80/100
Sumerian Records
23 de enero de 2026
Con Empty Hands, Poppy no publica simplemente un nuevo disco, si no que firma una radiografía bastante precisa del metal (y del pop) en 2026. Un álbum que no busca escandalizar, eso ya quedó atrás, sino normalizar la hibridación como lenguaje artístico. Aquí no hay provocación gratuita, sino control, visión y una artista plenamente consciente de su lugar en la evolución de la música pesada contemporánea.
Desde el inicio con “Public Domain”, queda clara la intención: producción pulida, base industrial fría y una voz que se mueve entre la distancia emocional y la amenaza contenida. Poppy entiende el metal actual no como un muro de distorsión constante, sino como un juego de tensiones: silencio contra impacto, dulzura contra violencia, pop contra core.
Uno de los grandes méritos del disco es su coherencia interna pese a la diversidad estilística. Temas como “Bruised Sky” y “Guardian” apuestan por estructuras más cercanas al alternative metal moderno, con riffs contenidos, grooves mecánicos y un enfoque muy alineado con las tendencias actuales donde el core (en todas sus mutaciones) lidera la conversación sonora. No hay herejía aquí: hay comprensión del momento histórico.
En el plano vocal, Poppy vuelve a demostrar que su rango es una de sus armas más infravaloradas. Puede sonar frágil y casi infantil en “Constantly Nowhere”, mutar hacia una expresividad melancólica en “Unravel”, y volverse cortante, casi hostil, en “Eat the Hate”, uno de los cortes más directos y agresivos del álbum. No necesita recurrir constantemente al grito: cuando lo hace, es funcional, no ornamental.
El disco también se permite espacios más introspectivos y atmosféricos. “Dying to Forget”, “The Wait” o “If We’re Following the Light” exploran territorios cercanos al loungecore y al pop oscuro, demostrando que la pesadez emocional puede ser tan efectiva como la sonora. Aquí Poppy conecta más con el mood que con el impacto, algo que define buena parte del metal alternativo actual.
Desde una perspectiva más amplia, Empty Hands, funciona como síntoma de una era: el metal ya no vive de etiquetas cerradas ni de purismos. El core, el industrial, el pop y la electrónica conviven sin complejos, y artistas como Poppy son clave para entender por qué las nuevas generaciones no ven contradicción alguna en ello. Este álbum no empuja fronteras como lo hicieron sus trabajos más rupturistas, pero consolida un camino.
En definitiva, Empty Hands, es un disco sólido, bien producido y conceptualmente claro. No es el más extremo ni el más accesible de su carrera, pero sí uno de los más equilibrados y representativos del metal híbrido actual.
Mi nombre es Irene, y todo el mundo me conoce por mi apellido Kilmister adquirido por el que ha sido y será mi mayor ídolo en esta vida. Lo cierto es que yo empecé en esto de la fotografía sin pensarlo mucho. Era la típica amiga de la cámara, pero de que me quise dar cuenta me propusieron entrar a colaborar en un medio profesional en 2017 y desde ahí he pasado de ser esa amiga de la cámara a evolucionar y coinvertirme en lo que conocéis ahora.
Apasionada de la música en todos sus géneros y amante de la lectura y los conciertos, aunque mi verdadera profesión no tenga nada que ver con todo esto.
Descubre más desde Stairway to Rock
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.




