Theatre of Tragedy – Velvet Darkness They Fear: 30 años de la redefinición del metal gótico

Velvet Darkness They Fear 

25 de septiembre de 1996

Massacre Records

Hubo un tiempo lejano en el que la mujer en el heavy metal era vista como algo exótico y no habitual. Y sí hubo pioneras que se metieron en el heavy metal, una música creada para adolescentes varones y blancos, que rebosaba testosterona, y en la que los tópicos eran de fiesta, chicas, motos y fantasía medieval. En los 90 el metal “fue a la universidad”, ganó en globalidad y en sub-etiquetas, y en el Norte apareció una banda liderada por la voz femenina de Liv Kristine. Pero tampoco sería justo poner en ese pedestal a la diva de divas, pues en esa banda de amigos (entonces) había muchos líderes y piezas claves más allá de lo que más hechiza.

 

Este segundo disco fue una continuación natural de su ópera prima, y luego… digamos que las cosas fueron muy rápido… y que su evolución fue enorme de un disco a otro, perdiendo gran parte de lo que muestran en estos dos discos de inicio. Quedaría un tercero estelar que los llevó a las listas, pero si somos fríos y calculadores: Velvet Darkness They Fear es su mejor obra. Y ese uso del inglés antiguo al servicio del gótico musical es algo que también fue santo y seña para el grupo finés. Eran especiales, y aquí lo demostraron

 

El disco

La introducción que te mete de lleno en la goticidad más absoluta lleva el nombre del disco y en poco más de un minuto te rodean las tinieblas con los samplers de Lorenz y su teclado. Entra Liv y ya estamos en “Fair & Gulling Copesmate Death” y en tiempos de doom metal. Son 7 minutos con voces narradas y a ritmo arrastrado y de pesadumbre. Se combinan los cantantes y destaca la garganta profunda de Raymond a la vez que los teclados imitan violines. Es una canción un poco hecha a trozos, tiene tramos del doble bombo de Hein Frode Hansen y hay riqueza musical, pero también mucha dispersión.

 

Seguimos con los minutajes extensos y “Bring for Ye Shadow” se vuelve a apoyar en el contraste de las voces de ambos vocalistas. Espacios abiertos, solemnidad y gótico de manual en el que canta la delicadísima voz de Liv mientras el grupo mantiene el pulso y avanza con clase entre narraciones y loops tecnológicos muy de fondo. “Seraphic Deviltry” es un tema bastante menor. Un up tempo (para lo que es el gótico de esta gente) y en el que lo musical gana terreno, especialmente las guitarras de Tommy Lindal, muy en onda de los primeros Paradise Lost. Balanza equilibrada entre voces y clavicordio de un Lorenz que sabe darle a las canciones un acabado muy elegante.

 

El piano clásico de “And When He Falleth” abre para otra de las piezas fundamentales del grupo. La combinación del poso clásico combinado con las dos voces da al tema ese algo especial. Es como si en el “Claro de luna”, una sirena y una bestia, repartieran voces en algo diferente y muy ambicioso. La producción premia a las teclas blancas y negras, pero hay muchos detalles de doble bombo, coros muy gregorianos y el bajo magistral de Erik  T Saltro. Luego se incluye ese fragmento narrado que la hace tan especial.

 

No tenían rival en esos días… y lo digo de verdad. El tramo final es algo más discreto, pero marca estilo y tendencia. “On Whom the Moon Doth Shine” es un encantamiento con la diva cantando en una balada que sigue el piano de Lorentz Aspen. La contundencia de Raymond busca ese contraste y todo funciona.

 

“Der Tanz Der Schatten” es de largo mi canción favorita, y muy posiblemente también para la inmensa mayoría de sus fans. Curiosamente es el único tema en alemán y vino con la ayuda de todo un Tilo Wolff de Lacrimosa en las letras. Se juega a “la bella y la bestia”, combinando a la vez las voces de Raymond, gutural, y la de hada de Liv Kristine. Pero más allá de eso es que la composición es perfecta. Ambiente gótico, pausado, a ritmo de Crematory, con piano y un estribillo y una evolución inmaculada. Y para el recuerdo queda el desarrollo final con la diva cantando como una sirena.

 

“Blackas the Devil Painteh” es gótico a ritmo de doom en el que Raymond canta gutural y Liv pone luego la luz de sirena. No es de las más recordadas, pero sí de las más definitorias de su estilo. Las voces siempre en primer plano y el resto de instrumentos en segunda línea. Y la onda sinfónica final la remata. La despedida la pone “The Masquerade & Phoenix” en un ejercicio delicado y evocador que puede recordarte a la inmensa “A Distance there Is”, pero sin esa magia absoluta. También irrumpe Raymond y volvemos al gótico excelso y elegante con guitarras contundentes.

 

Veredicto

Los nuevos postulados del gótico de los 90 fueron redefinido por Theatre of Tragedy y justo con su mejor disco, que es este. Vino desde el frío, desde Finlandia y elevó a Liv Kristine a categoría de musa absoluta. Ambientes fríos, dualidad de voces, ritmos doom y muchos teclados envolventes. Hubo aquí cambios de músicos respecto a su anterior obra, pero la banda se salió en cuanto a composición creando una unidad de temas pocas veces vista siendo una especie de piedra roseta para todas las bandas de gótico del mundo.

 

Y a todo esto… la gran pregunta sigue emanando: Theatre of Tragedy dieron carpetazo en 2010, años después de que abandonara Liv Kristine… Sabemos que los exmiembros no se llevan especialmente bien, pero… una reunión con la antigua formación sería todo un notición. Liv está libre, así que… ¿Por qué no? Liderarían todos los festivales góticos del mundo. ¿Ha llegado el momento? Nuestra respuesta es clara: “SÍ”.

 


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