Muchas y muchos quizá no la recuerden, pero Saeko irrumpió con fuerza a principios de los 2000les con algo especial. Venía de Japón, tenía imagen, voz, canciones y padrinos importantes. Apostaba por el power metal y llegó a tocar en Wacken, pero también le llovieron críticas infundadas. Recuerda especialmente la de una revista española. ¿Cuál será?
Por otro lado, está claro que esta mujer no ha tenido suerte para nada. Enfermedades, lesiones, pandemias, visados… todo lo imaginable se ha cruzado en su camino y ha truncado una carrera muy irregular. Ahora edita un EP para recordarle a la escena que está aquí y que tiene una gran banda.
Hola, Saeko, saludos desde Barcelona. Antes de nada, gracias por tu tiempo y enhorabuena por tu nuevo EP, Back to Life. ¿Por qué publicar ahora un EP con cinco canciones antiguas?
La razón viene de cuando publiqué mi último álbum, en 2021, en plena pandemia. Me había mudado a Alemania justo antes del COVID con la idea de lanzar el disco, crear una red de contactos en Europa y empezar a tocar en directo. Ese era mi plan, pero con las restricciones sanitarias no fue posible hacer nada. Además, como no soy ciudadana de la Unión Europea, tuve que renovar mi visado. Cuando intenté hacerlo, las autoridades de inmigración me dijeron que no podían concedérmelo porque no había realizado ningún concierto.
Así que no pude seguir en Europa y tuve que regresar a Japón en 2022. La pandemia seguía en marcha y, nada más volver, sufrí una lesión que me obligó a detener toda mi actividad. Finalmente, en diciembre de 2024 conseguí recuperarme. Me llevó casi dos años. Cuando por fin pude volver a moverme pensé que quizá ya era el momento de volver a hacer música. Por eso quise publicar algo para decir: «Sigo viva». Después de todo ese tiempo sin poder hacer nada, sentía que tenía que dar una señal.
Como tampoco había podido presentar el anterior disco en directo, no quería invertir toda mi energía en grabar otro álbum completo. En mi caso compongo toda la música y escribo todas las letras, y eso supone muchísimo trabajo. Para escribir las letras hago una gran labor de investigación, leo muchos libros y desarrollo un concepto. Es un proceso que consume muchísimo tiempo y energía.
Esta vez prefería publicar algo sencillo para demostrar que seguía aquí y, si era posible, volver primero a los escenarios. Después ya pensaría en un álbum completo. Además, mucha gente me decía que quería comprar mi primer disco, pero ya no podía conseguirlo. Pensé que sería una buena idea regrabar esas canciones con la formación actual. Estoy muy satisfecha con el resultado.
Pues quería decirte dos cosas. Yo empecé a seguirte precisamente con ese primer disco, aquí te lo enseño.
Muchas gracias.
Y la otra es que estuve en Wacken Open Air en 2005 y te vi actuar allí. Fue fantástico.
Muchas gracias.
De verdad, que fue una pasada.
Te lo agradezco mucho, porque en aquella época mucha gente escribía críticas diciendo que yo no sabía de música. Incluso una revista española llegó a entrevistarme y me dijo que estaba convencida de que no era yo quien cantaba en el disco.
También decían que no sabía tocar. Ese tipo de comentarios estaban por todas partes. Pero tú estuviste en Wacken y sabes perfectamente que sí puedo tocar. Por eso me entristeció tanto publicar el álbum y no tener la oportunidad de defenderlo sobre un escenario.
Hablemos de la formación. Michael Ehré, Alessandro Sala… Son nombres muy importantes.
¿Quieres que explique cómo acabaron formando parte del grupo?
Sí.
En realidad, ya participaron en el álbum de 2021, así que explicaré cómo se reunió aquella formación. El primero que aceptó trabajar conmigo para mi regreso fue Guido Benedetti. Fue en febrero de 2019, cuando Trick or Treat vino a Japón. Yo estaba haciendo una entrevista para una revista musical japonesa. Después de la entrevista nos pusimos a charlar y alguien que me conocía comentó que yo también era cantante y que cantaba muy bien.
Entonces Guido me preguntó si era cantante. Le dije que sí. Me comentó que muchos años atrás había visto actuar a una cantante japonesa de heavy metal en el Wacken Open Air. Le respondí: «Era yo». Se quedó sorprendidísimo. Me dijo: «¿En serio? ¡Recuerdo perfectamente ese concierto! Fue increíble». Después seguimos en contacto por correo electrónico. Un día me escribió diciéndome: «Cantaste muy bien en Wacken. ¿Por qué ya no lo haces?».
Le expliqué que precisamente estaba pensando en volver. Antes había tenido que resolver unos problemas legales que me mantuvieron apartada de la música durante unos diez años. Todo eso se solucionó en 2017 y, en 2019, ya estaba buscando músicos para regresar.
Lo más importante era encontrar un guitarrista. Yo compongo las canciones con un teclado, pero necesito un guitarrista para darles esa personalidad de banda de heavy metal. Y me estaba costando muchísimo encontrar al adecuado.
Entonces Guido me preguntó cuál era el problema y le dije que, precisamente, estaba buscando guitarrista. Él me respondió: «¿Y por qué no utilizas al nuestro?». Le pregunté: «¿Hablas en serio?». Y me dijo: «Claro, ¿por qué no?». Así fue como empezó todo. Después contacté con Michael Ehré, porque llevábamos siendo amigos muchos años. Me había apoyado desde el primer y el segundo álbum. Lo conozco muy bien.
Es una persona extraordinaria, no solo como músico, también como ser humano. Le escribí, le expliqué la situación y me respondió: «Me alegra mucho que quieras volver. Cuenta conmigo, te ayudaré». Después pensé que necesitaba un bajista. Entonces recordé que tiempo atrás yo había trabajado como tour manager de Rhapsody of Fire…
Todo empezó porque Rhapsody of Fire iba a publicar unas canciones extra para la edición japonesa de uno de sus discos. La discográfica japonesa buscaba a alguien que pudiera adaptar las letras al japonés. Era un trabajo complicado, porque hacía falta dominar tanto el inglés como el japonés, pero además tener conocimientos musicales. No basta con traducir; hay que conseguir que la letra encaje prácticamente en la misma melodía, pero conservando un estilo natural en japonés.
Y claro, el nivel de exigencia de Rhapsody of Fire era muy alto. La compañía no encontraba a nadie adecuado y finalmente me preguntaron si podía hacerlo. Además, me pidieron que grabara unas voces de guía para que el grupo supiera cómo debían cantarse esas partes en japonés. Acepté. Grabé las voces en mi estudio casero y se las envié.
Más tarde la discográfica me contó que, cuando los miembros de Rhapsody of Fire escucharon la grabación, preguntaron: «¿Quién es esta cantante?». Ellos esperaban una simple voz de referencia, pero yo canté como si fuera la versión definitiva. Entonces la discográfica les explicó que era yo. Ahí comenzó todo.
Más adelante, cuando Rhapsody of Fire volvió a Japón de gira, parte de su equipo habitual estaba ocupado con otros tours y necesitaban un tour manager. Como ya me conocían, y además era músico, pensaron que entendería perfectamente cómo funcionaba una gira y me ofrecieron el trabajo. Pasamos juntos tres o cuatro días y acabamos haciéndonos muy amigos. Me llevaba bien con todos los miembros, pero con Alessandro conecté especialmente. Descubrí que teníamos mucha afinidad y, además, siempre me había gustado muchísimo su forma de tocar.
Así que cuando pensé que necesitaba un bajista, enseguida se me vino Alessandro a la cabeza. Si ya contaba con Michael y con Guido, no podía llamar a un bajista sin experiencia; tenía que estar al mismo nivel. Le escribí y aceptó inmediatamente. También hablé con Alex. Durante aquella gira como tour manager habíamos conversado mucho y siempre fue muy amable conmigo. Cuando le expliqué que quería volver a la música me animó desde el primer momento: «Adelante, hazlo». Eso me hizo muy feliz.

Licenciado en INEF y Humanidades, redactor en Popular 1, miembro fundador de TheMetalCircus y exredactor en webs y revistas como Metal Hammer, Batería Total, Guitarra Total y Science of Noise. Escribió el libro «Shock Rock: Sexo, violencia y teatro». Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.
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