Kreator — Violent Revolution: 25 años desde su segundo despertar al thrash

Violent Revolution

25 de septiembre de 2001

Steamhammer

 

Kreator ([kɾe.aˈtoɾ] o [kɹiˈeɪtɚ], según a quién le preguntes) ha llegado a ser el más exitoso de los «tres grandes» del thrash metal teutón (lo siento, Tankard, pero no sois cuatro). El disco cuyo 25 aniversario celebramos hoy resulta esencial para entender por qué.

 

Finalizado el siglo XX, la banda de Essen llevaba un par de lustros alejada del thrash, experimentando con géneros como el metal industrial o el goth. Y regresó a sus raíces para su décimo álbum de estudio. Con matices. La situación la reflejan perfectamente dos portadas, ambas a cargo de Andreas Marschall. La de su último álbum de thrash antes del que aquí nos ocupa, Coma of Souls (1990), mostraba el cráneo abierto de su demoníaca mascota, Violent Mind. En la de Violent Revolution figura una imagen muy similar, pero ahora el cráneo está cerrado. Bien anudado con una cara desollada, para más señas. Ignoro si la metáfora fue buscada. Un grupo de thrash que había estado una década con el cerebro al aire, interiorizando muchas influencias noventeras, decidía volver donde lo dejó para presentar sus conclusiones.

 

En los noventa, el power metal, melódico por definición, vivió una edad de oro, con varios grupos alemanes a la cabeza. Mientras tanto, en Gotemburgo, la melodía se apoderó del death metal. No está de más recordarlo. Así que, ciertamente, en septiembre de 2001, apenas un par de semanas después de los atentados del 11-S, Kreator regresó al thrash metal. Pero no al de Pleasure to Kill (1986).

 

En esta (r)evolución de su sonido hubo dos factores clave. El más evidente fue la incorporación a la guitarra solista del finlandés Sami Yli-Sirniö. El otro fue la producción de Andy Sneap, quien algo sabía de thrash, entre otras cosas, por su pasado como guitarrista de los británicos Sabbat. Además, Sneap también tenía una gran sensibilidad melódica, como puede comprobarse hoy atendiendo a su labor como guitarrista de Judas Priest.

 

Completaban la formación de Violent Revolution Christian Giesler al bajo, Jürgen «Ventor» Reil a la batería y el eterno líder Mille Petrozza a la voz y a la guitarra rítmica. El álbum alcanzó el mejor puesto de un trabajo de Kreator en las listas alemanas hasta entonces. Fue reeditado con motivo de su vigésimo aniversario. Y el tema homónimo es un himno indiscutible del género, fijo en cualquier concierto de la banda.

 

El disco

Tengo una conexión vital con Violent Revolution, porque ese CD permaneció en mi coche durante años y me ligué a la que hoy sigue siendo mi pareja concretamente con él de fondo. Ella hubiera preferido que pululara por allí Ride the Lightning (1984) de Metallica, pero este era el mejor thrash que yo tenía en la guantera. Por deferencia, debería limitarme a decir que Violent Revolution es el mejor disco de la historia. Intentaré ser algo más objetivo.

 

El álbum se desinfla hacia el final y su duración cercana a la hora puede llegar a hacerse larga. «Replicas of Life» hubiese sido un magnífico cierre y ninguna de las canciones subsiguientes mejora el conjunto. Así que voy a meter en el saco de lo prescindible «Slave Machinery», «Bitter Sweet Revenge» (aunque es digna de mención por un riff que inspiraría otros similares en obras venideras), «Mind on Fire» y «System Decay». Lo que viene antes, eso sí, es para enmarcar.

 

«Reconquering the Throne» es toda una declaración de intenciones. El disco abre con puro thrash, nada que ver con el previo Endorama (1999). Sin embargo, aun siendo la segunda canción más tocada en directo de este álbum, su título es engañoso. No es este tema el que hizo que Kreator reconquistara su trono, sino «Violent Revolution», donde el thrash es, irónicamente, menos violento que en «Reconquering the Throne». Ese punto álgido del disco viene precedido por la intro «The Patriarch», que siempre me recordó al inicio de «Rebellion in Dreamland» de Gamma Ray (Land of the Free, 1995). Enlaza muy bien con la canción homónima, donde podemos deleitarnos con el nuevo lenguaje compositivo de Kreator.

 

En Violent Revolution, los alemanes fijaron un patrón que replicarían desde entonces y hasta el reciente Krushers Of The World (2026). La fórmula mágica consiste en incluir muchísima melodía sin que ello impida que siga siendo thrash. Además, hay que construir estructuras ligeramente complejas y pensar siempre en que el estribillo se pueda cantar (o gritar) en directo. «Violent Revolution» puede que sea el mejor ejemplo de lo anterior en toda su carrera, pero no le van a la zaga otras buenas muestras.

 

Me refiero a «All of the Same Blood (Unity)», cercana al estilo de Extreme Aggression (1989) pero bañada en melodeath, «Second Awakening», donde Yli-Sirniö deja su sello a base de licks, y la mastodóntica «Replicas of Life», que nos engaña con su arranque contenido para explotar como una bomba atómica. Entre medias, con mucho más groove y generando cierto contraste con las anteriormente mencionadas, se encuentran otros dos temazos: «Servant in Heaven – King in Hell», con su icónico bajo y en la que tampoco se descuida el estribillo, y «Ghetto War», con su riff bailongo y su ritmo tribal.

 

Veredicto

Violent Revolution no es el mejor disco de Kreator, ni siquiera de la época que inauguró. No es su álbum más vendido. Tampoco es el que más ha tocado en directo. No obstante, probablemente sea, con permiso de Enemy of God (2005), el más importante para que el grupo pudiera seguir haciendo historia en el siglo XXI. Violent Revolution fue su punto de inflexión comercial en el mejor momento y con la mejor estrategia posibles. Coincidió con el «thrash revival» de los primeros 2000 (un año antes se había fundado Angelus Apatrida, por dar contexto), pero sin pretender regresar a su viejo sonido ochentero. Si alguien se pregunta por qué hoy, a diferencia de Kreator, sus compatriotas thrashers de Destruction o Sodom no están en las quinielas para ser cabezas de cartel de un gran festival de metal, hace un cuarto de siglo hallará la respuesta.

 


Descubre más desde Stairway to Rock

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja una respuesta