Crónica de Satanic Surfers en Barcelona

Satanic Surfers + Global Discontent + Woodchuck

20/01/2026

BARCELONA – Sala Upload

HFMN Crew

Me sumergí en el sudor de la Sala Upload como quien busca un bautismo urgente en una catedral de asfalto, cerveza caliente y distorsión, entrando con el hambre de quien sabe que el fin del mundo ya pasó y que solo nos queda el ruido para seguir respirando; las paredes del refugio subterráneo del Poble Espanyol temblaban como si tuvieran cuentas pendientes con el amplificador mientras Barcelona se preparaba para una descarga de punk rock sin concesiones.

Woodchuck

Woodchuck abrieron fuego con puntualidad eléctrica y sin perder el tiempo declararon la guerra desde el primer segundo: “Flesh Burger” fue el disparo inicial que nos arrastró al centro de la pista como animales hambrientos, seguido de “Blind Allies” y “Bad Trip”, trallazos que convirtieron la sala en un hervidero de pogos y sudor. Supieron tensar y soltar la cuerda con “At The End You Died” y “Stage”, demostrando que la melodía también puede morder, antes de partir mandíbulas con “FWCK” y hacer delirar a la multitud con una “Invisible Crowd” coreada a pulmón abierto.

 

 

Cuando anunciaron que quedaban dos, no hubo escapatoria: “Nobody Knows” nos hizo saltar como si el suelo ardiera y “Fucktory” cerró su asalto como una apisonadora, dejando la sangre caliente y el cuerpo listo para lo que venía después.

Global Discontent

Entonces llegaron Global Discontent, los de Badalona, que no salieron a tocar: salieron a morder el escenario con una rabia renovada, una nueva formación sacando chispas del suelo y dejando claro desde “No Turning Back” que aquí no existe la marcha atrás. Me dejé la garganta en “Misery Kid” y “Separated Ways”, disparos melódicos en plena noche, antes de zambullirme en las entrañas de Ten Years Since The End Of The World: el orgullo callejero de “Created in Barcelona”, la asfixia de “Artificial” y “Kenopsia Is Killing Me”, y el pogo convertido en remolino de sudor y redención con “Don’t Ever Leave Your Band Alone” y la ironía venenosa de “I Was Just Taking A Nap”.

 

 

El bajo me golpeaba el esternón en “Take Me Away” y “Punk Frustrated”, recordando por qué seguimos aquí, apretados contra las vallas, hasta entender con “Losing The Battle” y la hondura abismal de “Bottomless” que Global Discontent no son solo supervivientes de una década, sino el pulso herido y vital de una escena que esa noche, en la penumbra de la Upload, gritó más fuerte que nunca que el punk sigue siendo la única respuesta honesta al caos.

 

Precisamente aquella noche gélida de enero de 2026 crucé la puerta del recinto con el cuerpo tenso y la memoria ardiendo, como quien vuelve al lugar de un crimen para asegurarse de que esta vez sí habrá justicia. El aire pesaba, denso, cargado con la rabia que se nos quedó atrapada en el pecho desde aquel fatídico 10 de mayo de 2025 en el Parc del Turonet; todavía podía oler el barro y sentir el frío de la lluvia miserable que nos robó la descarga prometida en el Altimira Fest de Cerdanyola.

Satanic Surfers

Venía con esa herida abierta, con esa sensación de deuda pendiente que solo el punk, cuando es honesto y brutal, sabe saldar. Y los suecos no tardaron ni un segundo en hacerlo: Satanic Surfers no regresaron para pasar lista ni para vivir de la nostalgia, regresaron para prenderle fuego al pasado y exorcizar cada gota de agua caída con sudor, velocidad y fe distorsionada.

 

 

Desde el primer instante, aquello fue una declaración de guerra. En el epicentro exacto del caos, Rodrigo Alfaro reclamó su lugar como si el tiempo no hubiera pasado jamás, subido de nuevo al trono que forjó en los noventa, desdoblando cuerpo y alma en un milagro de la física punk. El arranque con “The Usurper” fue demoledor: sus manos disparaban blast beats que estallan como látigos eléctricos en nuestras sienes, precisos y salvajes, mientras los pies sostenían un pulso cardíaco acelerado a base de redobles quirúrgicos, frenéticos, inhumanos.

 

No había hueco para el descanso, no había espacio para el error. Y, como si eso no fuera suficiente, de su garganta emergía una voz clara, melódica y combativa, intacta en medio de la tormenta, dando sentido narrativo al ruido en una proeza de resistencia donde pulmón, músculo y convicción se fundían en un solo grito sostenido contra el mundo. A su espalda, la doble guardia de guitarras formado por Magnus Blixtberg y Max Huddén afilaba riffs como cuchillas oxidadas, cortando el aire y levantando ese muro de melodía y velocidad que es la firma eterna de la banda, una pared sonora que te empujaba hacia delante aunque quisieras retroceder.

 

A pocos metros del abismo, Andy Dahlström se transformó en el maestro de ceremonias del descontrol, un imán humano que arrastraba a las primeras filas con cada nota gorda y vibrante del bajo. Su energía era inagotable, contagiosa, casi peligrosa: nos señalaba, nos gritaba, nos invitaba a devorar el escenario mientras caían como martillazos “Catch My Breath” y la punzada emocional de “Wishing You Were Here”, que golpeaba directo en la nostalgia sin perder ni un gramo de mala leche. Con “Puppet” y “Madhouse”, la sala ya era una caldera a punto de estallar, y Andy se asomaba al borde del foso, rompiendo la última barrera entre banda y público, fundiéndose en un mismo sudor, en una misma respiración agitada, en una misma necesidad de ruido.

 

 

El clímax emocional llegó cuando, de repente, Andy dejó el bajo en suspenso durante un segundo eterno y detuvo el tiempo con una pregunta que nos atravesó a todos: cuántos de nosotros habíamos sobrevivido al barro, al frío y al cielo roto del Altimira Fest. El gesto fue simple, pero el efecto fue devastador. Un bosque de manos se alzó al unísono, más de media sala gritando “yo estuve allí” con una mezcla de orgullo, rabia y redención que retumbó como un trueno bajo techo. Fue la señal definitiva. “Hero of Our Time” estalló como una absolución colectiva, desatando la locura absoluta y borrando de golpe aquella tarde lluviosa que tanto dolía recordar. A partir de ahí, todo fue una ráfaga imparable de clásicos: “Before It’s Too Late”, “Tribute” y la rabiosa “Egocentric” cayeron una tras otra como puñetazos bien dados, sin margen para la respiración ni para la reflexión.

 

Los pogos dejaron de ser simples choques de cuerpos y mutaron en algo casi místico, un remolino de carne, euforia y sudor donde la vieja guardia que vio nacer a la banda se abrazaba a empujones con los millennials que quizá los descubrían esa misma noche. En temas como “Going Nowhere Fast” y “Got to Throw Up” quedó claro que el skate punk no es una postal amarillenta ni un recuerdo de adolescencia, sino una llama viva que sigue quemando con la misma intensidad, ajena al calendario y a las modas. El tramo final fue directamente un incendio sin control: la luminosidad casi irónica de “Sunshiny Day” chocó de frente con la agresividad de “Don’t Skate on My Ramp” y el himno incontestable “Truck Driving Punk”, mientras la sala ya era un solo cuerpo saltando, gritando y empujándose hacia la catarsis final. Con “The Treaty and the Bridge” y “Armless Skater”, Rodrigo alcanzó un plano sobrenatural, manteniendo la técnica intacta y la voz firme tras más de veinte canciones de castigo físico, como si el cansancio fuera un concepto ajeno a su diccionario.

 

Cuando cerraron el asalto principal con la pregunta existencial de “Why?”, sentí que aquello no era un final, sino una pausa dramática antes del golpe definitivo. El regreso al escenario para rematar con “Head Under Water” fue el bofetón final, el empujón necesario para hundirnos del todo en la gloria y dejarnos sin aire, felices y exhaustos. Cada tema fue un amén compartido, una liturgia punk celebrada a gritos, una resurrección colectiva que por fin cerró la herida abierta por la lluvia de Cerdanyola. Salí a la noche de Barcelona con el cuerpo destrozado y el espíritu intacto, convencido de que, en pleno 2026, la fe en Satanic Surfers sigue siendo uno de los motores más salvajes y honestos para incendiar el invierno y recordarnos que, mientras exista este ruido, todavía hay algo por lo que luchar.

 


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