Entrevista a Leslie de Los Sirex (Parte 3): ‘Me han ofrecido hacer gira de despedida, pero yo no lo veo’

En esta tercera entrega de la larga entrevista al gran Leslie de Los Sirex ahondamos en la gira acompañando a Marisol e incluso la decisión que llevó al cantante a abandonar la formación. La reunificación del grupo vendría de la mano del gran Gay Mercader en ese famoso Cocodrilo. Y el éxito fue tal… que tuvieron que repetir. También aborda la difícil gestión de ser padre y estrella del rock, pues Los Sirex llegaban a tocar hasta dos y tres veces al día.

 

Dentro de nombres míticos también, como comentabas antes, cuando nos conocimos, estaba la gira por Sudamérica con Marisol.

 Eso fue un lujo. En el año 70 nos llevaba Lazo de la Vega, y Lazo montó una gira por toda Sudamérica con Pepa Flores. Entonces había que buscar un grupo que la acompañara y que también interpretara junto con ella lo que era el show. Porque, como buen manager que era, cuando todo era más justo de presupuesto, más cosas pasaban. En vez de montar una orquesta grande, lo hicimos sencillito.

 

¿Y qué quiero decir con sencillo? Que Los Sirex salíamos y acompañábamos el show. Te explico: en todas las parrillas y terrazas de los grandes hoteles de Sudamérica, que allí estaba muy de moda, había la actuación de Marisol acompañada por un grupo, Los Sirex. Además, hicimos televisión y más cosas, porque si te explico quién era Marisol en América… no te lo creerías. Imagínate lo máximo de lo máximo: querida, respetada, admirada. Cuando llegamos a México, todo el aeropuerto estaba decorado con flores porque un fan de Marisol, que era florista, llenó el aeropuerto de flores para ella.

 

Con esto empiezo a darte una idea de quién era Marisol en América. En total, hacíamos el repertorio de canciones de Fernando Urbés y algunas otras como “Mami Panchita”, y así. Entonces salíamos Los Sirex, hacíamos 20 minutos, metíamos nuestros rollos, nuestros pasitos… Nuestras cuatro canciones. Entonces yo presentaba a Marisol, nuestra gran estrella. Salía Marisol y empezaba a cantar aquí y allá, y yo estaba con el micrófono en un rincón, cantando con ella. Sería una canción, juntitos, sobre el amor y el desamor.

 

Nos fuimos por un mes; habíamos firmado para tres semanas, pero acabamos estando tres meses. Al mes y una semana, llamé a mi mujer y me colgó el teléfono. Insistí, y me volvió a colgar. Entonces lo tuve claro: yo me iba a España. Le dije a Lazo de la Vega que mirara qué pasaba, y me dijo que estábamos ganando dinero allí, trabajando mucho, y ahora que estábamos ganando pasta… que no podía irme.

 

Le había dicho a mí mujer que estaríamos tres semanas y llevábamos un mes y medio. Estaba loco por volver, así que decidí que me iba. A mis compañeros no les decían nada, estaban todos encantados; cobraban en dólares y coleccionaban recuerdos. Fui a hablar con mi mujer, y le expliqué la situación a Marisol, y que lo sentía mucho. A la Marisol ya le había explicado todo, y como mi mujer estaba embarazada, lo entendió. Llegué a Barcelona en Julio, y el 1 de septiembre, nació nuestra hija Eva, la mayor de mis dos hijas.

 

En resumen, estuvimos casi tres meses recorriendo toda Sudamérica, con un éxito grandioso en todos los países. Cuando volvimos, pensé que era el momento de dejarlo, no porque estuviera cansado o hubiera pasado algo, sino por otras razones personales. Había un movimiento generacional: los grupos iban para abajo y los solistas iban para arriba. Era la época en que Julio Iglesias, Raphael, Camilo Sexto, Nino Bravo… todos estaban subiendo, subiendo, subiendo… aunque después se estancarían.

 

Yo pensé que era el momento de dejarlo. En esta vida hay que saber retirarse a tiempo, antes de que te echen. Decidí dejarlo. Fue entonces cuando los padres de mi mujer tenían un chiringuito en la Barceloneta y me ofrecieron trabajar allí. Estaba más feliz que un ocho, porque estaba en casa, había nacido mi hija y la vida da muchos cambios.

 

 

Y era 1971, y yo que me vuelvo de América a finales de julio. Todavía terminamos el año, con las galas que teníamos sueltas allí, y el día de San José del 71 —que era el santo de Pepa —hicimos doble concierto; porque Los Sirex somos el grupo de los dobletes y tripletes. Tocamos en varios sitios. Allí estaban todos los amigos y me despedí. Cuando llego a casa, que era a las cuatro de la mañana, le digo a mi mujer, a la Pepa: “He dejado los Sirex”. Y me dice: “No te lo crees tú ni loco”. Pero al otro día, por la mañana, que yo estaba sobado… me despierta y dice: “¿Es verdad que has dejado los Sirex? ¿Es verdad que has dejado los Sirex?”.

 

Desde hace décadas, hay bandas que dicen “nos despedimos”, hacen la gira de despedida y luego dicen… “bueno, lo hemos repensado”.

No, yo lo tenía claro. Pero no lo dije delante del público, no dije que era el último concierto. No, yo dije: “Los Sirex, hasta aquí. Se ha acabado”. Entonces, en el 78. O en el 77, me viene a ver al restaurante Gay Mercader, y como todo productor avispado, me dice que tenemos que volver. Y yo no les veía ni nada al resto del grupo. El único que venía al restaurante a comer allí era Luis, la batería, que siempre ha tenido un morro que se lo pisaba, y venía cada semana a comer. Total, que no teníamos ningún rollo, no nos veíamos, y cada uno vivía su vida. Pues nada: “Llámalos que hay que volver a montar esto”, me dijo Gay Mercader.

 

Entonces montamos el grupo e hicimos el famoso Cocodrilo, que, en vez de un día, lo tuvimos que hacer dos, por el éxito que tuvo. Y ese éxito, es que se veía venir… Y del 78 hasta hoy, de esto hace 47 años. Y entonces, los representantes, que son todos muy listos —y no quiero ofender a nadie, pero la mayoría lo son….—, para ganar dinero nos han propuesto hacer una gira de despedida, por los años que ya tenemos. Pero bueno, los Chunguitos llevan cinco años despidiéndose… Y oye, que me parece perfecto. Ya me han dicho de hacer una gira de despedida: y yo no la veo. Y me han dicho de hacer la última actuación de Los Sirex… y tampoco lo veo.

 

¿Qué quiero decir con esto? Que el día que no tenga ilusión por cantar, el día que vea que con mis compañeros no hay buen rollo, porque nos estamos haciendo mayores, que estamos cansados, o cualquier cosa… pues cojo y me quedo viendo a Colombo en la tele a ver si le ha salido una mancha nueva a la gabardina. Y paso de todo y, lo mismo que empezó, esto se acaba. Pero eso de que ahora nos vamos y ahora venimos, no está en mi rollo.

 

 

Una de mis bandas favoritas de siempre son Los Suaves. Y ellos tienen una plaza, y creo que en Barcelona debería haber la plaza de Los Sirex. Yo creo que con el tiempo vais a merecer, como mínimo… una plaza.

 Nosotros siempre hemos tenido esta intranquilidad y estas ganas de componer y de tener nuestro sello propio personal. Y lo hemos conseguido, pero porque, además, el rollo es que estábamos en una editorial, no en una casa de discos, era una editorial. Luego, cuando nos cogió Ariola, y ya fue otro rollo, porque nosotros ya queríamos poner nuestros temas en los discos.

 

A ver, ¿cómo puedo yo hoy, antes de irme a hacer una entrevista para Radio Aragón —porque hay un grupo que se llama Los Bengala que han grabado una canción mía, que esYo Grito, ¿cómo puedo no sentir orgullo? El Yo Gritolo han grabado estos niños, Los Bengala, y está petando a tope. Esa canción tiene 63 años; la compuse con 18 añitos. Y el “Yo grito”, el “Quiero que lo pases bien”… es que no pararía de nombrarte canciones que componíamos nosotros… Pero la discográfica no nos las metía en los discos, no les interesaba.

 

Querían supositorios de otros colores, ¿entiendes? No hasta que pudimos poner nuestras canciones, y ahí es donde empezaron a pasar cosas. Y este es el gran secreto: cuando yo veo a Los Bengala, que me escribieron para decirme “te agradecemos mucho las palabras que has dicho por la radio, felicitándonos por “Yo Grito”, ¿cómo no voy a felicitar a un grupo de gente joven que canta una canción que hace 63 años que escribí yo en aquella playa de Calella? Yo tengo que estar muy contento y muy feliz.


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