Entrevistamos al gran Niklas Stalvind, el líder de los suecos Wolf, una de las bandas que capitaneó en los 90 el resurgimiento de la NWOBHM en su etapa más pura y directa. En tiempos aciagos para el heavy metal tradicional, ellos decidieron volver a los orígenes y reactivar una escena que actualmente es florida y atractiva. Pero cuando ellos empezaron… eso era un páramo.
Yolanda Sabater y Jordi Tàrrega disfrutan hablando de una banda que ya es veterana y que está cerca de sus 30 años de singladura. Toca hablar de su nueva creación: Hour of the Wolf, quizá, su mejor disco hasta la fecha, y de verdad que esto es algo muy meritorio. Toca hablar de sus inicios, de su paso por Wacken o del mero hecho de llamarle a tu banda “Wolf”… No es la mejor idea si usas Google.
Bueno, Niklas, antes que nada, gracias por tu tiempo y enhorabuena por el nuevo álbum de Wolf, Hour of the Wolf.
Gracias. Muchas gracias.
La gente ya ha podido ver el vídeo del primer sencillo, “Death Satellite”, y también el de “Waltz Post-mortem”. ¿Estás contento con la reacción de la prensa y de los fans a los vídeos y las canciones de avance?
Sí, estoy muy contento con la reacción, sobre todo con la de “Death Satellite”, si hablamos de los vídeos. Creo que debe de ser nuestro vídeo más exitoso hasta ahora: llegó a 130.000 visualizaciones en cuatro semanas, más o menos. Claro que los vídeos antiguos tienen muchas más visitas, pero llevan publicados muchos más años. Así que sí, estoy muy contento con la acogida que estamos teniendo en redes sociales.
También hemos visto el videoclip de “Wolf’s Postmortem”, donde llevas un sombrero y un atuendo muy bonito. ¿Has pensado en incorporar ese sombrero de copa en los conciertos?
Quizá. Puedo incorporarlo ahora mismo a este vídeo: lo tengo aquí, en el estudio, como atrezo. Aquí está (Niklas va a buscar el sombrero y se lo pone para un buen rato en la entrevista)
¡Qué bueno!
Lo encontré este verano, hacia el final de la estación, en una tienda de segunda mano. No tendrá cien años, supongo, pero es al menos de los años cuarenta. Se fabricó en Suecia, en una localidad cerca de mi pueblo. Mi abuelo solía pasear por las calles de por allí; quizá se cruzó con el hombre que llevaba este sombrero y lo saludó quitándoselo. Así que tiene algo de historia.
Qué bonita historia la del sombrero. Empecé a seguir a la banda en los primeros años, con los discos Black Wings y Evil Star. He reseñado la mayoría de vuestros álbumes y, en mi opinión, Hour of the Wolf quizá sea el mejor de vuestra carrera.
Muchas gracias, me alegra muchísimo oírlo. Estoy de acuerdo: es uno de nuestros mejores discos. Aunque siempre tengo cierta debilidad por el último álbum que hemos hecho. A lo largo de los años hemos escrito varias canciones muy buenas, pero creo que este disco, en su conjunto, es probablemente el mejor.
Yo te lo digo en serio, es que… por ejemplo, a mí me costó entrar en Feeding the Machine. Mis sensaciones y mi manera de acercarme a ese álbum fueron muy distintas.
Sí.
No lo digo solo porque sea el último. He escuchado muchos de vuestros discos y esta vez creo que habéis conseguido algo realmente bueno.
Gracias. Estoy totalmente de acuerdo. Cuando trabajo en un álbum me sumerjo por completo en él, en mis pensamientos y mis sentimientos, así que no soy imparcial. Feeding the Machine fue un proceso personal que necesitaba atravesar y sacar de dentro. Sé que algunos lo tienen como su disco favorito, sobre todo por las letras; quizá otros no lo aprecian tanto como nuestros álbumes más metaleros.
Creo que este disco puede gustar a todos los seguidores de Wolf, salvo quizá a quienes solo consideran que el primero es el mejor. Si descubriste Wolf con Black Wings, es difícil competir con ese álbum. Pero para mí este es un disco muy sólido. Estoy muy contento con cómo quedaron las canciones; me parece una obra artística y estoy muy orgulloso. También quiero dar las gracias a Pontus Egberg, que coescribió y produjo el álbum conmigo. Tuvo mucha influencia y asumió una gran parte del trabajo. Gracias a eso, yo pude concentrarme en la parte creativa.
Ahora que por fin tienes el álbum entre manos, ¿ha sido un proceso de casi cuatro años? ¿Crees que este resultado tan bueno se debe a ese trabajo intenso y a todo lo que has aprendido durante estos años? Es que la banda está a punto de cumplir treinta años.
En realidad, el proceso fue de dos años. Empecé a escribir en 2022, después de Shadowland. Para mí suele ser así: después de un disco paso por un proceso muy intenso y profundo para sacar las canciones de mi interior. Luego convivo con ellas durante mucho tiempo. No siento que pueda empezar algo nuevo enseguida, porque para mí escribir música va mucho más allá de la técnica: es una obra que nace de dentro.
No puedo producir canciones una detrás de otra solo porque queramos publicar un álbum, salir de gira y mantener el circo en marcha. Para mí es algo mucho más profundo. En cierto modo, el disco anterior tiene que morir para mí. Entonces siento que estoy listo para empezar. Normalmente ya he reunido muchas ideas, y esta vez fue así: tenía riffs, algunos títulos e ideas, y fragmentos de las letras que se me habían quedado en la cabeza, quizá un tercio de una canción o su comienzo.
Cuando llega el momento de centrarme en escribir, escojo las ideas que más me inspiran y empiezo a trabajar. Soy muy disciplinado y trabajo constantemente mientras convivo con el álbum. Le dedico tiempo y esfuerzo para que salga todo adelante.
Hablemos de la última canción del álbum, “Dirty Little Secret”. A mí las guitarras me suenan totalmente a Iron Maiden. ¿Qué importancia tuvo Iron Maiden para ti en tus comienzos?
Al principio, cuando empezamos Wolf, Iron Maiden era nuestra estrella guía. Crecimos escuchándolos. Fue mi primer gran amor musical dentro del metal; cuando los oí por primera vez, me convertí en un metalero. Al principio, durante los tres primeros discos, nuestra idea era escribir las canciones de Iron Maiden que ellos se habían olvidado de escribir.
Hoy no pienso si algo suena o no a Iron Maiden. Simplemente escribo la música que me gusta, y eso es lo que sale. En “Dirty Little Secret”, Pontus me pasó una base muy sencilla de bajo y batería. Empecé a escucharla y luego me fui a hacer otras cosas, como ayudar a mi mujer con los caballos en el establo, y dejé que la canción se desarrollara. Se me ocurrió una armonía de guitarras sobre su línea de bajo y construí la canción entera mientras él estaba de gira con King Diamond. Conservé su línea de bajo y compuse la canción a partir de ella.
Tengo una impresión del álbum y quería saber si estás de acuerdo: parece que hay más espacio para los instrumentos y para los pasajes sin voz. ¿Querías darles ese protagonismo?
Sí. Siempre me ha gustado la música instrumental. Una de las cosas que me encantaban de Iron Maiden cuando empecé a escucharlos a principios de los ochenta era que tenían muchos pasajes instrumentales buenos. Antes escuchaba sobre todo a The Shadows y The Ventures, cuya música es completamente instrumental y centrada en la guitarra. También escucho mucha música clásica, bandas sonoras y música instrumental.
Me gusta que una canción sea algo más que la voz o la letra. En este disco, por ejemplo, en una canción como “The Music of Erich Zann”, la propia música lleva la historia y la cuenta sin palabras. Eso es algo que siempre me ha gustado.
¿Mantendrás esos pasajes con la misma duración en directo? ¿Crees que funcionarán o quizá los recortarás un poco?
No; quizá incluso los alargaremos…
Perfecto…
Wolf siempre ha sido una banda muy orientada a las guitarras. Además, esos pasajes me vienen muy bien para descansar la voz durante el concierto. Cantar como lo hago en Wolf es muy intenso: tengo que darlo todo constantemente y exige mucho de mi voz. Así que una parte instrumental larga me viene muy bien.
Mi primera impresión del álbum es que suena auténtico: heavy metal tradicional, crudo y puro, sin añadidos ni tecnología; todo analógico.
Me alegra que te suene así. Sí que usamos tecnología moderna, pero no dejamos que lo controle todo. Hay un límite: llega un momento en el que hay que parar para no intentar que todo quede demasiado perfecto. Hoy la tecnología hace que grabar sea muy práctico, pero hay que tener cuidado para no quitarle la vida a la música ni editar demasiado.
En este álbum no hay Auto-Tune y tampoco hemos manipulado las guitarras. Cuando grabo, junto las tomas que más me gustan, las que creo que tienen mejor sensación y ritmo. Puede que no todo sea perfecto. Tengo buen oído y a veces noto que una voz está un poquito desafinada, pero si me gusta cómo se siente… la dejo.
Además, Pontus, Johan y Simon sean probablemente la mejor alineación que habéis tenido en todos estos años…
Sin duda. No quiero menospreciar a los anteriores miembros de la banda, porque eran estupendos. Wolf siempre ha sido una banda, no un par de virtuosos instrumentales. Y tampoco creo que ninguno de nosotros sea un virtuoso, aunque Simon, Johan y Pontus son músicos increíbles y hacen que todo resulte mucho más fácil.
Para mí, con diferencia, esta es la mejor formación y estoy muy contento. Los otros discos también son muy buenos, pero antes el camino hasta llegar al resultado que yo quería, era más largo. Ahora todo es facilísimo.
Volvamos atrás a los primeros tiempos… Mi primer y único concierto de Wolf en directo al que pude ir fue en Wacken Open Air, en 2002. ¿Cómo recuerdas aquella primera vez?
La recuerdo muy bien. Fue el primer gran concierto que hicimos. Estaba algo nervioso porque soy perfeccionista y siempre me preocupaba tocar en directo ya que quieres ofrecer el mejor concierto posible. Pero miré por detrás del telón y vi al público. Estaba lleno, a rebosar. Entonces me tranquilicé por completo y salí al escenario.
La respuesta del público en Wacken, en 2002, fue increíble. Quizá fue la primera vez que tocamos en un gran concierto fuera de Suecia. La gente conocía nuestras canciones, cantaba con nosotros y se sabía las letras. Fue uno de los primeros conciertos en los que sentimos esa conexión con el público. Nunca lo olvidaré. Fue genial.
Hablando de las canciones imprescindibles en un concierto de Wolf, ¿dirías que “The Bite” es vuestro mayor éxito?
No, creo que nuestro mayor éxito es “Speed On”. La verdad es que al principio no pensaba que “The Bite” fuera una canción muy buena; era una canción y ya está. Luego, cuando Fredrik empezó a mezclarla en el estudio, puso la música muy alta, como suele hacer. Yo estaba en la habitación de al lado y la oí. Pensé: «Vaya, esta canción tiene algo».
Después vimos que a la gente le gustaba mucho. Personalmente no era mi favorita y todavía no lo es, pero cuando la tocamos en directo veo en los ojos del público que tiene algo. Eso hace que me guste un poco más.
¿Por qué elegisteis el nombre Wolf? No es el más original y hay muchas bandas que usan el símbolo del lobo. Además, cuesta encontraros en Internet…
Al principio nos llamábamos Wolverine. Las primeras maquetas salieron con ese nombre, pero en Suecia nadie sabía pronunciarlo ni recordarlo. Supongo que a un sueco le resulta difícil. Así que dijimos: «A la mierda, cambiémoslo». Para entonces nuestra música se había vuelto más sencilla, potente, directa y más metalera. Nos sentíamos como un lobo y pensamos que era un nombre genial.
Creíamos que habíamos sido muy listos al elegir simplemente Wolf, y no algo como Wolfmother o Assembly of the Wolf, como otras bandas. Pero con los años nos dimos cuenta de que quizá era un nombre poco práctico: lo elegimos antes de que Internet fuera algo importante y, cinco años después, vimos que buscarlo en la red era casi imposible. Si buscas Wolf en Google, salen millones de resultados.
No fue una decisión muy inteligente para que nos encontraran, pero tenemos un buen logo y ahora es difícil cambiar el nombre. Además, nos pega y sigue sonando genial. Para destacar en Internet no ayuda mucho, eso sí.
Eso me lleva al simbolismo del nuevo álbum. Hay referencias como “Walpurgis”, “Necropolis”, “Waltz Post-mortem” y “Doppelgänger”. ¿Tienen algo en común?
No lo sé. En los veinte años anteriores de Wolf escribía canciones como una forma de terapia: para lidiar con mi vida y con cómo percibo lo que pasa en el mundo, con la dificultad de ser una persona hoy en día. Para mí era algo muy personal y terapéutico. Feeding the Machine, en particular, fue algo que necesitaba atravesar.
Ahora escribo desde la imaginación. Cuando escucho un fragmento musical —un riff que alguien me envía o algo que se me ocurre al sentarme con la guitarra—, me vienen imágenes y empieza a formarse una historia. Es como entrar en ese mundo de fantasía invisible que llevamos dentro. Dejo que mi subconsciente encuentre las letras; no me siento a escribirlas de manera deliberada.
Simplemente empiezo a cantar y trato de abrirme para recibir algo desde lo más profundo de mi alma o del universo. Siento que la música quiere contarme algo y que yo solo soy el intérprete. Así veo ahora el proceso. Se basa en cosas que sentimos, pero, no podemos ver, o que llevamos dentro y no sabemos explicar con palabras. Probablemente por eso este álbum es como es.
Me gusta mucho esa frase: «Solo soy el intérprete».
Así es como abordo ahora la composición. Llevo treinta años haciéndolo en Wolf y conozco nuestro sonido a la perfección. Soy un músico bastante bueno y entiendo bien la teoría musical, pero he llegado a un punto en el que puedo olvidarme de todo eso: olvidar las reglas y dejar que sea casi como un viaje espiritual. Ya no pienso tanto cuando escribo; dejo que las canciones vengan a mí.

Licenciado en INEF y Humanidades, redactor en Popular 1, miembro fundador de TheMetalCircus y exredactor en webs y revistas como Metal Hammer, Batería Total, Guitarra Total y Science of Noise. Escribió el libro «Shock Rock: Sexo, violencia y teatro». Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.
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