era. Lo que vivimos en la Estraperlo (Club del Ritme) no fue una simple fecha más en el calendario del underground catalán: fue un funeral vikingo bañado en cerveza, sudor y distorsión. Doce años de trayectoria condensados en más de una veintena de trallazos, sin teloneros, sin paños calientes y con una sala a reventar de peña que entendía perfectamente la magnitud del momento.

 

En un panorama estatal donde el thrash metal lleva años atrapado en el cliché: el mismo riff reciclado de la Bay Area, proclamas de pancarta del 15M pegadas con celo barato y una escena a menudo endogámica, complaciente y víctima de un descarado nepotismo, Furi Helium siempre jugaron en otra liga. Tenían identidad, técnica retorcida, mala baba y ese punto imprevisible que te mantenía alerta. Verlos despedirse así, a pecho descubierto, fue un puñetazo en la mandíbula cargado de nostalgia y honestidad brutal.

 

Entrar a la Estraperlo y notar el calor antes de cruzar la segunda puerta ya lo decía todo: entrada hasta la bandera. Sin bandas invitadas para caldear el ambiente; no hacían falta. Furi Helium venían a vaciarse las entrañas ellos solos en un maratón que rozó la hora hora y media de ejecución quirúrgica y entrega suicida con invitados especiales, varios discursos y hasta algún que otro accidente.

 

 

El asalto arrancó a degüello con «The Anger of Osiris», marcando territorio desde el primer compás. Le siguieron sin respiro «Break the Chains», «Criminals» y una incendiaria «Hideous Divine», levantando ya los primeros pogos serios en el centro de la pista. Con «Cheers for Chaos» el nombre del tema se convirtió en profecía, pero el primer gran momento de comunión colectiva estalló al sonar «Stampede of Buffaloes», con Guillem Sunyer asaltando el micro para escupir rabia pura y desatar una estampida real entre el público, muy alejado de la experiencia letárgica que encara ahora con Liturgia.

 

La sección intermedia demostró por qué Füri nunca fueron una banda predecible. La complejidad rítmica de «The Chronophage» dio paso a la pesadez asfixiante de «A Day at the Smoking Chambers» y la velocidad insana de «Toxic Worm». Para «World of Ideas», la ovación fue mayúscula con la aparición de Pol Sábado, también de Liturgia, a la guitarra, sumando filo y épica a uno de los cortes más celebrados de su discografía. Afortunadamente, su esbelta figura no fue tapada por la espalda de nadie.

 

Si algo convirtió esta noche en un acontecimiento irrepetible fue el respeto reverencial a su propia historia. Tras encadenar «Sinner’s Death», el desmadre absoluto de «Orangutan Klan (L.N.L.)» y «The Inherent Fate», la sala contuvo el aliento para el momento cumbre: la reunión del line-up original.

 

 

Con el brasileño Xavier Vigüeiras empuñando la guitarra y Guillem Sunyer de vuelta al bajo, sonó «Praise Them», un tema que no interpretaban en directo desde marzo de 2020. Ver a la formación primigenia sobre las tablas de la Estraperlo, compartiendo miradas de complicidad tras tantos kilómetros y baches, fue pura emoción eléctrica. Nada de poses: cuatro chavales (y Kirian) que montaron una banda por amor al ruido despidiéndose como hermanos.

 

A partir de ahí, el concierto fue una cuesta abajo sin frenos hacia el éxtasis. «A Way to Iruña» y «Fall in Disgrace» mantuvieron el listón a una intensidad casi insostenible. Tras la crudeza de «Empty Shells», Martí Ràfols de Oques Grasses se sentó tras los parches para desatar la locura con «K-Pass», subiendo también al escenario varios espontáneos para cantar un estribillo que suscitaría la envidia del mismísimo Miguel de Cervantes.

 

Inauguraron la tanda de bises «Obsolete» y «Bloodspiller», que terminaron de machacar los cuellos de los más escépticos. El remate no podía ser otro: «Time to Fight!». Un himno de combate final coreado a garganta partida por toda la sala, con la banda arrojando hasta la última gota de sudor sobre las tablas mientras volaban vasos y la gente se abalanzaba sobre el escenario, esa canción que se grabó facinerosamente en un apestoso local de Marina, y que en lo personal supuso mi primer contacto con unos chavales que los años convertirían en grandes amigos.

 

 

Doce años de carretera, furgoneta, locales húmedos, lomos abandonados, interminables cacas en gasolineras perdidas y deliciosos cachopos de autopista concluyeron con el mejor concierto que jamás han dado. Furi Helium se despiden dejando un vacío gigantesco en una escena catalana que rara vez volverá a ver semejante mezcla de técnica, personalidad y falta de complejos.

 

Pero como suele decirse, la vida sigue. Kirian pasará a engrosar las filas del sistema de verificación anti cheats de Valve. David Fornos sigue a tope con su proyecto de doom metal en catalán, Liturgia, al igual que Carlos “El Topo”, que forma parte del proyecto de metal psicodélico Diogena. Adrià Fiella, pese a la exigencia de su exitoso imperio apicultor, ha confirmado que se presentará al Mr. Olympia 2027. Sergio Malagón afirma haberse hecho rico al vender la patente de un nuevo sistema de defensa basado en impulsos electromagnéticos a Israel, el temido sistema Malagoff.

 

Supongo que los que llegados hasta aquí no puedo sino dar las gracias por todo: por la música, por las experiencias y por la amistad. Quienes estuvimos allí sabemos que se fue una de las grandes. Gracias por la tralla.

 


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