Savatage y Slaughter to Prevail inauguran un Leyendas de aniversario

Heleven, Thundermother, Killus, Orbit Culture, Hadadanza, Black Label Society, Savatage, Slaughter to Prevail, Sepultura, Prom Kinks

5 de agosto de 2026

Polideportivo Municipal de Villena

Crónicas por Jordi Tàrrega, Yolanda Sabater, Irene Kilmister y J. A. Díaz

Fotografía por Irene Kilmister

 

Volvemos al Leyendas del Rock en la Santa Tierra de Villena y lo hicimos a lo grande, con unos colosales Savatage que enfrentaron su propuesta clásica a las nuevas tendencias de Slaughter to Prevail. Otro inicio mágico de festival en una jornada emotiva y sorprendente a partes iguales, con mucha más gente que el pasado año y ciertas modificaciones que hacen avanzar al festi.

 

Ya no se paga con Tokens y las pulseras llevan QRs con los que cada uno puede pagar comida, bebida y camisetas. La zona de prensa y la carpa de firmas se han desplazado al otro lado y los escenarios ya no son tan altos como lo solían ser siempre. Está bien ver que la gente de Sufriendo y Gozando van dando pasos hacia el futuro y que cuidan detalles importantes.

 

Heleven: un comienzo con fuerza para el New Rock Stage de Leyendas del Rock 2026 (Irene Kilmister)

Abrir uno de los escenarios de un festival como Leyendas del Rock nunca es una tarea sencilla. Menos aún cuando el calor aprieta desde primera hora. Sin embargo, Heleven demostraron sobre el escenario New Rock que el esfuerzo merecía la pena. La banda madrileña congregó a una notable cantidad de público, que respondió desde los primeros compases a una propuesta que combina potencia, melodía y un sonido moderno perfectamente definido.

 

Capitaneados por Higinio Ruiz (voz y guitarra) y con Álvaro Castilla (guitarra), Kike Martín (bajo) y Matías Famá (batería) en sus filas, Heleven, lleva consolidando su identidad desde la publicación de Medusa’s Love Story (en 2019) y posteriormente con Into the Oceans y New Horizons Pt.1 (2020-2023), mostró una gran solidez sobre las tablas. ¿Sabes cuando ves a una banda que lleva ya una carrera de nosecuantos aniversarios que suenan con una solidez aplastante?, pues eso vimos. Sus temas van alternando pasajes contundentes con estribillos muy trabajados, apoyados en una ejecución impecable y una actitud que nunca decayó pese a las altas temperaturas. Un excelente comienzo para una jornada donde Heleven confirmó que sigue creciendo dentro de la escena nacional.

 

 

Thundermother: carne de festival (Jordi Tàrrega)

Era la primera vez que podía verlas con la “nueva” formación, y hay que darle siempre la razón a Filippa, pues sabe perfectamente lo mejor que necesita la nave que comanda con mano de hierro. Sonaron muy festivaleras y bastante más crudas, con una Linnéa que tanto canta con el micro como que se suma con la guitarra rítmica. “Take the Fire” y “Can’t Put Out the Fire” sonaron algo atropelladas hasta que la mezcla de sonido no fue la perfecta, con Joan Missing a lo alto de la tarima y una Majsan derrochando actitud,

 

Afinaron todo en “I Don’t Know You” y especialmente en “I Left My Liscence in the Future” y su rock apostó más por ese lado mñás personal y menos AC/DC, lo cual es algo que siempre veo como un acierto. El grupo tiene personalidad y no necesita de clichés, pues temas como “Dog from Hell” y “Whatever” son sencillamente espectaculares. Las torres de Marshalls flanqueaban el escenario y Filippa disfrutó con momentos como “Speaking of the Devil”.

 

 

Hubo un par de amagos a riffs de Black Sabbath y a Iron Maiden, luego solazo de la lideresa y ese gran final con “Hellevator” y la mejor de todas: “Driving in Style”. Son carne de festival y se les da tan bien como las pequeñas salas. La nueva formación funciona y ese detallito de marcharse mientras suena el “Non, je ne regrette rien” de Édith Piaf fue muy top. La gracia es que estuvimos con Filippa, se acordaba de las dos entrevistas y nos agradeció el trabajo.

 

 

Killus: espectáculo industrial con una precisión de reloj suizo (Irene Kilmister)

Hablar de Killus es hablar de espectáculo. La banda castellonense volvió a convertir el escenario New Rock en su particular universo industrial, donde la música y la puesta en escena caminan siempre de la mano. Desde el arranque con «Skeletons of Society», el grupo desplegó una intensidad constante que no dio tregua al público.

 

El repertorio repasó buena parte de su trayectoria con temas como «H.E.L.L.», «Ascending Antichrist», «White Lines», «Paralyzed» o «Feel the Monster», además de varias revisiones de su reciente edición XXV. La banda sonó compacta, contundente y perfectamente engrasada, demostrando el enorme estado de forma que atraviesa. Como broche final, la ya habitual versión de «Gimme! Gimme! Gimme! (A Man After Midnight)» de ABBA volvió a convertirse en una auténtica fiesta colectiva, cerrando una actuación donde Killus confirmaron, una vez más, por qué son uno de los referentes del metal industrial nacional.

 

Creo que puedo afirmar sin temor a equivocarme que una banda como Killus ya merece un lugar en uno de los Main Stage, no solo porque llenaran el New Rock Stage hasta la bandera, si no porque tenemos la gran suerte de tener en nuestro país una representación del metal industrial con una calidad intachable y eso hay que explotarlo con orgullo.

 

 

Orbit Culture hace afición (Jordi Tàrrega)

Esta banda sueca de death metal melódico posee una gran proyección y hacen muchas cosas bien sobre el escenario. Bajo el abrazo del sol alicantino vivimos el “Death Above Life”, con unos elementos muy de Korn, cosa que hacen que la canción tenga ese algo especial. Liderados por un gran Niklas Karlsson a la voz y a la guitarra dejaron constancia de estilo y posibilidades en las posteriores “The Storm” y “The Tales of War”. Cuidan la producción como pocos y los telones, plafones y detalles sombríos hacen que todo el escenario se llene.

 

Las voces guturales y las limpias se combinaron en “North Star of Nija”, salpicada de pasajes atmosféricos y orquestales. Realmente tienen una propuesta bastante original dentro de lo previsible que pueda ser el estilo, y esos momentos tribales que dieron paso al circle pit hicieron que sus fieles les adoraran y que los neófitos se sorprendieron.

 

Temas más old school que dieron paso a “While We Serve” y a la final “Voltures of North”, temazo de tempos marcados y con un doble bombo incesante por parte de Christopher Wallerstedt e indagando especialmente en el sonido de Amon Amarth, más directo y festivalero. Habrá que darle más escuchas a su Nija de 2020 y seguirles la pista. Si están girando con los grandes nombres del metal extremo.

 

 

Hadadanza: cuando Leyendas se convierte en una fiesta de folk y alegría (Irene Kilmister)

Hadadanza aportó uno de los conciertos más dinámicos y visuales de la jornada en el escenario New Rock. Su propuesta de folk metal volvió a combinar música, teatralidad y una constante interacción con el público, haciendo que prácticamente nadie permaneciera quieto durante toda la actuación. De hecho solo con acercarnos al escenario ya íbamos notando un cambio en las caras de la gente, donde las sonrisas iban convirtiéndose en las protagonistas del New Rock.

 

Gran parte del protagonismo recayó también en Andrea, cuya presencia sobre el escenario fue constante. Alternando coreografías, malabares y diferentes intervenciones tanto desde la tarima como mezclándose con los asistentes, consiguió mantener la atención del público en todo momento. El grupo aprovechó además la ocasión para presentar un tema completamente inédito, convertido en un regalo muy especial para celebrar el vigésimo aniversario de Leyendas del Rock. Un detalle que fue recibido con entusiasmo por unos seguidores que respondieron entregándose por completo a una actuación tan festiva como intensa.

 

 

Black Label Society: circo y guitarras (Jordi Tàrrega)

La sociedad de la etiqueta negra, siempre comandada por ese vikingo y guitarrista que lleva por nombre Zak Wylde hacía acto de presencia y de imponencia. El rubio atuendado con sus cadenas y la falda escocesa ya es leyenda del rock al haber pasado por Ozzy Osbourne y por estar actualmente con Pantera y sus directos propios pasan por un autobombo algo exagerado, pero para nada malo. Empieza con “Funeral Bell”, a golpe de riff y sobre su plataforma, pero la sucesión de solos es consante, y su apenas comunicación con el público le sume en su habitual trance.

 

No para de cambiarse de guitarras, todas preciosas y el grupo funciona a la perfección, destacando JD al bajo y un Dario Lorina que se animó en el tramo final en un momento circense. “Name in Blood” o “Destroy and Conquer” suenan pétreas y monolíticas, su voz es totalmente similar a la de Ozzy Osbourne y atención al homenaje que le hace en “No more Tears”, con la mítica línea de bajo de JD. Unas pelotas hinchables le dieron al directo otro toque más festivalero.

 

El divo tiró de largos solos, utilizó el wah wah e incluso se marcó el riff del “Smoke on the Water”. Quiere que la gente lo pase bien y el momentazo circense del doble solo con Wylde y Lorina con las guitarras en la espalda tocando ambos en una sobrada es otro de los momentos en los que buscan entretener más que ejecutar. Estamos en un festival, y es lo ideal para atrapar a nuevos fans. Luego añadieron chorros de humo e incluso un megáfono en el que cantaba un roadie. “Stillborn” y “Suicide Messiah” no faltaron a la cita.

Savatage: el concierto más esperado

Aunque el cabeza de cartel de esta jornada figuraba como Slaughter to Prevail, la auténtica religión de varias generaciones de metaleros seguía siendo Savatage. Bastó pasear durante el día por el recinto para comprobarlo: una auténtica marea de camisetas de la banda estadounidense dominó el festival de principio a fin. Y no es para menos. Hablamos de un grupo que ayudó a definir muchos de los elementos que más tarde adoptarían el metal sinfónico y el metal progresivo, entre otros subgéneros. Además, era su primera visita a Villena, una cita que no podíamos ni queríamos perdernos. Cuando el año pasado se anunció su presencia en esta edición ya teníamos claro que no íbamos a faltar.

 

A la banda fundada por los hermanos Jon y Criss Oliva se le guarda un cariño especial. Aunque ninguno de los dos puede estar ya sobre un escenario, Criss falleció trágicamente en 1993 y Jon continúa apartado de las giras por motivos de salud. Su legado sigue muy presente en cada concierto y la formación actual no pierde la oportunidad de rendirles homenaje y recordar constantemente la importancia de ambos en la historia del grupo.

 

Sobre el escenario encontramos a Zak Stevens a la voz, Chris Caffery y Al Pitrelli a las guitarras, Johnny Lee Middleton al bajo, Jeff Plate a la batería y Paulo Cuevas a los teclados, acompañado por un segundo teclista que completa el enorme entramado armónico que requieren las composiciones de Savatage.

 

 

Respecto al año pasado, la banda ha introducido algunos cambios en el repertorio. Echamos de menos la habitual introducción con «The Ocean», un inicio que siempre nos ha parecido espectacular, pero su sustituta, «Morphine Child», como introducción a Dead Winter Dead, dejó claro desde el primer instante el nivel del grupo. La apertura, cargada de arreglos orquestales perfectamente sincronizados, sonó impecable y confirmó que la banda atraviesa un momento de gran solidez.

 

No tardó en llegar uno de los primeros grandes clásicos con «Jesus Saves». Ese riff inconfundible, las pausas para que el público coreara el estribillo y la respuesta masiva de los asistentes demostraron que algunas canciones nunca pierden su fuerza. No fue un repertorio especialmente arriesgado, pero tampoco lo necesitaban. Prácticamente cada tema pertenece ya a la historia del heavy metal.

 

Otro de los momentos destacados llegó con «The Wake of Magellan», donde brilló especialmente el trabajo vocal. Las armonías y los coros polifónicos envolvieron la interpretación mientras la voz de Zak Stevens se imponía con autoridad. Chris Caffery y Al Pitrelli reforzaban esas líneas vocales, aunque durante los primeros compases se percibió una ligera falta de sincronía que desapareció conforme avanzaba el concierto. Desde ese momento también quedó claro que Al Pitrelli iba a ser uno de los grandes protagonistas de la noche, asumiendo buena parte de los solos con una ejecución brillante.

 

Zak Stevens volvió a demostrar en «Sirens» que conserva buena parte de su registro agudo, aunque en algunos momentos se le notó algo menos cómodo que en otras canciones. Una de las sorpresas de la noche fue la recuperación de «Lights Out», perteneciente al mítico Edge of Thorns, un tema que la banda ha rescatado recientemente y que apenas había sonado en directo desde 2003.

 

Ver a Savatage es una experiencia que invita más a escuchar que a dejarse llevar únicamente por la energía del directo. Detrás de cada canción existe una enorme riqueza de matices y una complejidad compositiva que merece atención. El hecho de que necesiten dos teclistas para recrear todas las capas armónicas ya da una idea de la profundidad de su música. Cada uno ocupa su espacio sin estorbar al otro, construyendo un sonido lleno de detalles que, combinado con la contundencia de las guitarras, convierte el concierto en una especie de recital de música clásica llevado al terreno del heavy metal.

 

 

La recta final mantuvo el nivel sin necesidad de grandes sorpresas. «Chance» sonó especialmente compacta, con sus características voces a varias partes perfectamente ensambladas mientras las pantallas proyectaban banderas de distintos países, culminando con la española, uno de los momentos más emotivos del espectáculo. Poco después llegó «Believe», probablemente el instante más emocionante de toda la actuación. Un vídeo de Jon Oliva apareció en las pantallas interpretando la parte de piano y su voz se fundió con la de la banda, provocando uno de esos escalofríos colectivos difíciles de explicar.

 

Para el desenlace reservaron cuatro himnos incontestables: «Gutter Ballet», «Edge of Thorns», «Power of the Night» y la imprescindible «Hall of the Mountain King». Cuatro clásicos consecutivos, sin apenas respiro, que cerraron un concierto construido sobre canciones que han resistido el paso del tiempo como muy pocas.

 

La interacción con el público fue escasa. Zak Stevens tomó la palabra en algunos momentos para agradecer el recibimiento, un gesto siempre bien recibido, aunque la sensación general fue la de una banda más centrada en la interpretación que en buscar una conexión constante con la audiencia.

 

Pero, al final, poco importa. Son Savatage. Después de tantos años, por fin llegaban a tierras alicantinas. Y solo por eso, para muchos de nosotros, ya es redención suficiente.

 

 

Slaughter to Prevail: el rugido del oso que se despide

Y llegaba el plato fuerte de la jornada con Slaughter to Prevail. Si hay una banda llamada a demostrar por qué el metal extremo vive uno de sus mejores momentos, esa es Slaughter to Prevail. Formados en 2014 y liderados por el carismático vocalista ruso Alex Terrible, el grupo ha pasado en apenas una década de ser un fenómeno de internet a convertirse en uno de los grandes referentes del deathcore mundial. Su combinación de riffs demoledores, guturales imposibles, melodías bien integradas y una puesta en escena cada vez más espectacular les ha permitido dar el salto a los principales festivales internacionales y llenar recintos que hace pocos años parecían inalcanzables para una banda de su estilo. Su presencia en Leyendas del Rock no solo suponía uno de los conciertos más esperados de esta edición, sino también la confirmación de un relevo generacional dentro del cartel. Que una banda tan joven ocupara el puesto de cabeza de cartel evidenciaba el excelente momento que atraviesan y, además, convertía la cita en algo todavía más especial después de anunciar un parón indefinido tras esta gira.

 

Una banda también rodeada de cierta controversia, para qué nos vamos a engañar, pero precisamente por eso generan tanta expectación. Fue el momento en el que el recinto alcanzó su máxima afluencia de toda la jornada. Nunca han renegado de sus raíces rusas y el enorme oso que presidía el escenario volvía a ser una declaración de intenciones. Todo estaba preparado para un despliegue de potencia descomunal.

 

 

De la formación original solo permanecen Alex Terrible y el guitarrista Jack Simmons, cerebro compositivo junto al vocalista. Les acompañan Dmitry Mamedov a la guitarra, Mike Petrov al bajo y Evgeny Novikov a la batería, una maquinaria perfectamente engrasada cuya misión es sencilla: arrasar.

 

Pero si hay un elemento que define la imagen de Slaughter to Prevail son sus máscaras. Más que un simple complemento escénico, forman parte de la identidad visual de la banda. Alex apareció con una de sus ya icónicas máscaras demoníacas, protagonista absoluta del inicio del concierto. Conforme avanzó la actuación decidió quitársela para afrontar el resto del show mostrando únicamente su rostro, mientras que el resto de integrantes permanecieron con las suyas prácticamente durante toda la actuación, reforzando esa estética agresiva y casi cinematográfica que tanto caracteriza al grupo. Son bien preciadas y tras el concierto se lo regaló a una niña entre el público.

 

El concierto arrancó con «Bonebreaker», una auténtica declaración de guerra que convirtió inmediatamente el foso en un mar de empujones, pogos y circle pits. Sin apenas dejar respirar al público enlazaron con «Banditos» y «Russian Grizzly in America», dos temas que mantienen la intensidad al máximo y donde Alex volvió a demostrar por qué está considerado uno de los vocalistas más impactantes del metal extremo actual. Sus guturales parecen no tener límite y, cuando introduce registros más melódicos, el contraste resulta todavía más demoledor.

 

 

«Viking» y «Bratva» siguieron elevando la temperatura de un público completamente entregado, antes de que llegara una de las canciones más esperadas de la noche, «Baba Yaga», recibida como un auténtico himno. La banda apenas concedió pausas entre canciones, buscando que la tensión no descendiera en ningún momento, y lo consiguió con creces.

 

Tras un breve pero espectacular solo de batería de Evgeny Novikov, llegó el momento de uno de los grandes estandartes del grupo, «Demolisher». Su mítica pausa contundente y cambio de ritmo volvió a provocar una de las mayores explosiones de la noche, con miles de personas respondiendo al unísono mientras Alex dominaba el escenario con una presencia absolutamente intimidante.

 

La recta final tampoco dio tregua. «Kid of Darkness» y «Behelit» mantuvieron la contundencia hasta el último instante antes de que la banda abandonara momentáneamente el escenario. El regreso para el bis fue tan breve como efectivo. «Conflict» puso el broche definitivo a un concierto que confirmó por qué Slaughter to Prevail ocupa hoy el lugar que ocupa dentro del deathcore mundial.

 

Puede gustar más o menos su propuesta, e incluso la polémica que siempre les acompaña, pero lo que resulta innegable es que sobre un escenario funcionan como una apisonadora. Pocas bandas actuales consiguen transmitir semejante sensación de violencia controlada sin perder precisión, y en Villena volvieron a demostrar que el presente del deathcore también puede aspirar a encabezar festivales.

 

 

Sepultura: cerrar bien era cuestión de honor en el escenario Doro Pesch (J. A. Díaz)

Cuando tu gira de despedida se alarga varios años, pierdes el factor sorpresa. Quienes vimos en 2025 alguno de los conciertos de los brasileños ya sabíamos que su estado de forma es increíble o que Greyson Nekrutman es un batería inmenso. También, que en este largo tour priorizan los clásicos y reivindican ese gran álbum que fue Quadra (2020). Echamos de menos esta madrugada algún himno como «Beneath the Remains» (que parte del público reclamó infructuosamente), pero sonaron sus mayores éxitos. El año pasado ya pudimos despedirnos en excelsas condiciones de Sepultura cuando ofreció un setlist impecable. Iba a ser difícil superar aquello. Aun con todo, tenía un especial aliciente este tramo de gira de 2026 para quienes ya habíamos dicho adiós al grupo. Ahora la gracia estaba en ver cómo funcionaban los tres temas que presentaba de su reciente EP The Cloud of Unknowing.

 

Para sorpresa de nadie que lo haya escuchado, «All Souls Rising» encajó muy bien, con el respetable lanzándose a gritar eso de «let’s fight this fight», mientras que «The Place» se hizo demasiado larga y enfrió los ánimos. Lo que no vi venir fue la buena acogida de «Beyond the Dream». Es esta una balada que tiene su encanto, pero muy alejada del sonido que podría esperarse del grupo. Será que con la edad nos hemos vuelto más permisivos, pero el público conectó con ella sin mayores fricciones.

 

Fue llamativo que el concierto arrancara con un sonido mejorable, especialmente después de lo bien que acababa de sonar en ese mismo lugar Savatage. El bajo de Paulo Jr. estaba muy saturado y eso me impidió disfrutar como es debido de «Inner Self». Un par de temas después, con «Desperate Cry», la cosa fue solucionándose. Para cuando llegó «Refuse/Resist», estábamos inmersos en una fiesta a golpe de circle pits, azuzados por un enorme (en todos los sentidos) Derrick Green, que no paró hasta el final.

 

 

Andreas Kisser insistió en que este será el último concierto de Sepultura en el Leyendas del Rock, y habrá que creerle. El setlist, calcado del que hace una semana marcó su despedida del Wacken Open Air, no es el mejor de los brasileños en estos dos últimos años. En todo caso, cumplió, y sus posibles deficiencias fueron el precio a pagar por escuchar una última vez a estos titanes del metal presentar nueva música. Como cantaba Azuzena (Santa): «tú no estarás aquí; sólo con tu recuerdo me puedo quedar». El que nos deja Sepultura, despedido con honores y entre vítores, forma ya parte de la historia del festival y de este escenario, cuya primera jornada bajo su nuevo nombre concluyó satisfactoriamente.

 

 

Prom Kinks: Rugby, rock y una nutria (Irene Kilmister)

Los encargados de poner el broche final al escenario New Rock fueron Prom Kinks, y lo hicieron con una de las propuestas más originales y desenfadadas de toda la jornada. Su concierto fue mucho más que música y es que la teatralidad y el humor compartieron protagonismo con una banda que no dejó de interactuar con el público.

 

Ambientados en el universo del rugby, cuidaron hasta el último detalle de su puesta en escena, culminada por la presencia de su ya característica nutria mascota, convertida en uno de los grandes símbolos del grupo y responsable de arrancar más de una sonrisa entre los asistentes. La combinación de canciones pegadizas, entretenimiento y una actitud completamente desinhibida terminó llevando al público a uno de los momentos más divertidos del día, cerrando el escenario con la misma energía con la que había arrancado horas antes.

 

 

 

 

 


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