Moonspell — Far From God

80/100

3 de julio de 2026

Napalm Records

 

Far From God ha sido promocionado como «el Irreligious del siglo XXI» en vísperas del 30 aniversario de aquella legendaria obra, patrimonio del metal ibérico. ¿Glória antiga, volta a nós? Mucha suerte tendría Moonspell si lograra tal hazaña con su álbum de estudio número trece.

 

Irreligious (1996), junto con Wolfheart (1995), conforma el tándem de obras maestras que puso en órbita a esta referencia global del gothic metal. Moonspell podría haberse dedicado a hacer facsímiles de ellas hasta la náusea. Sin embargo, buscó sorprender, aun a riesgo de dar algún patinazo (The Butterfly Effect, 1999). Y gracias a esa actitud volvió a emocionarnos, ya fuera abrazando su lado más extremo (Memorial, 2006) o sublimando sus tendencias orquestales en esa joya que es 1755 (2017).

 

Hace poco, el grupo atravesó una crisis existencial. Se debatía entre su pulsión creativa y la necesidad de cuidar su legado, como nos contó su cantante Fernando Ribeiro. Esas dudas pueden explicar que se invoque Irreligious para publicitar su nuevo trabajo. El problema es que un clásico, por definición, es inmejorable.

 

Cuando vio la luz Darkness and Hope (2001), ya hubo quien habló de un retorno a Irreligious. Y puede que sirviera a los portugueses para congraciarse con algunos seguidores tras sus «pecados industriales», pero Darkness and Hope no se cuenta entre sus discos más memorables. Moonspell no volvió a estar en plena forma hasta que comprendió en The Antidote (2003) que debía mirar hacia el futuro y no hacia el Ojo de Ra.

 

Hablando de portadas, la de Far From God es la enésima maravilla de Eliran Kantor. Resume a la perfección todo lo que tiene de romanticismo gótico y de existencialista el disco, que es mucho. Un hombre besando a su amada mientras ella sujeta la cuerda de una guillotina que amenaza su cuello. Veamos si la música está a la altura de esa cuchilla.

 

 

Si hay una banda de gothic metal que haya dado que hablar en los últimos tiempos, esa es Unto Others y su reinterpretación en clave metálica de Héroes del Silencio. En cierto modo, se trata de una actualización del sonido de Fields of the Nephilim. El tema de apertura de Far From God, «Cross Your Heart», guarda bastantes similitudes con lo que ha venido componiendo el grupo de Oregon, lo cual confirma que Moonspell está atento a lo que se cuece hoy en una escena que contribuyó a crear.

 

A lo largo del álbum hay muchas secciones de bajo y batería en las que Aires Pereira y Hugo Ribeiro se quedan solos, con el teclado de Pedro Paixão en un segundo plano. Un recurso que ya empleaba Irreligious, aunque no con tanta asiduidad. Todo ello favorece la creación de esa atmósfera gótica a lo Sisters of Mercy que persigue Far From God. Su canción homónima da buena muestra de esa tendencia. La voz del principio nos recuerda al inicio de «Vampiria» (Wolfheart). Pero en «Far From God» el teclado y la guitarra ceden el paso a esa base rítmica al descubierto, mientras un seductor Fernando Ribeiro da rienda suelta a su Peter Steele interior. La guitarra de Ricardo Amorim sólo adquiere protagonismo puntualmente, rompiendo a intervalos su silencio para esparcir bellas melodías y algún arpegio.

 

Esas dos canciones fueron los dos primeros singles y he de decir que están bien elegidos, porque resumen grosso modo lo que vamos a hallar en el disco. ¿Será alguno de ellos un hit a la altura de «Opium» (Irreligious)? Lo dudo, porque ni siquiera las exitosas «Scorpion Flower» (Night Eternal, 2008) o «Extinct» (Extinct, 2015) han conseguido ser tan recordadas. Pero son buenas canciones, como lo son otros tres temas que también merecen ser destacados.

 

Uno es «Our Freedom to Fall», donde oscilamos entre un riff a caballo entre Paradise Lost y Type O Negative y la vertiente más extrema de Moonspell. Aquí Fernando Ribeiro, más que en cualquier otra canción de un álbum donde su voz es mayoritariamente limpia, luce su condición de growler. En cuanto a la letra, ya lo decía Jean-Paul Sartre: estamos condenados a ser libres. Y eso es lo que sucede alejados de Dios, especialmente si no existe.

 

También destacable es el tema de cierre, «Reconquista». Musicalmente es muy oscuro, nuevamente hay algo de growl y la guitarra de Amorim entra en modo metálico para derrochar sentimiento. La letra no guarda relación con la expansión de los reinos cristianos, sino que vertebra el existencialismo presente en todo el álbum. Es un bello poema con una fuerte carga filosófica, especialmente su estrofa en portugués, y sus referencias a la búsqueda de nuestra identidad a través del otro justifican la portada.

 

Y, por último, brilla en este disco como un siniestro rubí «The Great Wolf in the Sky», tema dedicado a un amigo de la banda recientemente fallecido. Estructuralmente compleja, la canción es espléndida. Pasamos de melodías muy melancólicas, en ocasiones evocando aullidos, a poderosas guitarras armonizadas. Tenemos un estribillo hímnico que debería funcionar en directo y una rabiosa enumeración políglota («lobo, lupus, wolf, lykos, varg») que opera muy bien como ruptura para que entren las cuerdas frotadas, cortesía de la violinista madrileña Alicia Nurho.

 

Para ir concluyendo, a vueltas con Irreligious, lógicamente Far From God tiene «algo» de él, porque los lisboetas no pueden obviar una de las claves de su propio sonido. Dicho esto, Moonspell no nació en aquel disco. Por ejemplo, la génesis de las melodías árabes de «Your Promise of Light» la encontramos en su EP debut, Under the Moonspell (1994). Tampoco murió en 1996. En «Biblical» (buen solo), a pesar de no contener elementos electrónicos, retumban ecos de Sin/Pecado (1998). Y en suma, Far From God es mucho más goth que Irreligious, en un sentido amplio (ahí está «For the Love of Mortals») y no sólo gothmetalero.

 

No hay que subestimar la proximidad cronológica entre Irreligious y Wolfheart. El segundo álbum de los portugueses mantenía gran parte de la epicidad y de la grandilocuencia del primero. Far From God es un lobo de distinto pelaje, mucho más introspectivo.

 

Asumiendo que la existencia precede a la esencia, serán los oyentes quienes conferirán la suya a este trabajo recién publicado. Yo diría que, por su búsqueda de «lo goth», esa esencia es similar a la de la reivindicable parte Omega White del disco doble que publicó Moonspell en 2012 (Alpha Noir). Sin embargo, Omega White, como Irreligious, tenía una mayor querencia por los riffs metálicos. Y aquí es donde entra en juego el intimista Hermitage (2021). Far From God es una evolución coherente de su predecesor. Afortunadamente, también es mucho más entretenido.

 

La duración de Far From God es contenida: pide ser escuchado de principio a fin y funciona bien como una unidad. Quien albergue un negro corazón amante del goth sabrá apreciar esta tranquila propuesta, regida por la angustia existencial, que los soberanos del metal portugués han añadido a su tremendo legado.

 


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