2112
10 de marzo de 1976
Mercury Records
“La suerte, la pintan calva”. Recuerdo que este refrán me hizo mucha gracia cuando lo oí por primera vez. Y más gracia me hizo la explicación de dicho refrán. Pero así estaban Geddy Lee, Alex Lifeson y Neil Peart cuando comenzaron a escribir el álbum, su carrera pendía literalmente de un fino cabello. Aunque supieron agarrarse a él y, no sé si gracias a la suerte, la providencia o al discazo que se sacaron de la chistera, conseguir el éxito que hace que, hoy día, estemos hablando todavía de 2112.
Rush comenzaba su carrera musical con su disco homónimo en 1974, disco que tuvo una acogida relativa, pese al éxito de “Working Man”, que sonó bastante en las radios de E.E.U.U. Con todo, la cosa se torció bastante con Caress of Steel (1975), que fue recibido con frialdad comercial y críticas confusas. Bueno, siendo claros, la crítica no sabía qué hacer con este disco. Era demasiado ambicioso para su momento, puesto que el álbum incluía dos piezas largas que ocupaban buena parte del metraje total “The Necromancer” casi 13 minutos y “The Fountain of Lamneth”, de casi 20 minutos).
Algo demasiado pretencioso para una banda que aún no tenía un público consolidado. Con este panorama, la discográfica presionaba para que el grupo simplificara su música. La lógica industrial pedía canciones más cortas, más accesibles, menos ambiciosas. Aunque Rush decidió hacer exactamente lo contrario. 2112 es una respuesta clara de los principios de la banda. “¿No querías caldo? Pues toma dos tazas”. La cara A del disco es una suite conceptual de veinte minutos, donde hallamos una obra de ciencia ficción filosófica sobre libertad individual, control cultural y resistencia creativa. Un acto de desafío artístico que, paradójicamente, terminaría salvando a la banda.
Décadas después, el propio Geddy Lee recordaría la situación con brutal honestidad. En entrevista con The Guardian (2018) explicó:
“We were prepared to go down with the ship, and we almost did.” [“Estábamos preparados para hundirnos con el barco, y casi lo hicimos.”]
Esa frase resume perfectamente el espíritu de 2112: un disco escrito con la convicción de que podía ser el último.
La pieza central del álbum, la suite “2112”, narra la historia de una sociedad futurista controlada por los “Priests of the Temples of Syrinx”, donde la creatividad individual está prohibida. Vaya analogía, ¿no creéis? El protagonista descubre una guitarra —un artefacto olvidado— y aprende a tocarla, intentando devolver la música a su mundo. La metáfora era transparente: la lucha del individuo contra la uniformidad cultural y, también, la uniformidad de la industria musical. Según explicaría más tarde el propio Lee en entrevistas retrospectivas, el concepto surgió en un momento de frustración creativa. El grupo sentía que la industria discográfica quería moldear su música en algo que no eran:
“‘2112’ is probably the most important thing we’ve ever written, because without that song, we probably would not have continued as a band.” [ “‘2112’ es probablemente lo más importante que hemos escrito, porque sin esa canción probablemente no habríamos continuado como banda.”]
No es una exageración dicha desde la cómoda perspectiva del éxito. En 1976, Rush estaba realmente en peligro de desaparecer.
Uno de los elementos que diferenciaba a Rush del hard rock de su época era la densidad intelectual de sus letras. Neil Peart, que se había incorporado a la banda en 1974, aportó una dimensión literaria inédita en el género. La historia de 2112 se inspiró parcialmente en la novela Anthem de Ayn Rand, aunque el propio grupo insistió siempre en que no era un manifiesto político literal. Años más tarde, Geddy Lee explicó cómo aquella inspiración fue malinterpretada en algunos sectores de la prensa:
“Part of the way we used Rand’s inspiration was defiantly anti-totalitarianism… we were never fascists.” [“Parte de la manera en que utilizamos la inspiración de Rand fue claramente antitotalitaria… nunca fuimos fascistas.”]
El disco
Durante décadas, algunos críticos acusaron al disco de promover ideas libertarias radicales, pero el propio grupo siempre insistió en que el mensaje era mucho más simple: defender la creatividad individual. Además, el contexto emocional tras la frustración de “Caress of Steel” también explica la intensidad de 2112:
“There was a lot of passion and anger on that record.” [“Había mucha pasión y mucha rabia en ese disco.”]
Esa energía se percibe en la propia arquitectura musical de la obra: riffs musculosos, cambios de tempo dramáticos, pasajes acústicos, sintetizadores tempranos y una narrativa que avanza como una ópera rock comprimida.
Si nos centramos en la suite, ésta se divide en siete secciones —“Overture”, “The Temples of Syrinx”, “Discovery”, “Presentation”, “Oracle”, “Soliloquy” y “Grand Finale”— que funcionan como capítulos de una historia distópica. En términos estructurales, era una apuesta arriesgada no lo siguiente en plena década de los setenta, cuando el rock progresivo ya empezaba a ser cuestionado por su exceso.
Con todo, Rush decidió redoblar la apuesta, equilibrando dos tradiciones aparentemente opuestas: la contundencia del hard rock y la complejidad del rock progresivo. Las guitarras de Alex Lifeson conservaban la agresividad de Led Zeppelin, mientras que las estructuras narrativas recordaban a Yes o Genesis. El resultado fue un híbrido muy particular: virtuoso sin ser frío, épico sin perder energía rockera.
Aunque la suite ocupa toda la cara A, el resto del álbum demuestra otra faceta del grupo. Canciones como “A Passage to Bangkok”, “The Twilight Zone” o “Something for Nothing” revelan un Rush más directo, pero igualmente ambicioso. Aquí el grupo experimenta con psicodelia, ciencia ficción y reflexiones filosóficas sobre el éxito y el fracaso. Una de cal y otra de arena, ya que el contraste entre ambas caras del disco funciona como un equilibrio perfecto: la narrativa conceptual frente al rock de canciones individuales.
10 de marzo de 1976, alea iacta est. Y al igual que Julio César cuando pronunció esta frase, nadie esperaba lo que iba a suceder, ni los propios miembros de la banda. 2112 se convirtió en el álbum que definiría la carrera del grupo. La reacción del público, la emisión en las radios universitarias de fragmentos de la suite hizo que las ventas crecieran lentamente hasta convertir el disco en el primer gran éxito comercial de la banda y con el tiempo, el álbum alcanzaría estatus multiplatino en Estados Unidos.
Sin duda, hoy no estaríamos hablando de Rush si no fuera por este disco, tal vez, uno de los momentos más importantes de la historia del grupo. En declaraciones recogidas en entrevistas posteriores, Geddy Lee llegó a afirmar que este álbum representaba uno de los pocos momentos en que sintió que la banda estaba trabajando “en la cima […]”.
Veredicto
Si nos centramos, ahora, en el legado de 2112, su impacto fue profundo. No solo salvó a Rush de la disolución, sino que abrió el camino a una serie de discos de culto como A Farewell to Kings (1977), Hemispheres (1978) y Moving Pictures (1981). Bandas de metal progresivo, rock alternativo e incluso metal técnico han citado el 2112 como una influencia clave, donde se mezcla narrativa conceptual, virtuosismo instrumental y energía rockera.
Hoy por hoy, 50 años después un álbum como 2112 nos puede resultar excesivo, aunque esta grandilocuencia podría resultar parte de su encanto. Este disco pertenece a una época en la que el rock todavía pretendía aspirar a ser la obra completa que propugnaba el Romanticismo, literatura, ciencia ficción y filosofía al mismo tiempo. Con todo, hoy sigue siendo un recordatorio de algo fundamental: que el arte más arriesgado a menudo surge cuando los artistas sienten que no tienen nada que perder.


Jordy Stanley. Profesor de Lengua y Literatura, historiador y freaky en general, posee diferentes obras de ámbito académico y divulgativo. Su último libro, Conan a lo largo de los filmes (PanoArtBooks, 2022) ha agotado sus dos ediciones. Entre lo destacado de su discografía, podemos hallar Henry Dark (2009), de su anterior banda, HENRY DARK y el flamante LP, KISS my Covers (2024), donde tributa a KISS, la banda de su vida, de una manera muy particular. Guitarrista y cantante, otra de sus múltiples facetas es la de youtuber y redactor musical.
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