Destroyer
15 de marzo de 1976
Casablanca Records
Si pensamos en los 50 y pico años de trayectoria de KISS, no hay duda que un disco como Alive! fue el más importante de su discografía, ya que consolidó la carrera de la banda, que en esos momentos pendía, como la muchas otras, de un hilo. Montados ya en el carro del éxito, Destroyer, publicado el 15 de marzo de 1976, fue un álbum que reinventó completamente a los neoyorquinos.
Este cuarto disco, fue mucho más que riffs crudos, maquillaje y espectáculo, es un disco con ambición sonora y una dimensión compositiva que el grupo nunca había explorado con tanta profundidad. Bob Ezrin, conocido por aquel entonces por su trabajo con Alice Cooper, disciplinó el caos de unos KISS que funcionaban, casi casi, como una banda de garaje amplificada para el espectáculo. La energía en directo era incuestionable, pero en estudio todavía buscaban una identidad clara. Ezrin introdujo un método de trabajo completamente distinto: arreglos orquestales, coros infantiles, narrativas dramáticas y una disciplina casi militar en el proceso de grabación, que chocó de bruces con algunos de los componentes. Décadas más tarde, el propio Paul Stanley recordaría ese choque creativo en entrevista con Classic Rock (2016):
“Bob Ezrin pushed us harder than anyone ever had. He forced us to become better musicians and a better band.” [“Bob Ezrin nos presionó más que nadie antes. Nos obligó a convertirnos en mejores músicos y en una banda mejor.”]
La transformación fue inmediata. Bajo su dirección, KISS empezó a pensar en el estudio como un instrumento creativo, no simplemente como un lugar donde registrar lo que ya hacían en directo.
A mi modo de ver las cosas, creo que KISS se encontró en un punto en el que habían conseguido un éxito arrollador con Alive! y querían dar un golpe de efecto con su siguiente disco en estudio. Para consolidar dicho éxito y separarse de ‘la primera trilogía’, que no había aportado muchos dividendos a Casablanca, había que demostrar que eran una gran banda. Por aquel entonces, Bob Ezrin estaba en el candelero como súper productor del momento, como un Houdini de la producción musical que convertía todo lo que tocaba en oro. El resultado fue un álbum radicalmente distinto a los tres primeros discos del grupo, que no dejó indiferente a nadie, ni a los partidarios, ni a los detractores. Destroyer introdujo elementos poco habituales en el hard rock de la época: secciones de cuerda, efectos sonoros, coros infantiles y estructuras más complejas:
“I wanted the album to feel like a movie.” [“Quería que el álbum se sintiera como una película.”] [Bob Ezrin en entrevista con Billboard (2016)].
Y eso es exactamente lo que logró, desde la explosiva apertura con “Detroit Rock City” hasta la teatralidad oscura de “God of Thunder”.
Si nos centramos en la evolución compositiva del Destroyer, uno de los cambios más evidentes fue el crecimiento como compositores de Gene Simmons y Paul Stanley. Las canciones de Destroyer muestran una ambición narrativa y melódica que apenas se intuía en trabajos anteriores. “Detroit Rock City”, por ejemplo, fue concebida como una mini-historia trágica inspirada en un accidente real ocurrido a un fan que se dirigía a un concierto de la banda. En entrevista con Rolling Stone (2014), Paul Stanley explicó el origen de la canción:
“Detroit Rock City was written about a fan who died in a car accident on the way to a show.” [“Detroit Rock City fue escrita sobre un fan que murió en un accidente de coche camino de un concierto.”]
Ese enfoque narrativo ayudó a que el disco adquiriera una dimensión más dramática. Aunque, paradójicamente, pese a tanto dramatismo y ambición narrativa, la canción que terminaría convirtiéndose en el mayor clásico del álbum fue una balada. Beth, interpretada por el batería Peter Criss, canción que rompía completamente con la estética habitual del grupo. La pieza, escrita originalmente por Criss y Stan Penridge antes de entrar en KISS, fue incluida en el disco casi como una curiosidad y colocada en la cara B del primer single, Detroit Rock City. La revista Billboard recordaría más tarde que el tema se convirtió en el mayor éxito del grupo hasta ese momento, alcanzando el número 7 en el Billboard Hot 100. El éxito a raíz de Beth, cambió la percepción que el público tenía del grupo. De repente, KISS no eran solo unos tipos que llevaban maquillaje, vestían raros y calzaban plataformas, mientras escupían fuego, lanzaban bombas de humo y rockanrolleaban. También podía escribir canciones emotivas que conectaban con un público mucho más amplio.
En su revisión retrospectiva del disco, AllMusic destacó cómo el álbum representaba un salto cualitativo en la discografía del grupo:
“Destroyer remains Kiss’ most ambitious studio album.” [“Destroyer sigue siendo el álbum de estudio más ambicioso de Kiss.”]
Aún así, desde mi punto de vista, que sea el más ambicioso, no quiere decir que sea el mejor. Personalmente, es un disco que tiene unos temas brutales, pero un sonido tan artificial, que no acaba de convencer tanto como discos posteriores, tales como el Rock and Roll Over (1976) o Love Gun (1977).
Al hilo de este contexto, el éxito de Destroyer coincidió con el auge del fenómeno cultural de KISS en la segunda mitad de los años setenta. La banda no solo vendía discos: vendía cómics, figuras de acción, disfraces y una iconografía que transformó el merchandising del rock. Con todo, aún no eran los superhéroes de la historia del Rock que hoy conocemos. Aunque estaban en proceso. En ese contexto, el álbum funcionó como el corazón musical de todo el fenómeno. David Fricke escribió en Rolling Stone (2001) que el disco ayudó a convertir a KISS en “one of the most recognizable brands in rock” [“una de las marcas más reconocibles en el Rock”].
Como decía más arriba, el disco no fue recibido con unanimidad por la crítica en su momento. Algunos periodistas consideraron que la producción de Ezrin suavizaba demasiado la crudeza del grupo, cosa que más tarde con Krammer no sucedió. Pero el paso del tiempo ha terminado inclinando la balanza. Hoy Destroyer aparece regularmente en listas de los mejores discos de hard rock de los años setenta. Kerrang! lo describió en su retrospectiva como “the record that turned Kiss from a cult act into rock superstars” [“El disco que convirtió a Kiss de banda de culto en superestrellas del rock.”].
Un capítulo aparte merece la portada del disco, obra del ilustrador Ken Kelly. La imagen —los cuatro miembros de KISS emergiendo entre llamas en un paisaje apocalíptico— se convirtió en uno de los iconos visuales más reconocibles del rock. ¡Y esto es irrefutable! Recuerdo ir como loco cuando era un chaval, buscando cualquier cosa que tuviera a mis cuatro héroes ‘destrozándolo’ todo. Como curiosidad, la portada original tuvo que ser rediseñada con un par de cambios. El primero después de que el sello considerara que la primera versión era demasiado violenta y otro porque Kelly había utilizado los trajes de la gira del Dressed to Kill para inspirarse y la banda había cambiado de vestuario. Gracias a Dios, años más tarde una de estas ediciones aniversario, nos trajo una portada ‘prohibida’ que, para muchos, era desconocida.
Veredicto
Hoy por hoy, escuchar Destroyer es una experiencia, no solo por la calidad de sus canciones, sino porque captura el momento exacto en que KISS dejó de ser una banda prometedora para convertirse en un fenómeno global. Como escribió Classic Rock en su retrospectiva del álbum (2016):
“Destroyer was the album that proved Kiss could be more than a great live band.” [“Destroyer fue el disco que demostró que Kiss podía ser algo más que una gran banda en directo.”]
Con todo, me quedo con los mismos temas en directo (Alive II, por ejemplo). Canciones que durante toda la trayectoria kissera han crecido y han superado el encorsetamiento que impuso Bob Ezrin. Del mismo modo, la influencia del álbum se extiende mucho más allá de la propia discografía de KISS. Su mezcla de teatralidad, producción épica y hard rock accesible ayudó a definir la estética de gran parte del rock comercial de finales de los setenta y principios de los ochenta. Pero quizás su mayor legado sea otro. Demostrar que incluso una banda construida sobre maquillaje, pirotecnia y espectáculo puro y duro, también tenía su corazoncito: “’Cause me and the boys will be playing all night”…

Jordy Stanley. Profesor de Lengua y Literatura, historiador y freaky en general, posee diferentes obras de ámbito académico y divulgativo. Su último libro, Conan a lo largo de los filmes (PanoArtBooks, 2022) ha agotado sus dos ediciones. Entre lo destacado de su discografía, podemos hallar Henry Dark (2009), de su anterior banda, HENRY DARK y el flamante LP, KISS my Covers (2024), donde tributa a KISS, la banda de su vida, de una manera muy particular. Guitarrista y cantante, otra de sus múltiples facetas es la de youtuber y redactor musical.
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