Rockin’ Every Night
21 de mayo de 1986 (Europa)
Virgin Records
A comienzos de los años ochenta, Gary Moore vivía uno de los periodos más intensos y caóticos de toda su carrera, tras haber abandonado definitivamente Thin Lizzy. En esos momentos, atravesaba una etapa creativa extremadamente prolífica y se encontraba construyendo su identidad definitiva como solista de hard rock y guitar hero. Al hilo de este contexto, entre 1982 y 1984 publicó discos de estudio, directos, proyectos paralelos y grabaciones que todavía hoy siguen pareciendo imposibles de ordenar cronológicamente sin volverse loco. En medio de aquel torbellino apareció Rockin’ Every Night – Live in Japan, un álbum en directo grabado en Tokio durante la gira de Corridors of Power y publicado originalmente en Japón el 21 de mayo de 1983. Medio siglo después de sus primeras aventuras junto a Skid Row (la original de Irlanda, no la estadounidense de Sebastian Bach) y tras más de cuarenta años desde aquellas noches japonesas, el disco sigue funcionando como una fotografía perfecta del Gary Moore más salvaje, eléctrico e imprevisible, ya que si los álbumes de estudio demostraban lo enorme que era Moore como guitarrista, los directos confirmaban algo todavía más importante: sobre un escenario podía resultar absolutamente devastador.
A principios de los ochenta, Japón se había convertido en uno de los grandes refugios del hard rock y el heavy metal internacional. Bandas británicas y estadounidenses encontraban allí un público mucho más apasionado y respetuoso que en muchos mercados occidentales. Y, sin lugar a dudas, Japón era un trampolín para triunfar en el mundo del rock. Así pues, Gary Moore no tardó en conectar con aquella audiencia y las grabaciones de Rockin’ Every Night que tuvieron lugar los días 24 y 25 de enero de 1983 en el Shinjuku Kousei Nenkin Hall de Tokio durante la gira de Corridors of Power, lo demuestran. Pero añadamos también que la banda que acompañaba a Moore aquella noche era absolutamente espectacular: Don Airey a los teclados, Neil Murray al bajo, Ian Paice a la batería, y John Sloman compartiendo funciones vocales. Aquella formación representaba además una curiosa intersección entre diferentes generaciones del hard rock británico. Ian Paice llegaba desde Deep Purple, Don Airey ya empezaba a consolidarse como uno de los teclistas más solicitados del género y Moore se encontraba en plena transición hacia el sonido duro y melódico que terminaría definiendo gran parte de su carrera ochentera.
Uno de los aspectos más fascinantes de Gary Moore siempre fue su incapacidad para quedarse quieto estilísticamente. Blues, jazz fusion, hard rock, heavy metal o rock melódico convivían constantemente en su cabeza. En una entrevista concedida a The Irish Times el 23 de febrero de 2001, Moore reflexionaba precisamente sobre esa necesidad constante de cambio artístico:
“Lots of careers have been made from regurgitating the same record.”
(“Muchas carreras se han construido repitiendo el mismo disco una y otra vez”) [Gary Moore, entrevista para The Irish Times, 23 febrero 2001].
Escuchado hoy, Rockin’ Every Night sorprende por su falta de artificio. El sonido es duro, directo y muy físico. No intenta competir con las grandes producciones en directo que dominarían el hard rock pocos años después y precisamente, como digo muchas veces, ahí reside gran parte de su encanto. El disco captura a Gary Moore en una fase especialmente agresiva de su carrera: su guitarra parece constantemente fuera de control, alternando precisión técnica imposible con explosiones completamente salvajes.
Especialmente impresionante resulta «I Can’t Wait Until Tomorrow», transformada aquí en una pieza de más de doce minutos donde Moore lleva la improvisación hasta territorios casi obsesivos. Aquella intensidad tenía mucho que ver con la personalidad del propio guitarrista. Prueba de ello es que Gary arrastró durante toda su carrera una mezcla muy particular de perfeccionismo extremo y frustración permanente. Numerosos músicos que trabajaron con él describieron su carácter como volcánico, exigente y emocionalmente imprevisible. Pero precisamente esa tensión alimentaba su forma de tocar.
Uno de los momentos más emotivos del disco llega con «Sunset», instrumental que Gary Moore llevaba interpretando en directo desde 1980 y que terminaría asociándose emocionalmente a la muerte de Randy Rhoads. Según documentación del álbum y archivos posteriores sobre la gira, Moore y Cozy Powell solían dedicar la pieza a Rhoads tras su fallecimiento en 1982. La conexión no era casual: Don Airey había trabajado con Rhoads en la banda de Ozzy Osbourne durante la gira de Diary of a Madman. La interpretación transmite precisamente ese tono melancólico y contenido que Moore siempre manejó especialmente bien cuando abandonaba la velocidad y el virtuosismo para centrarse únicamente en la emoción. Porque detrás de toda aquella agresividad técnica existía un músico profundamente influenciado por el blues y por guitarristas como Peter Green, Albert King o Eric Clapton.
Veredicto
Aunque Rockin’ Every Night nunca alcanzó el estatus comercial de otros discos de Moore, con el paso del tiempo se ha convertido en una obra especialmente apreciada por seguidores veteranos del guitarrista. Parte de ese culto tiene que ver con su carácter relativamente crudo y poco domesticado. Como ya hemos dicho, en 1983 Gary Moore todavía estaba construyendo su identidad definitiva. Aún no había llegado el éxito masivo de canciones como «Out in the Fields» o «Empty Rooms». Seguía siendo, en muchos sentidos, un guitarrista feroz intentando encontrar equilibrio entre sus obsesiones blues, hard rock y heavy metal.
Y todo esto es lo que transmiten aquellas noches de hace más de cuatro décadas en Tokio: Rockin’ Every Night – Live in Japan sigue funcionando como uno de los mejores documentos posibles para entender al Gary Moore más explosivo. Sobre aquel escenario japonés de 1983 no aparece todavía el elegante bluesman que años después conquistaría auditorios interpretando Still Got the Blues. Lo que aparece es algo mucho más salvaje: un guitarrista irlandés tocando como si necesitara demostrar cada noche que podía incendiar el escenario a su antojo.

Jordy Stanley. Profesor de Lengua y Literatura, historiador y freaky en general, posee diferentes obras de ámbito académico y divulgativo. Su último libro, Conan a lo largo de los filmes (PanoArtBooks, 2022) ha agotado sus dos ediciones. Entre lo destacado de su discografía, podemos hallar Henry Dark (2009), de su anterior banda, HENRY DARK y el flamante LP, KISS my Covers (2024), donde tributa a KISS, la banda de su vida, de una manera muy particular. Guitarrista y cantante, otra de sus múltiples facetas es la de youtuber y redactor musical.
