Extremoduro – Agila: 30 años de la revolución del rock en español

Extremoduro

23 de febrero de 1996

DRO

Recuerdo la primera vez que escuché Extremoduro. Fue en una cinta de cassette que mi amigo David me había prestado, después de habérsela grabado un verano en su pueblo, Torrejoncillo del Rey (Cuenca). Por aquel entonces, los de Roberto Iniesta eran una banda de garito, de colegas, de cassette, más que un grupo que copara las listas o saliera en los medios. Pero a finales de febrero de 1996, todo esto cambió con Agila, un álbum que condensaría, quizá como nunca antes, la esencia de lo que el rock español podía llegar a ser: visceral, poético y sincero. La verdad es que Agila, palabra que significa “espabila” en castúo, el dialecto tradicional extremeño, espabiló a la banda y a todos nosotros con un disco que, literalmente, hizo añicos nuestro concepto de lo que era el rock español.

 

Publicado por DRO el 23 de febrero de 1996, el álbum fue grabado entre noviembre y diciembre de 1995 en los estudios BOX de Madrid bajo la producción del guitarrista Iñaki “Uoho” Antón, quien ya había colaborado con el grupo hacía tiempo y cuya influencia creativa empezaba a marcar de manera decisiva el sonido de la banda. Hasta ese día, Extremoduro ya había publicado cinco discos, pero seguían al margen de los focos mediáticos. Su estilo, autodenominado rock transgresivo, mezclaba letras explícitas, poesía callejera e historias de marginalidad, amor y desorden vital con una música que transcurría entre lo visceral y lo emotivo. Sin embargo, con el lanzamiento de Agila, el grupo logró el reconocimiento del gran público.

 

No fue un éxito de un día para otro, sino un proceso de crecimiento sostenido que culminó con ventas masivas, el reconocimiento de la crítica y un lugar permanente en la cultura popular. El disco alcanzó disco de oro en España en su año de lanzamiento y, en 1999, fue certificado como doble disco de platino al superar las 200.000 copias vendidas. Supongo que el hecho de formar parte de la B.S.O. de El día de la bestia (1995) de Álex de la Iglesia decantó en gran medida la balanza. Así pues, de sopetón, Extremoduro pasó a sonar en radios nacionales y formar parte de festivales, marcando un antes y un después no solo en su trayectoria, sino en la historia del rock español, con la prensa especializada volcada con el disco y con el fenómeno de masas.

 

 

Por otro lado, lo que hace tan especial a Agila no es solamente su impacto comercial, sino la combinación de elementos aparentemente contradictorios: letras poéticas cargadas de imágenes oníricas y cotidianeidad descarnada, junto con estructuras musicales que van desde riffs contundentes hasta pasajes más introspectivos. Esta mezcla se aprecia desde la primera escucha y se explica en parte por la estabilización de la banda y la consolidación de una formación sólida que incluía, además de Robe y Uoho, a Ramón “Mon” Sogas (bajo), Iñaki “Milindris” Setién (guitarra) y Alberto “Capi” Gil (batería). La producción de Uoho fue también un avance distintivo respecto a trabajos anteriores. Pasaron de grabaciones más crudas y espontáneas a un sonido más sólido, intenso y trabajado, sin perder la esencia visceral que caracterizaba al grupo. Esta nueva solidez se traduce en temas como So payaso, Sucede o Buscando una luna, donde la fuerza rockera se entrelaza con letras que parecen arrancadas de la vida misma, de las calles, del desasosiego y la fiesta.

 

En una reseña retrospectiva reciente perteneciente a Sputnikmusic, se señalaba que Agila:

“es un verdadero clásico del rock español de los 90, con una calidad que catapultó a Extremoduro al estrellato… un álbum con un sonido más poderoso e intenso, letras poéticas y casi ninguna canción superflua.” (Sputnikmusic, 26 de enero de 2024)

 

 

La frase es significativa porque sitúa al álbum como un referente no solo en la discografía de la banda, sino en toda una generación musical de la que, personalmente, me siento parte.

 

Sin duda, la vinculación con Iñaki “Uoho” Antón fue un tractor fundamental en el cambio de rumbo de Extremoduro. Su llegada, primero como colaborador cercano y luego como miembro de pleno derecho, permitió que el grupo abordara una producción más ambiciosa sin traicionar su estilo visceral. El álbum incorpora instrumentos poco habituales para la banda hasta entonces, como secciones de viento o piano, integrados de manera orgánica dentro de la poderosa base rockera que caracteriza al disco. Y pienso que esto es uno de los elementos que nos atrapó, de manera inconsciente, en su momento. Ya no todo era guitarreo, sino que con Agila Extremoduro te cantaba al oído” en un lenguaje y unas formas que eran vitales. Un claro ejemplo de ello fue “So payaso, [que] llegó a sonar en emisoras nacionales y su videoclip se difundió en televisión, algo que Extremoduro siempre miró con cierto recelo, pero que contribuyó a su popularidad masiva”. (Wikipedia).

 

Agila se convirtió en algo que enganchaba escucha tras escucha. Unas letras universales, la poesía de Neruda, historias que pertenecían a la calle, a una juventud que, en una sociedad del bienestar bastante acomodada, quería transgredir y luchar contra lo establecido. Todo ello hacía que Extremoduro fuera un ingrediente esencial para muchos de nosotros y que sus canciones se convirtieran en himnos nocturnos, tanto de alcoba como de fiesta. MondoSonoro (2021), ya lo decía en su artículo especial para el 25 aniversario del álbum:

 

el público que descubrió a la banda con este disco se apresuró a devorar los cinco anteriores, mientras Extremoduro ya no solo sonaban en los garitos, sino en radios, fiestas populares y discotecas.

 

En este sentido, la valoración crítica a largo plazo no ha hecho más que confirmarse con los años. La prestigiosa revista Rolling Stone lo ha ubicado entre los mejores álbumes del rock español, llegando incluso a considerarlo una obra maestra dentro del contexto nacional. Incluso para El País (2025), Agila figura entre los mejores discos españoles de los últimos cincuenta años.

 

 

Pero más allá de valoraciones técnicas, Agila sigue siendo recordado por sus letras. Robe Iniesta logró, una vez más, fusionar integridad poética con crudeza popular y presentar imágenes que evocan el desengaño, la fiesta, el amor, la duda y la autoafirmación. Volviendo a canciones como Sucede y Buscando una luna, éstas muestran una sensibilidad que, aunque visceral, está cargada de significado. La jornada emocional del álbum oscila entre la rabia poética de So payaso o Correcaminos y los pasajes más contemplativos de otros temas, sin perder nunca su identidad personal. No nos olvidemos de Me estoy quitando, que redondea y da esencia al álbum. Sin duda, Agila representa un momento en que Extremoduro trascendió su propia marginalidad inicial para convertirse en referente de una generación y en influencia para muchos músicos posteriores. Aún así, Agila ha trascendido más allá de su generación y de su momento.

 

Veredicto

La verdad es que recuperar Agila para este artículo ha sido, quizá, el ejercicio más emocional de los que he realizado para Stairway to Rock. Cuando un álbum sobrevive tanto tiempo en la memoria y sigue sonando en tu interior con la misma fuerza, no es solo por nostalgia, es porque su significado ha cruzado la barrera de lo inmediato. Si esto solo me sucediera a mí, podría ser ‘una flor que no hace primavera’, pero creo que muchos de los que habéis llegado hasta este punto en vuestra lectura compartís esta idea. Porque ya no es, única y exclusivamente, algo generacional, algo que sientes porque viviste el momento.

 

Pienso que cualquiera que haya sentido este disco, en la época en que lo haya encontrado, lo ha hecho suyo y lo ha ahondado en lo más íntimo de su ser. Para mí, treinta años después, escucharlo es recordar una época intensa del rock español: una época de riesgo, de actitud y de letras que, más allá de lo estilístico, hablaban de vidas reales, de contradicciones personales, de libertad y de un lenguaje tan honesto como descarnado. Pero también un momento de juventud, de ir por aquí y por allá, buscándome a mí mismo, pero sabiendo “que tengo una estrellita pequeñita pero firme”. ¡Gracias Robe por tus letras, por tu música, por los momentos!

 

Please follow and like us:

Descubre más desde Stairway to Rock

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja una respuesta