Cine Rockero: Don’t Torture a Duckling

Don’t Torture a Duckling (1972)

Director: Lucio Fulci

Productora: Producciones Italianas

Año de estreno: 1972

¿Quién puede matar a un niño?, se preguntaba el gran Narciso Ibáñez Serrador en su obra maestra de 1976… pues ciertamente el asesino de la que, según el mismísimo Fulci, es su obra maestra. Nos encontramos en Accendura, una pequeña villa al sur de Italia, donde tres chavales están haciendo tropelías, como fumar cigarrillos o meterse con el tonto del pueblo, quien está espiando a dos prostitutas que tienen relaciones con hombres locales.

 

Mientras tanto, en las colinas circundantes, la bruja Maciara (enorme Florinda Bolkan, quien ya protagonizó la anterior A Lizard in a Woman’s Skin) está realizando rituales de magia negra, con los restos de un infante y agujereando con chinchetas las cabezas de tres muñecas de arcilla, como si fuera vudú.

 

La histeria colectiva se desata cuando empiezan a fallecer niños, varios de los cuales juegan a futbol en la iglesia que lleva el cura Don Alberto Avallone (Marc Porel está genial).

Lucio Fulci: la crudeza del terror folklórico

Además de la policía, aparece para investigar desde Roma el periodista Andrea Martelli (Tomas Milian), quien se hace amigo de la antaño reportera Patrizia (hechizante Barbara Bouchet). Esta ha abandonado Milan después de tener adicciones y no termina de encajar en el campo, además de ser aficionada a las artes oscuras y engatusar burlonamente a varias de las víctimas.

 

Resultó muy polémico el retrato de la religión y la superstición rural, en un país tan católico. Por no hablar del bestial linchamiento de varios hombres a Maciara, quien termina falleciendo al lado de la carretera, sin que nadie la socorre.

 

El muñeco del pato Donald, que Patrizia le regala a la niña sorda con retraso mental, recuerda al perturbador graznido del asesino de la brutal The New York Ripper (1982). Fruto del trauma e incapaz de expresarse con palabras, la pobrecita le quita la cabeza a sus muñecos, como si imitara los crímenes que ha presenciado, en una inocencia sacrificada.

 

Por otra parte, de Lucio también recomiendo encarecidamente su trilogía zombie de las Puertas del Infierno, muy del universo cósmico de Lovecraft, en especial el terror sobrenatural de The Beyond (1981). Es evidente la influencia de esta obra en varias posteriores de terror folklórico.

 


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