Matteo habla sobre su álbum Route 96, la colaboración con Steve Vai en “Solar Wind”, la fusión de estilos musicales, la rehacía de “The Chicken” con Valery Stepanov y su experiencia en la gira por Estados Unidos, destacando la convivencia y conexión con su equipo.
Buenas tardes Matteo. Soy Jordi Tàrrega desde Barcelona y Yolanda Sabater desde Canterbury, ambos escribiendo para Stairway to Rock en España. Antes que nada, queremos darte las gracias por esta entrevista y felicitarte por tu nuevo álbum Root 96.
Muchas gracias.
¿Podemos preguntarte dónde estás ahora mismo?
Ahora mismo estoy en Sicilia, descansando un poco. Marzo está libre de conciertos, este mes no tengo que viajar, y después empezaré la gira europea a partir del 9 de abril, que será el primer concierto. Luego iremos por Italia, Alemania, Reino Unido y básicamente toda Europa.
Y Barcelona.
España también, sí, estaré allí.
Genial. ¿Cuál está siendo la reacción del público al álbum desde que se ha publicado? ¿Sueles leer los comentarios?
Sí, quizá demasiado, pero hasta ahora la reacción ha sido muy buena. Si me interesa y siento que es agradable escucharme, entonces está bien, pero no suelo escuchar mucho mi propia música; una vez que sale, ya está, y prefiero escuchar otras cosas. Aun así, estoy más satisfecho con este disco que con el primero. Creo que es una evolución del anterior, así que estoy bastante contento con el resultado y espero que a la gente le guste.
El álbum se llama Route 96. Supongo que te inspiras en los viajes por carreteras americanas y también en el año de tu nacimiento, ¿es correcto?
Sí, es la fecha de mi nacimiento, soy de 1996, y además hay una broma interna entre nosotros durante la grabación del disco: grabé todo a 96 kHz, simplemente porque recuerdo que Steve Vai me comentó que él graba todo a esa frecuencia en sus interfaces de audio, y pensé que sería buena idea hacer lo mismo con mis proyectos. Así que hay varias razones, pero la principal es que nací en 1996.
Es parecido a cuando grabas con una determinada tasa de fotogramas por segundo; con los kHz pasa algo similar: cuanto mayor es la frecuencia, mejor es el audio. Claro, aunque también implica ocupar más espacio en el ordenador. Hay canciones que llegan a ocupar cinco o seis gigabytes, solo una, porque grabé muchísimas guitarras. Pero sí, en parte lo hice porque Steve Vai utilizaba esa configuración.
Además, Steve Vai participa en la primera canción, “Solar Wind”, lo que supone un comienzo increíble para el disco.
Sí, es un gran tema y Steve hizo un trabajo increíble. Fue una de las primeras canciones que escribí, y aunque al principio no pensé en él, cuando la terminé y la volví a escuchar, lo primero que se me vino a la cabeza fue que Steve estaba ahí.
Pensé que un guitarrista como Steve Vai encajaba perfectamente con el estilo de la canción, así que estoy muy contento de que participara.
Quería decir también que mi canción favorita es “Isla Feliz”; creo que fue el primer single.
Sí, salió en enero.
Me preguntaba cómo surgió la colaboración con Steve, porque lo imagino como alguien que suele rechazar este tipo de propuestas.
Bueno, en realidad es bastante conocido por colaborar con otros músicos; es muy curioso con los nuevos guitarristas y, por ejemplo, ha trabajado con gente como Polyphia. Aun así, es una persona muy ocupada y no puede aceptar todo. Para mí ya fue un honor que le gustara la canción, pero además decidió participar, grabó el solo y fue fantástico. Cuando invitas a alguien así, intentas componer algo en lo que se sienta cómodo, así que busqué ritmos irregulares, en la línea de Frank Zappa, combinados con guitarras más cercanas al metal, algo muy de su estilo. También me sorprendió lo rápido que lo grabó: en un mes ya tenía su parte lista, incluso estando de gira.
El álbum mezcla muchos estilos, y al escucharlo siento algo especial. A veces me recuerda a Steve Hackett de Genesis, por esa capacidad de viajar entre sonidos de distintas culturas. Intento escuchar mucha música y absorber influencias, por eso no hay un estilo único en el disco. Prefiero esa fusión entre géneros, donde no es solo rock o jazz, sino una combinación de muchos sonidos. Temas como “Isla Feliz” o “Warm Sunset” tienen influencias latinas porque en esa época escuchaba mucho al Pat Metheny Group, especialmente discos como Still Life (Talking) o Letter from Home, que también incorporan esos matices.
Tenemos que hablar sobre «The Chicken», la canción que lo cambió todo. Y por supuesto tenía que estar en el disco, ¿no lo crees?
Sobre “The Chicken”, sinceramente ahora me aburre un poco tocarla, aunque es culpa mía. Quería tener una buena versión en Spotify, porque la primera que grabamos tenía muy mala calidad y además siempre sentía que podía tocarla mejor. Por eso decidí rehacerla para el disco, creando una versión de la que realmente estuviera satisfecho. Para ello invité al teclista ruso Valery Stepanov, un músico increíble que también me inspiró en su momento para desarrollar esta versión.
En su canal de YouTube había subido una versión aún más rápida que la mía, con un teclado impresionante, casi una versión fusión súper acelerada de “The Chicken”. Esa fue la que me inspiró a hacer una versión más rápida, pero con mi propio arreglo. Por eso decidí invitarle, como una especie de homenaje y agradecimiento. Hizo un trabajo increíble: su solo es fantástico y la parte de teclado también. Creo que ese era el elemento que le faltaba a mi versión, el componente armónico que normalmente tienes en un cuarteto. Por eso es uno de mis temas favoritos para tocar en directo, es muy divertido.
Probablemente se convertirá en un clásico dentro de mi repertorio.
Sí, ya es casi un clásico; es un estándar de jazz muy popular, aunque llega a ser un poco aburrido tocarlo siempre, porque es una de esas piezas que estudias en la escuela de música, igual que “Spain” o “Autumn Leaves”. Cuando la tocas en directo necesitas cambiar cosas, si no, te aburres fácilmente.
Vuelves ahora de haber estado de gira en Estados Unidos, ¿qué tal ha sido la experiencia por el Nuevo Mundo?
Sobre la gira por Estados Unidos, la única parte negativa fue la comida, porque es difícil comer bien allí, sobre todo viniendo de un país mediterráneo. No solo por salud, sino también porque influye en el rendimiento: si no te sientes bien, se nota en el escenario. Intentamos encontrar un equilibrio; me gustan las hamburguesas, claro, pero no puedes comerlas todos los días durante un mes. Lugares como McDonald’s están en todas partes, pero no puedes basar tu dieta en eso. Aun así, el resto de la experiencia fue increíble. Ahora viajamos con un equipo muy sólido: seis personas entre músicos y técnicos, y nos llevamos muy bien, lo cual es fundamental. Al final, el 90% de una gira es convivir y viajar juntos, y solo un 10% es tocar. Esa parte suele salir bien, aunque haya conciertos más inspirados que otros, pero lo más importante es rodearte de gente con la que tengas buena conexión.
Nanotecnóloga y química de formación y amante de la música como pasión. Me gusta la música en todas sus vertientes. Empecé tocando el violín y de la música clásica pasé al rock y al metal (mis primeras bandas fueron AC/DC y Mägo de Oz, por supuesto). No tengo muchas bandas predilectas, aunque Rulo siempre encabeza el podio. Helloween, Volbeat o Greta Van Fleet le siguen de cerca. Mis gustos han cambiado a lo largo de los años pero siempre abierta de mente, así que le doy al hard rock, al power, al death metal (melódico) y a todo lo que me haga descubrir cosas nuevas o me sepa impresionar.
Descubre más desde Stairway to Rock
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
