Finalizamos con la entrevista a Manuel Seoane sobre Santa Compaña, el nuevo disco de DELALMA. Hemos dejado lo mejor para el final: hablamos de la salida de Ramón Lage, del “disco fantasma”, de la herencia de Mägo de Oz, de los próximos conciertos en el festival Z! Live y en la que fuera la sala Macumba (que le ilusiona especialmente) o del futuro disco de estudio de DELALMA. Y de Los Suaves, claro.
Hablabas antes de identidad propia, y creo que eso en DELALMA es muy importante. Ya son dos discos y se percibe una línea, una esencia clara. Pero es inevitable que el gran público te siga asociando con otras etapas de tu carrera, especialmente con Mägo de Oz. Mi pregunta es doble: ¿te molesta esa asociación? Y, por otro lado, dentro de DELALMA se ha dado algo curioso en este disco: habéis coincidido tres exmiembros de Mägo de Oz. ¿Eso lo habéis comentado entre vosotros?
No me molesta en absoluto. Mägo es una banda que llevo en el corazón. Ya lo dije cuando anuncié mi salida: es una banda que tengo tatuada en el corazón y que cambió mi vida, tanto a nivel personal como profesional.
Yo dejé la banda para centrarme en DELALMA, pero la relación sigue siendo buena. De hecho, ayer mismo estuve hablando con algunos de los chicos para desearles suerte de cara a su concierto de mañana. Así que, al contrario: es parte de mi vida, y es normal que salga en las conversaciones.
En cuanto a lo otro, con José, por ejemplo, yo no coincidí en Mägo de Oz. Y tampoco hablamos mucho de eso. Lo mismo pasa con Patricia. Cada uno tiene sus propias vivencias dentro de la banda y, un poco por respeto, preferimos no entrar ahí. Hay gente que salió mejor, otros peor… pero ahora lo importante es que estamos trabajando juntos en este proyecto.
Además, yo no soy una persona a la que le guste escuchar hablar mal de nadie, ni ponerme a hablar mal de otros. Tampoco tengo motivos para hacerlo. Creo que hay un respeto total por parte de todo el mundo. Ya somos mayorcitos.
Con José, de hecho, gracias a DELALMA hemos desarrollado una amistad muy bonita. Como te decía, no coincidimos en Mägo, pero ahora compartimos momentos de mucha calidad, aunque no tengamos tanto tiempo para vernos. Y te aseguro que cuando quedamos no hablamos de eso: hablamos de mil cosas, pasamos buenos ratos y ya está.
Con Patri pasa algo parecido. Además, ella y yo estamos involucrados en una escuela superior de música, así que muchas veces nuestras conversaciones van más por ahí: preparar cosas para el próximo curso, proyectos educativos… Tenemos bastante contacto diario por ese tema.
Para mí todo lo anterior fue una experiencia muy bonita. Salí contento, aprendí muchísimo, y con eso me quedo.
Y ahora tengo que hacerte la pregunta que seguramente es el elefante en la habitación en muchas de las entrevistas que estás dando…
Claro, claro.
Pero ya sabes…
Tú me puedes preguntar lo que tú quieras.
La salida de Ramón Lage. ¿Qué pasó?
Pues no pasó nada y pasó de todo. No es una cuestión de señalar a una sola persona ni de decir que ocurrió por un motivo concreto. En los últimos meses, de alguna manera, el ambiente se enrareció bastante. Quizá lo que sorprendió fue lo abrupto de cómo sucedió. Pasó un lunes y, dos días después, teníamos previsto rodar un videoclip. Así que, evidentemente, no estaba en los planes de ninguno de nosotros.
Pero no podría señalar un punto exacto por el que sucedió. Tampoco me puedo atrever a señalar a nadie, porque igual parte de culpa la puedo tener yo. Después pasaron los meses y hablé con todos. Llamé a cada uno y les dije: “¿por qué no nos sentamos y ponemos sobre la mesa cualquier problemática que haya entre nosotros e intentamos sacar esto a flote?”.
Conste y vaya por delante que yo con Ramón jamás tuve ningún problema. Es una persona a la que admiro y respeto, y le tengo muchísimo cariño. Pero al final hubo dos personas que decidieron no continuar. Una de ellas me llamó más tarde para decirme que sí quería seguir, pero para entonces ya estaba todo cerrado y no pudo ser.
Ramón me llamó para que regresásemos. Y le dije que yo ya tenía todo encaminado y que no podía ser.
Esto no lo he contado nunca, pero bueno, es así. Y no pasa nada más.
Ahora mismo ellos tienen su grupo y de verdad les deseo lo mejor, especialmente a Ramón. Ojalá todo le vaya bien. Y seguro que la vida vuelve a ponernos en el mismo camino. Y si no tiene que ser, pues no será. Al final, esto es sólo música. Hay demasiados problemas en el mundo como para darle más vueltas. En su momento, para mí fue un drama. Me quedé absolutamente con nada. Me encontré en un vacío absoluto. Y sé que a casi todos nos afectó mucho lo que pasó.
Se rumorea que existe incluso un disco que llegó a ser grabado con esa formación. ¿Es esto cierto? ¿Verá la luz algún día?
No sé quién alimentó ese rumor, porque no es verdad. Ramón grabó cuatro, cinco o seis canciones, pero no más. El disco iba a tener catorce temas, y muchas de esas canciones son las que están ahora mismo en este álbum.
Mis guitarras sí estaban todas grabadas desde hacía ya un año, pero el disco no estaba mezclado. Y Ramón había cantado seis canciones cuando faltaba aproximadamente un mes para entregar el disco a la compañía. Esa es la realidad.
¿Qué existen esas canciones? Sí, claro que existen. Y son maravillosas, porque Ramón siempre le da ese toque tan personal a todo lo que canta. Pero decir que el disco estaba completamente grabado no hace honor a la verdad.
Vamos a hablar del futuro. Del estudio y del directo. El futuro en directo lo tenéis muy cercano: está el Z! Live, y también ese concierto que acabamos de anunciar en nuestra web hace unas horas, en la sala Macumba —que ahora se llama Wagon—. Una de las cosas buenas de este modelo con varios cantantes es que en el disco participan unos, pero luego en directo, como las agendas no siempre cuadran, podéis contar con nuevos invitados. Háblanos de estos directos.
Me hace mucha ilusión tocar en la Macumba porque me lleva directamente a mi niñez. Yo tendría doce o trece años y quería ir a conciertos allí, pero claro, no me dejaban entrar por ser menor de edad. Ahora, por lo menos, los niños pueden ir acompañados de sus padres, pero en aquella época no se podía. Recuerdo que mi hermano mayor, que me saca cuatro años, sí podía entrar cuando venían grupos como Los Suaves.
Yo siempre fui muy “suavero”. Incluso intentaba dejarme bigote para parecer mayor… Aunque en realidad eran cuatro pelos mal contados. Pensaba: “si me dejo el bigote igual cuela”. Pero nada, siempre me pillaban en la entrada. Intentaba colarme por cualquier puerta o encontrar la forma de entrar, y siempre acababa igual.
Por eso me hace tanta ilusión tocar ahora allí. Tiene algo muy especial para mí.
El concierto del 20 de noviembre será una fecha única en España para 2026 en sala. La razón de esto es que se trata de un formato completamente nuevo. Quiero presentar toda la artillería, ir con todo y dedicarle mucho cuidado a cada detalle. También necesitamos generar confianza en el público, porque es un formato nuevo en DELALMA y tenemos que medir cómo responde la gente.
Ya están confirmados los cantantes que participarán en ese show: José Andrëa, Ronnie Romero, Patricia Tapia, Fran Rivas, Vito de Sínkope y, como colaboración especial, Víctor García de Warcry. La idea es vestir todo el espectáculo para que vaya más allá de lo estrictamente musical. Evidentemente, la música es lo principal, pero quiero presentar DELALMA como un espectáculo único, no solo como la presentación de un disco. Quiero que sea una experiencia integral, como quien va a ver El Rey León o el Cirque du Soleil (salvando las distancias, claro, porque esos son dos pedazo de espectáculos).
El objetivo es cuidar cada detalle: cada canción, cada elemento visual, cada personaje o efecto especial que podamos integrar. Estamos diseñando todo esto ahora mismo, buscando que el show sea completo.
Y la primera fecha en España será el 11 de junio, en el Z! Live, que servirá como antesala del concierto de noviembre. Al ser un festival, el tiempo y los recursos son limitados y hay que ser respetuosos con la organización y el resto de los grupos, pero servirá para preparar el terreno para el 20 de noviembre. Después haremos un par de viajes a América, porque todavía tenemos pendientes presentaciones en México, Colombia, Chile, Estados Unidos… Después de tantos años viajando con Mägo y con amigos allí, siempre he pensado que todos los países son importantes. Para mí, cada concierto es igual de especial, les doy la misma importancia: Madrid, Ciudad de México, Santiago de Chile, Quito, o Costa Rica que es un país que amo.
A nivel logístico es más complejo de lo que estaba acostumbrado, por eso quiero detenerme en cada espectáculo y no hacer demasiados shows. Si haces demasiados, pierdes el control y no puedes llevar cada concierto al nivel que deseas. Por eso, muy respaldado por Jesús Cámara y Dave Landeroin, estamos diseñando todo el show. Además, los cantantes me aportan sus ideas. Incluso mi hija, que participa en la narración de “Te vi nacer” en el disco.
La idea es presentar un espectáculo completo, con toda la “artillería pesada” y hacer que sea un concierto memorable.
Háblanos ahora del futuro de estudio. ¿Lo visualizas coral, con múltiples cantantes, o volveremos a una estructura más reducida, como la del primer disco?
Como no sé por dónde van a salir los tiros… Lo que sí tengo claro es que me gusta ir integrando músicos y artistas invitados. Me resulta muy motivador; aporta dinamismo tanto al show como a los discos. Trabajar con diferentes personas me exige adaptarme, me desafía y creo que también resulta interesante para el público.
Puede que en un disco la historia gire en torno a una sola persona y haya un solo cantante, vete tú a saber quién… Y en el siguiente disco sólo tres cantantes, en lugar de siete como en este… No sé lo que me deparará el futuro. El primer impulso creativo siempre me llega de un punto concreto, algo que veo o siento de golpe, y eso me marca el camino a seguir. Si soy sincero, no sé cuál será el próximo paso.
Sí me gustaría cerrar el capítulo de Lázaro a modo de trilogía. Por ejemplo, el primer disco fue Lázaro; el segundo, Lázaro con su entorno; quizá falte un disco centrado en El Mirlo. Pero todavía no tengo nada definido. Después de cerrar esa etapa de Lázaro, tendría que usar otro nombre para seguir contando mi vida a través de la música, porque Lázaro es el medio con el que expreso lo que llevo dentro. ¡Quizás se llame Jacinto! No lo sé.
Acabar la trilogía con El Mirlo tendría sentido, pero necesito que surja un punto de inspiración. Como en el primer disco, que fue el sanatorio, y en el segundo, el cementerio de Cambados, siempre son lugares que me llevan allí sin buscarlos. Normalmente acabo en los sitios sin querer, sobre todo a las cinco de la mañana.
Suele pasar.
Tiene que ser algún lugar de Galicia, porque es especialmente inspiradora para mí, aunque no sé cuándo encontraré ese lugar, no hay que forzarlo.
Vamos ahora con varias preguntas clásicas de Stairway to Rock. La primera es para Popular Uno, la revista musical más longeva de España: tus tres películas de terror favoritas.
Mi top one es Tesis, que no sé si es terror, un thriller psicológico que sigo disfrutando cada vez que lo veo. Después podría mencionar la primera de Expediente Warren y, por supuesto, El resplandor con Jack Nicholson; la vi hace poco después de muchos años sin verla. Y es que los clásicos son los clásicos…
¿Cuál fue el primer álbum que compraste con tu propio dinero?
Recuerdo que iba al colegio en Madrid, los Salesianos de Estrecho, y al lado había una tienda chiquitita de discos llamada M.C. Discos. Allí compré, probablemente, mi primer disco. Supongo que el primer disco que compré fue de Los Suaves, porque mi hermano me prestaba muchos de sus discos y con ellos empecé a escuchar rock.
¿No sería Santa Compaña?
¡Si cuando salió Santa Compaña tendría yo siete años! Probablemente fue San Francisco Express o Víspera de Todos los Santos, alguno de esos.
Tercera pregunta clásica. ¿Cuál fue la primera vez que lloraste en un concierto?
Esto lo tengo clarísimo: fue en un concierto de Bryan Adams, y creo que ha sido la única vez que me ha sucedido y me ha podido la emoción. Fue hace relativamente poco. Bryan Adams es un artista que me ha fascinado desde siempre; durante años intenté verlo en España, pero cada vez que llegaba el momento, yo estaba en América con Mägo de Oz. Finalmente, un mes de febrero, sin compromisos con la banda, pude asistir. Cuando le vi salir al escenario, me emocioné hasta las lágrimas: había pasado más de 30 años intentando verle, y ahí estaba, frente a mí, llevándome de nuevo a mi infancia.
Si tuvieras todo el dinero del mundo, ¿qué te gustaría hacer en un escenario a nivel de show, en plan shock rock, que no hayas hecho?
Me imagino una arena completa con pasarelas que recorran la pista y se eleven por las gradas, permitiéndome moverme por toda la arena. Todo esto acompañado de efectos de fuego y luces espectaculares.
Por último, para nuestra sección Canciones Perfectas, hemos decidido dedicar una entrega a la canción “Cárcel de Cristal”, del primer álbum de DELALMA. ¿Qué nos puedes decir de ella que nos ayude a diseccionarla?
Esta canción representa lo que es estar atrapado detrás de un cristal, ver una realidad a la que nunca se puede acceder. Habla de la debilidad del ser humano, de ver que se puede mejorar una situación y no poder acceder a esa mejoría. A nivel letrístico, refleja bien mis estados de ánimo de ahí en adelante. Creo que es la base de toda la discografía de DELALMA. Antes de Santa Compaña, es la canción más escuchada de DELALMA. Es el público quien la ha posicionado como un himno del rock en español y eso es lo más bonito.
Con esto hemos terminado las preguntas clásicas y, con ello, la entrevista. Muchísimas gracias.

Doctor en Derecho, licenciado en Ciencias Políticas, novelista especializado en fantasía y bajista en excedencia. Apasionado del metal en todas sus formas, debuto como redactor musical en Stairway to Rock.
Descubre más desde Stairway to Rock
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
