Entrevista a Manuel Seoane de DELALMA (Parte 1): “A cada personaje podría ponerle nombre y apellidos en mi vida real”

El pasado 6 de marzo de 2026, tuvimos el placer de reunirnos con Manuel Seoane, bellísima persona y excelso guitarrista, para hablar del nuevo disco de DELALMA, una obra llamada a marcar un punto de inflexión en el panorama de nuestro rock. Hablamos del proceso de composición, de la música y de la letra, de los múltiples cantantes que participan (y de los que no participan), de los futuros planes de directo y hasta del próximo disco de estudio. En esta primera entrega empezamos a desvelar lo que nos contó, centrándonos en el aspecto conceptual de Santa Compaña.

Comenzamos esta entrevista para Stairway to Rock con Manuel Seoane. Muchas gracias por recibirnos. Estamos aquí para hablar de esta nueva obra de DELALMA, que es realmente monumental. ¿Santa Compaña es un disco doble? Ya sé que comercialmente se presenta como dos discos, pero ¿cómo lo sientes tú? ¿Es un disco doble o dos discos distintos —Santa y Compaña—?

Para mí es una única obra. Si sale como disco doble es simplemente porque, cuando terminé todas las canciones, por duración no había otra opción que publicarlo en dos partes. Pero mi intención nunca fue hacer dos discos. Tampoco quería desechar ninguna canción, porque creo que todas representan y aportan al mensaje que queríamos transmitir con la historia que estamos contando. Así que ha sido más una necesidad que un capricho, una cuestión puramente física.

Entonces nos quedamos con Santa Compaña, que además suena más galego.

Sí. Te digo la verdad: yo no quería ponerle nombre al disco. Ha sido también una sugerencia del sello, Maldito Records, sobre todo para facilitar las cosas en la distribución y demás. Pero mi idea, ya desde el primer disco de DELALMA, era no poner nunca títulos a los álbumes.

¿No ponerles nunca nombre?

No. Creo que el propio nombre de DELALMA ya engloba muy bien cualquier mensaje que la banda transmite. Solo con poner DELALMA ya es suficiente.

Justamente ahora que mencionas el nombre, tenía una pregunta sobre el de la Santa Compaña. En este disco el concepto y la historia tienen mucho peso. A mí me interesa especialmente la dualidad entre El Mirlo y Lázaro, que en realidad son pulsiones dentro de una misma persona, con mucha carga simbólica. Pero lo que me resulta curioso es que, más allá de esa simbología —Lázaro: la resurrección; El Mirlo: la transición, la oscuridad, la música—, también hay un componente autobiográfico. El Mirlo es Lázaro y ambos son Manuel Seoane.

Totalmente.

Entonces, aquí viene la pregunta: la Santa Compaña, más allá de su componente simbólico relativo a las ánimas, ¿también tiene un reflejo autobiográfico? ¿Hay también un “ejército de almas perdidas” en tu propia biografía?

Todos lo tenemos.

 

A mí me viene muy bien esa idea de la Santa Compaña para comenzar a idear un disco. Necesito tener una visión: un edificio, un paisaje, algo que me sitúe y que me permita imaginar toda la escena alrededor. En el caso del disco anterior fue el Sanatorio de Cesuras, un edificio que era maravilloso hasta que lo rehabilitaron. Y en este caso ha sido el cementerio antiguo de Cambados, donde se rodó el videoclip de “Cosas por decir”.

 

Ese fue el primer impacto: cuando lo ves por primera vez dices: “ok, ya sé cómo va a ir esto, ya sé cómo voy a continuar la historia de DELALMA”. En el disco anterior el protagonista, Lázaro, se suicida —todo metafóricamente— para deshacerse de su lado oscuro, de su Mirlo. Y aquí imaginé, también de forma metafórica, cómo el personaje llegaba a esa procesión de almas que están en ese terreno intermedio, almas que dejaron cosas pendientes, peajes sin pagar.

 

En esa procesión se encuentra Lázaro con algunos personajes de su pasado, los mismos que lo llevaron hasta allí o que colaboraron en su locura. Aunque nunca desvelaré si realmente Lázaro se lo está inventando todo.

Además, nadie está muerto eternamente, como se dice en el disco.

Claro. Y luego está toda la simbología de Galicia, el misticismo, ese halo mágico que envuelve todo lo que forma parte de ella.

 

Galicia a mí me vuelve loco. Tiene una simbología enorme: la propia piedra, el mar… En fin, creo que hay muchos elementos muy potentes, y la Santa Compaña es uno de ellos. No sé si llamarlo leyenda, porque hay gente que asegura haberla visto, pero me parecía un buen escenario. Me lo imaginaba todo oscuro, con esa niebla… Muy Galicia todo. Me sentía cómodo imaginándome ahí para escribir.

 

Todos los personajes que aparecen son reales; todo es real. No hay maquillaje en las letras: todo lo que está ahí es porque lo he sentido así en algún momento, normalmente en momentos de vulnerabilidad. Y es tan real que incluso a cada personaje que aparece podría ponerle nombre, apellidos y cara en mi vida real. Todo tiene que ver con mi vida.

 

Lo que pasa es que lo sitúo todo en el entorno de Lázaro o del Mirlo, que en realidad somos la misma persona. O mejor dicho: son la misma persona que todos llevamos dentro. Es innegable. Todos tenemos nuestras miserias, cosas que ocultar o de las que avergonzarnos, pero forman parte de nosotros.

 

Ese es un poco el mensaje del disco: no puedes deshacerte de esa parte negativa de ti mismo. Todo forma parte de lo que somos, y es precisamente eso lo que nos empuja a intentar mejorar y a ser mejores personas. Al final, el mensaje de la obra es que hay que aprender a conocerse a uno mismo. Siempre desde mi punto de vista, claro, o desde lo que yo mismo voy aprendiendo con los años. Se trata de aceptarnos tal y como somos e intentar domar —que no eliminar— al Mirlo, porque siempre va a estar ahí.

Antes presentaba esta obra como “monumental”. Utilizo esa palabra con toda la intención. Cuando alguien visita una catedral puede entenderla como un todo. Pero también hay quien entra, ve una gárgola que le fascina y se queda solo con eso. El resto del conjunto le da igual. En la música pasa algo parecido. Hay gente que escucha, por ejemplo, “Pinball Wizard” de The Who sin saber nada de Tommy, y se monta su propia película: quizá imagina a un tipo en un bar jugando al pinball y listo.Cuando tú creas una obra tan ambiciosa, sabes que habrá oyentes que se sumergirán en toda la historia, en la complejidad del “monumento”, pero otros se quedarán con la “gárgola”: una canción concreta, una interpretación personal, al margen del concepto general. ¿Crees que eso también puede pasar con Santa Compaña? Y como creador, ¿qué crees que es mejor: que escuche el público cada canción de forma independiente o que la entienda dentro del conjunto de la obra?

Creo que las dos cosas son importantes. De hecho, lo más complejo de escribir algo así es conseguir que funcione en ambas direcciones. Por un lado, que cada canción sume a la historia que quiero contar; pero, por otro, que alguien pueda sacarla de ese contexto y llevarla a su propio terreno.

 

Por ejemplo, “En otra vida” cuenta una historia dentro del concepto del disco, pero perfectamente alguien puede hacerla suya y sentir que esa canción está escrita para una situación personal que está viviendo.

 

Y eso es maravilloso. También es lo más complicado de lograr, algo con lo que ya me encontré en el disco anterior. Yo tardo muchísimo en escribir las letras, porque no me gustan las letras demasiado explícitas, pero tampoco quiero sonar rebuscado o pedante. Intento encontrar un punto intermedio: un lenguaje que se entienda, casi de la calle, pero al mismo tiempo con un punto “poético” —lo digo entre comillas, porque no me considero poeta ni muchísimo menos—.

 

Parte de mi trabajo consiste precisamente en eso: primero contar lo que quiero contar dentro de la historia del disco y, después, intentar sacar esa canción del contexto del relato y preguntarme si sigue teniendo sentido por sí sola. Si sólo funciona dentro de la historia, entonces a mí no me vale. Necesito que la gente pueda coger esa canción y hacerla suya.

 

Es dificilísimo. Tú que escribes lo sabes: es complejo.

Por eso te lo preguntaba.

Claro. Y en algunas canciones creo que lo he conseguido mejor que en otras. También soy muy autocrítico y sé cuándo algo funciona más o menos. Siendo autocrítico, “Compaña”, que abre la historia y el disco, quizá es más difícil de sacar de ese contexto narrativo.

“Ausencia de luz”, en cambio, creo que funciona muy bien en ambos planos.

Sí, totalmente, esa es una canción que creo que lo consigue. Podría ser el último día de cualquiera.


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