Lecturas universales: «El teléfono de Dios» de Francesc Miralles

Autor: Francesc Miralles (con colaboración de Adriana Hernández y idea original de Marc Vives)

Editorial: IKIBOOKS (Editorial Vanir)

Año de publicación: 2025

Estas Navidades mi madre me regaló El teléfono de Dios, un libro que ya desde el propio título prometía, como mínimo, resultar interesante. En mayor o menor medida, todos trabajamos el tema de la espiritualidad y el sentido de la vida. Mi madre, que me vio atravesar una etapa algo bajita, decidió apostar por un libro de crecimiento personal y reflexión, y la verdad es que todo un acierto.

 

Francesc Miralles se ha ganado un nombre propio no solo como escritor, sino también como divulgador a través de charlas, podcasts y contenidos centrados en el desarrollo personal. Su discurso suele ser cercano, empático y reconfortante, algo que se refleja claramente en esta obra. El teléfono de Dios es un libro que se lee con facilidad, pero que al mismo tiempo invita a parar y pensar, algo que no siempre es fácil de conseguir.

 

La historia me recordó en cierto modo a Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom, tanto por su tono como por su estructura. El libro se centra en la vida de un joven que se siente perdido, apagado, sin un propósito claro. Vive atrapado en una especie de inercia vital, desconectado de sus deseos y de su entorno, hasta que un día, de manera casi casual, se topa con un número de teléfono que, supuestamente, pertenece a Dios.

 

A partir de ese momento comienzan una serie de conversaciones que funcionan como pequeñas parábolas modernas. En ellas se abordan temas tan universales como la soledad, el trabajo, la amistad, los hobbies, la esperanza, las relaciones amorosas o el cuidado de la familia. En el fondo, todo gira alrededor de la gran pregunta que atraviesa el libro de principio a fin: la búsqueda de la felicidad. Una palabra enorme.

 

A medida que avanza la historia, vemos cómo el protagonista va saliendo poco a poco de su burbuja, de ese bucle de nubarrones y grises en el que estaba atrapado. Empieza a abrir los ojos, a reconectar con pequeñas cosas que había olvidado y a descubrir nuevos aspectos de su vida que le resultan agradables y significativos. El cambio no es brusco ni milagroso, sino gradual, humano y creíble.

 

Es una historia muy agradable de leer y, en muchos momentos, bastante instructiva sobre la vida. Además, tiene una carga emocional que conecta fácilmente con el lector. Es un libro ameno, entretenido y que te hace pensar. Eso sí, siendo honesto, algunos de los temas tratados me han parecido algo banales o abordados con cierta superficialidad. Sin embargo, otros pasajes me han resultado realmente interesantes y me han hecho darles más de una vuelta en la cabeza, incluso días después de haber cerrado el libro.

 

En definitiva, El teléfono de Dios no pretende dar respuestas absolutas, sino acompañar al lector en un momento de reflexión. Y, a veces, eso es justo lo que más se necesita.

 

 


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