Annacrusa revienta la Salatal de Castellón convirtiendo la presentación en directo de su tercer disco en un auténtico tsunami musical

Si existe algún tipo de justicia en el mundo de la música, Annacrusa debería acabar siendo una banda conocida y reconocida en todo el país. Esta es la única frase con la que se puede resumir su concierto de presentación de «Perder la Fe», su tercer álbum de estudio. Y da igual a quién de los asistentes le preguntaras en los corrillos que se formaron después del bolo, porque todos teníamos una amplia sonrisa en nuestra cara y llegábamos a la misma conclusión. Incluso aquellos que acudían por primera vez a uno de sus conciertos. Son demasiado buenos como para seguir siendo el secreto mejor guardado de la ciudad de Castellón, y encima de un escenario toda esa calidad se multiplica gracias a la energía y sentimiento que son capaces de transmitir.

 

La cita fue el pasado sábado 28 de marzo en la Salatal de Castellón, a la que Annacrusa consiguió poner por primera vez el cartel de sold out. Eso se notaba, porque entrando media hora antes de la hora indicada para el comienzo del directo ya podías ver el puesto de merchandising abarrotado, con una creciente cantidad de gente acercándose al escenario o buscando a los músicos para saludarles antes de que comenzara el show. Cuando solo pasaban tres o cuatro minutos de las ocho de la tarde las luces se apagaron, y empezó a sonar la pista de «El murmullo del hielo» a modo de introducción. Cuando terminó, se levantó el telón y comenzó el concierto. No se anduvieron con chiquitas, y comenzaron directamente con «Leviatán», una de las mejores pistas de su último trabajo. Otros grupos quizá hubieran dejado el tema para cerrar su actuación, pero ellos decidieron empezar directos a la yugular.

 

 

En sus discos el cuarteto sabe combinar muy bien el rock independiente y el progresivo, con canciones potentes y complejas pero asequibles. Pero a su directo hay que añadirle la inconfundible energía que son capaces de transmitir. A ambos lados del escenario estaba el bajo de Bola y la guitarra de Sevi, con dos décadas de trayectoria en el death y black metal que se nota con cada movimiento que hacen. No paran, se mueven, gesticulan, lo dan todo, y eso el público lo nota perfectamente. Y Sevi también demostró ser un guitarrista al servicio de las canciones que escribe. No busca el lucimiento, no busca solos imposibles y kilométricos. Todo lo que hace está destinado únicamente a mejorar las canciones, con solos sencillos pero muy efectivos. Entre ellos, Anna se mueve sin parar, alternando el cantar con tocar su sintetizador, y dándole tiempo a bailar, saltar y arrodillarse sin fallar una nota. Increíble, versátil y con una voz preciosa. Y detrás de ellos Leny, esa auténtica ametralladora a la batería que imprime un ritmo contundente. Quizá los baterías siempre pasan desapercibidos, pero la potencia que transmite y sus baquetas fluorescentes hacían que fuera imposible ignorarlo.

 

Annacrusa siguió intercalando las canciones más cañeras y potentes de sus discos anteriores con otras del nuevo material. En este concierto no había lugar para baladas o canciones introspectivas, era todo caña desde el principio, sin ningún respiro. En sus entrevistas, ellos siempre dicen que el tercer disco evoca al mar con sus vaivenes, pero este directo era un auténtico tsunami que no te daba ningún descanso. Se escucharon clásicos como «La ventana», y podías notar a los asistentes cantando los estribillos a viva voz. El quinto tema del set fue «A tus pies», otra sorpresa para mí que tocasen tan pronto mi canción favorita de su último trabajo, pero había prisa porque nos tenían que entregar un set de casi una veintena de canciones.

 

 

La ambientación era también perfecta. Quizá abusaron un poco del humo, pero este combinaba muy bien con un espectacular juego de luces que sumaba todavía más fuerza a la actuación. El sonido también fue sublime, sonaron como nunca. Cada dos o tres temas había un pequeño descanso y Anna o Sevi aprovechaban para decir algo, presentar canciones o simplemente agradecerle a los asistentes su entrega. Fueron varias las ocasiones en las que se les veía notablemente emocionados, tanto por cómo había respondido la ciudad a su concierto como por dedicarle algunas de las pistas a personas especiales que ya no estaban entre nosotros. También hubo saludos para esa gente que tanto ayuda y no siempre es reconocida como debiera, como su mánager Vicent Perales por todo el aliento que les da, el técnico de sonido Vicent Ros que hizo un espectacular trabajo o el técnico de luces Nacho Torrat, que hizo de este uno de los conciertos más visuales de la carrera de la banda. También hubo agradecimiento para Ana Laballo, muy experimentada en trabajar con artistas, y que también está ayudando a que su música llegue más lejos.

 

«Campo de batalla», «Destino», «Perder la fe», los temas se iban sucediendo y el público no paraba de cantar con un set list hecho para que nadie saliera de la silla diciendo eso de «pero se han dejado tal canción». Y entonces, cuando ya habíamos pasado el ecuador del bolo se subieron al escenario dos de los invitados especiales: el cantante Ángel Belinchón de Dry River y Pablo Serrano, ex-guitarrista de Dandy Wolf. Ambos se unieron a Annacrusa para interpretar «Comenzar de cero», con un Ángel pletórico que le dio un extra de potencia y efusividad marca de la casa, cantándola como si fuera suya, como si llevase años interpretándola. A continuación se subió Aroa Morcillo, legendaria bajista de la ciudad. Bola le cedió el bajo y se acercó a uno de los micrófonos para cantar. Eran ya siete sobre el escenario, mucha gente, pero convirtieron el tema «Nunca Jamás» en una auténtica fiesta.

 

 

Todavía hubo tiempo para cuatro canciones más, terminando la actuación con «Sin perdón», que es uno de sus pepinazos más potentes y cañeros. Se fueron del escenario y el público empezó a pedir más, pero añadiendo ese clásico canto de «oe oe oeee» que solo se escucha cuando los asistentes a un concierto están absolutamente entusiasmados por lo que están viviendo. Y entonces volvieron para darnos dos últimos temas, que fueron «Tu vacío» y «Bitácora».

 

Y fue entonces cuando el que será uno de los mejores conciertos de Castellón en este 2026 terminó. No se dejaron nada, nadie echó de menos ningún tema. y todos los asistentes estaban sonrientes y comentando entre ellos la experiencia vivida. Se esperaba que fuera un buen concierto, pero no que hubiera una asistencia masiva y que hubiera tanta compenetración entre banda y audiencia, una química que demuestra que sí, hay quien puede ser profeta en su tierra. Annacrusa es una banda pequeña, de esas que solo los locales conocen y que tampoco mueven tanta gente en su ciudad. Sin embargo, este lleno demostró que ha habido un crecimiento notable desde la presentación de su segundo disco dos años atrás, y nos deja a todos con ganas de volver a verles. Ahora solo queda que se anuncien más fechas para volver a repetir. Y sí, sé que quizá no he sido muy imparcial en mi crónica, pero me hubiera gustado que quienes la estáis leyendo hubierais estado allí para saber que todas mis palabras están justificadas.

 


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